Por Grupo 2 – B
Solange Djeredjian, Federico Ares y Jonathan Lewenhaupt.
De notas al pie, bibliografía intratextual y extratextual; distintos caminos de lectura, toma de decisiones; inmersión, save options, referencialidad, imágenes, multimedialidad; categorías de autor, lector y lectoautor en la era de los impresos informáticos.

El Pasado: Lo impreso
A continuación, presentamos una serie de ejemplos que pueden encontrarse explorando polvorientas (y no tanto) bibliotecas, o buscando puntos de conexión y pasaje de la literatura y escritura tradicionales, de la era impresa, a la literatura y escritura digitales, modernas. El objetivo es demostrar que lo hipertextual existe desde mucho antes que llegaran internet y los ordenadores.
Las notas
Uno de los usos más frecuentes del hipertexto en el mundo impreso lo constituye la institución de la nota al pie, que dirige al lector hacia acotaciones relativas al texto que lee situadas en la parte inferior de la hoja. Estas acotaciones, por su naturaleza complementaria, pueden quedar descolgadas o fuera de lugar en el cuerpo principal del texto, y es por eso que hallan su espacio de existencia en los márgenes del mismo. La coincidencia numeraria, sígnica y/o asterisca nos permite identificar la nota pertinente y relacionarla con aquella porción del texto principal a la que hace referencia.
Una clase diferente de enlazado está conformada por las citas bibliográficas. Éstas son anotaciones que remiten a otras obras, lógica y necesariamente anteriores, que dejan su marca en la actual. Estas marcas pueden tomar la forma de cita textual, entrecomillada, en el cuerpo principal del texto; cita indirecta con su correspondiente nota al pie, que contiene información editorial de la obra citada; o apartado bibliográfico al final del documento en cuestión, donde aparecen todos los datos editoriales de las obras que fueron consultadas y/o relacionadas a la hora de escribir el texto primario o actual.
El orden de la lectura
El orden de la lectura, que es lineal, de adelante hacia atrás y de arriba abajo, puede ser violentado expresamente por el autor. Un ejemplo típico de ello es Rayuela, de Julio Cortázar. Este libro (o más bien su autor) nos propone dos maneras posibles de leer el texto que contiene:
1°. Es posible leer el libro como se leen los libros normales. En este caso, la regla es comenzar por el capítulo 1 y acabar “en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue.” (1)
2°. Cortázar parece decirnos: ¿Qué tal si en vez de la monotonía lineal nos aventuramos a empezar la novela por el capítulo 73 y vamos saltando de un capítulo a otro, según nos vaya indicando el paréntesis que aparece al final de cada uno de ellos? Como recordatorio, nos proporciona un tablero de dirección, con los capítulos alineados en el nuevo orden de lectura propuesto.
Cortázar nos marca un camino, sin duda. La libertad del lector para crear su propio hipertexto queda, así, acotada a una sola posibilidad preexistente. Pero, al mismo tiempo, ese desordenamiento de la lectura lleva implícita en sí otra libertad: la que cada uno tiene para trazar su propio camino de saltos pulguísticos a través del texto de la Rayuela, sin que haya la necesidad de respetar el camino trazado de antemano por el autor. Podemos, así, ver a Rayuela como un tipo de red hipertextual. Cerrada sobre sí misma, sí, pero red hipertextual al fin.
La analogía de red de hipertexto es aplicable, también, a cualquier libro de lectura lineal. Podemos abrir el libro en cualquier página, e ir leyendo fragmentos distintos cada vez. Esto no nos garantiza la comprensión total de la obra, pero es una experiencia de lectura diferente, no planeada por su autor (2).
La toma de decisiones
Otro de los ejemplos de hipertextualidad impresa en la literatura podemos encontrarlo en la serie Elige tu propia aventura. Se trata de una colección de libros en primera persona, donde el lector es el protagonista principal de la historia. Al final del primer capítulo, que sienta las bases de la acción que transcurrirá después, se plantean dos o tres alternativas, cada una de las cuales tipifica una toma de decisión diferente, a cuyas consecuencias deberemos atenernos conforme avance el relato. Si la primera decisión que tomamos no nos conduce a un precipitado final, al pie del siguiente capítulo encontraremos un nuevo conjunto de elecciones disyuntivas. El ciclo se repetirá al final de cada capítulo, excepto en aquellos que contengan la palabra “Fin”.
Llegado un punto, cerraremos la historia con un final feliz o infeliz... pero no definitivo. Podremos volver atrás, uno, dos o la cantidad necesaria de capítulos, y tomaremos decisiones diferentes que nos proveerán de consecuencias diferentes. Incluso, tendremos la posibilidad de empezar desde cero una y otra vez, a fin de recorrer todas las ramificaciones del árbol que nos plantea la historia. Es una invitación a jugar, en cierto punto equiparable a lo que sucede con los videojuegos en primera persona, ésos que nos permiten sumergirnos de lleno en la historia (3). Una historia de fantasía, donde tomamos nuestras propias decisiones, pero siempre con el fin último de avanzar lo más que nos sea posible para llegar hasta algún final.
The save option
Desde luego, al poner un señalador en alguna de las páginas del libro y apagar el velador, hacemos prácticamente lo mismo que al apretar el botoncito de Save sesion/game en nuestro videojuego favorito. Nos tomamos un descanso de la fantasía, para retomarla en otro momento, exactamente en el punto donde la habíamos dejado.
La multimedialidad o hipermedia
Existe una multimedialidad (o hipermedia) muy acotada en el universo impreso. Está constituida por los gráficos, ilustraciones y/o imágenes que acompañan a los textos. Sea que estemos refiriéndonos a un libro como Alicia en el país de las maravillas, sea que nos refiramos a un periódico como Clarín, sea que se trate de un libro de poemas, sea un manual escolar y/o un grueso libraco de biología o una enciclopedia; en todos los casos, y en mayor o menos medida, podemos encontrar imágenes que se integran con, y son enlazadas, referenciadas o evocadas por, el texto. Direccionantes como Ver Fig. 10, Ver infografía, (Foto 1), etc., nos remiten necesariamente a buscar el elemento gráfico en cuestión, creando un hipervínculo entre el nodo texto y el nodo imagen.

El Presente: lo digital
En la era de los ordenadores y las redes, la forma de organizar la información exige la automatización del acceso a los documentos. De esta forma, miles de millones de nodos se relacionan entre sí a través de los enlaces.
El linking
El principal recurso hipertextual en el cyberespacio está conformado por el linking. Al acceder a un documento alojado en internet, podemos encontrar enlaces –por lo general, una palabra o porción de texto resaltado en azul y subrayado– que pueden conducirnos a otra parte del mismo documento, o a otro documento dentro del mismo sitio, y también hacia otros documentos y sitios diferentes del original. Se presupone que esos enlaces llevan de un nodo hacia otro cuyos documentos están relacionados con el tópico mencionado en el documento primario, aunque no siempre es así.
Lo multimedia
Los enlaces son, por el fenómeno del linking, la nueva bibliografía de la era moderna.
Otra de las posibilidades que presenta la llamada escritura hipertextual es la de transformarse en una escritura multimedia. Esto sucede cuando los enlaces no son otra cosa que citas bibliográficas multimediales: en lugar de llevarnos a otro nodo, al hacer click sobre ellos reproducen un fragmento de música, o muestran una imagen, o emiten un video, o descargan un archivo al ordenador del usuario. En este último caso, la mayor parte de las veces, el usuario debe aprobar la descarga.
La navegación anárquica del hipertexto
El hipertexto propone la lectura lateral e indefinida. Esto significa que el usuario-lector se introduce en la gran trama hipertextual a través de un nodo, y a partir de ese momento es libre de desplazarse por los textos de la red de acuerdo a sus deseos e intereses. Ciertamente, existen limitaciones impuestas por el autor, como ser la cantidad de enlaces disponibles para visitar que se introducen en un texto determinado. Pero, en esencia, es el usuario quien toma o no la decisión de clickear sobre cada uno de esos hipervínculos. En consecuencia, es el lector quien decide qué y cuándo leer.
La navegación ordenada del hipertexto
No todas las posibilidades de lectura que hay en internet son anárquicas. El Proyecto Rayuel-O-Matic (4) reproduce punto por punto el modo de funcionamiento que posee la novela Rayuela, de Cortázar, en el libro de papel. Se trata de un universo hipertextual cerrado en sí mismo y de navegación prescripta. Pero que, al mismo tiempo, y tal como sucede en su versión analógica, permite al lector tomarse la libertad de trazar un nuevo itinerario de lectura absolutamente personal.
La escritura comunitaria
Sin embargo, el Rayuel-O-Matic trasciende por otra cuestión, además de la reproducción exacta del funcionamiento de una novela en internet. Y es que su escritura, su reproducción y su concreción son, en suma, comunitarias. No fue Cortázar quien lo creo, y no fue la persona que recopiló cada uno de los capítulos en un índice quien lo creo, no. El Proyecto Rayuel-O-Matic es un ejemplo posible de escritura comunitaria. Diferentes individuos alrededor del mundo sumaron su esfuerzo para escribir la versión digital de Rayuela, reproduciendo, cada uno de ellos, uno o varios capítulos del libro en su página web personal. De esta manera, los 155 nodos necesarios para colgar el texto en la red quedaron enlazados, unificados, en un índice común. Ese índice es el casillero inicial de la Red Rayuela, el punto a partir del cual es posible lanzar el guijarro y empezar a saltar, no ya apoyados en nuestras piernas, sino en el mouse y su simpático click.
Tal vez el campo de la escritura comunitaria sea el que más desarrollo está teniendo en la red, gracias a la tecnología hipertextual. Una de las aplicaciones posibles de esta modalidad es la creación de una enciclopedia universal, cuyo mascarón de proa lo constituye Wikipedia (5). Se trata de una enciclopedia online gratuita a la que cualquiera puede hacer su aporte y que cualquiera puede editar. No hay editor, ni un ejército de correctores y verificadores de datos; en realidad, los empleados full time no existen. En otras palabras, está a años luz de la idea tradicional de lo que es una enciclopedia. Todavía dista de ser una idea perfecta, pero en menos de cuatro años creció al punto de tener más de un millón de entradas escritas en 100 idiomas. Es un recurso de investigación maravilloso, aunque haya que usarlo con precaución, y un ejemplo increíble de lo que se puede lograr mediante la cooperación y la colaboración en Internet (6).
La fiabilidad de las fuentes: el feedback
Por las implicancias mismas del medio, a la hora de validar la confiabilidad de una fuente en internet, muchas veces entra en juego la relación que se establece entre autores y lectores. Esta relación suele cimentarse, como sostienen Burbules y Callister, no en la autoridad, sino en la confianza. Y la confianza es generada por el feedback que la escritura hipertextual genera entre autores y lectores. La posibilidad que nos da el autor de un documento hipertextual (por ejemplo, un weblog), de realizar comentarios sobre lo que ha escrito, o ponernos en contacto con él mediante un sencillo formulario, y la casi inmediata respuesta que eso genera; la posibilidad de intercambiar puntos de vista en los weblogs, wikis, foros, en las listas o grupos de discusión, etc., etc., van creando una familiaridad, muchas veces más afectiva que racional, que lleva al lector a confiar en lo que sostiene determinado autor, de manera similar a lo que sucede con los autores reconocidos de la era impresa. La autoridad, finalmente, se termina basando en una relación, no de merecimientos intelectuales, sino de confianza afectiva (7).
La escritura en tiempo real
Pero lo que distingue sobremanera a la era de la escritura hipertextual no es ninguna de las características anteriores, sino el hecho de que ella vuelve casi obsoletos a los libros. ¿Por qué? Experimentos como Wikipedia nos demuestran lo anticuados que pueden resultar los conocimientos con el paso del tiempo. En la actualidad, cada vez descubrimos más cosas sobre una cuestión determinada. Pongamos como ejemplo la entrada SIDA en Wikipedia: esta entrada puede ser editada constantemente, porque cada vez se conoce más sobre la enfermedad, cómo actúa, cuántas personas infectadas hay en el mundo, qué tratamientos se van creando y probando, etc., etc. Una enciclopedia tradicional es imposible de modificar, salvo en futuras ediciones. Wikipedia, en cambio, permite que sus entradas sean editadas, prácticamente, en tiempo real. De este modo, Wikipedia es actualizada constantemente en las definiciones que la componen; a veces, con un intervalo de segundos.
El Futuro: lo convergente
¿Qué podemos esperar del futuro? Lo que sigue son solo algunas ideas en las que podría profundizarse a fin de determinar su aplicabilidad. Contamos con la tecnología, pero nos falta el método de implementar los numerosos cambios que ellas implican. No es el objetivo de este resumen comparativo analizar las posibilidades que existen in extenso, sino tan sólo dar un pantallaza al mundo que se abre ante nuestros ojos y en el que, tarde o temprano, deberemos aventurarnos.
La maleabilidad del hipertexto y la rigidez del texto impreso no implican que éstos sean divergentes. Por el contrario, tesis y antitesis conducen a la síntesis. Y la síntesis de la posible intersección entre los dos tipos de soporte textual puede conducir a nuevos desarrollos y posibilidades en el campo de la experiencia autora y lectora.
Algunas ideas pueden resumirse así:
– Será posible reeditar obras impresas que posean notas al pie, o citas bibliográficas añadidas especialmente para la edición, donde se provean URL's para consultar derivaciones, o acotaciones al texto base, directamente en el ordenador. El hipertexto puede comenzar en el papel y trasladarse a la pantalla, para complementar la información que nos provee la obra impresa.
– Asimismo, será posible una experiencia de lectoautoría. El lector tendría la posibilidad de reescribir el final de una historia, para adecuarlo a sus expectativas si el final oficial no lo convence. Esto implicaría adoptar, si ponemos como ejemplo El Quijote, que el lectoautor deberá reescribir el texto utilizando el lenguaje cervantino, con su estilo particular.
– Se populizarán las tramas abiertas de la novela experimental. Entraremos a una historia en un punto cualquiera, sin necesidad de hallar aclaraciones sobre el pasado de un personaje, o sin causas y consecuencias definidas para las acciones narradas. En este sentido, la idea sería espiar lo que contiene el texto de la novela, para desligarnos luego de ella y volver a la rutina lineal. Al fin y al cabo, un hipertexto es eso: inmersión, desde un punto cualquiera, en un mar de nodos, y salida de él en otro punto cualquiera. Trasladando ese paralelo a la novela, tenemos la trama abierta, sin principio ni final.
– Por último, la pregunta principal que flota en el ambiente es: ¿Será posible una Enciclopedia del Todo? Un hipertexto infinito, donde cada dato halle su complemento en otros, de manera que todas las entradas de la enciclopedia acaben enlazadas entre sí. Una explicación completa –y, paradójicamente inacabada– del mundo, condensada en un solo texto. Así, cuando busquemos El Quijote en esa enciclopedia, no sólo hallaremos la ficha bibliográfica de la obra y el texto en sí, sino que también podremos disponer de información sobre Cervantes, sobre su época, sobre el idioma empleado en la escritura del libro, sobre las diferentes ediciones que hubo a lo largo de 400 años; hechos relevantes de la época y sus protagonistas, biografías de esos otros personajes importantes, estado y nivel de los conocimientos en ese entonces, paralelos con los estudios que se realizan sobre El Quijote en nuestros días; moda, arquitectura, alimentación, etc., etc.; y que esas ramificaciones de datos posean, a su vez, otras, que vayan conectando todos y cada uno de los conocimientos existentes, hasta que podamos darnos cuenta de que la historia de la evolución de los conocimientos, los adelantos tecnológicos y las ideas, no es otra cosa que la historia y la documentación de la vida de ese gran cerebro llamado Humanidad.
(1) Cortázar, Julio, “Rayuela”, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2001.
(2) Burbules, Nicholas C. y Callister, Thomas A., “Educación: riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información”, Buenos Aires, Granica, 2001.
(3) Darley, Andrew, “Cultura visual digital”, Barcelona, Paidós, 2002.
(4) http://espanol.geocities.com/rayuel_o_matic
(5) http://es.wikipedia.org/wiki/Portada
(6) http://old.clarin.com/diario/2004/11/09/conexiones/t-865250.htm
(7) Nunberg, Geoffrey, “El futuro del libro”, Barcelona, Paidós, 1998.
* Vouillamoz, Núria, “Literatura e hipermedia”, Barcelona, Paidós, 2000.
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Fuente de la foto: Placebo.
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Estamos preparando en Rosario un taller en comunicación comunitaria, con adolescentes de organizaciones sociales y de base, que concluye con el armado de una pagina web (probablemente un weblog). Este trabajo de ustedes sintetiza, claramente, muy petinentes reflexiones acerca de la escritura hipertextual. Como nos interesaría incluirlo en la cartilla con que trajaremos, queríamos saber si nos autorizan para hacerlo, si no hay inconvenientes.
Publicado por: florencia a Abril 23, 2006 10:13 PM
