Reproduzco un artículo escrito para La Nación por Tomás Abraham. Me pareció un enfoque distinto a los que trabajamos en clase y bien interesante sobre la de la Matanza de Carmen de Patagones.
Aprovecho para linkear el artículo de la revista nueva que, (como diría el nano), viene a complementar ese posteo comentado y posterior debate en clase sobre qué hay de virtual en lo real qué de virtual en lo real.
Por último un pequeño link (si es que le cabe las medidas a este concepto), para saber un poco mas de los wikis y sus usos. Aprovecho para repetirles que el proyecto de crear un wiki quedo suspendido hasta el próximo cuatrimestre por el viaje de Ariel. De todas manera quedan todos invitados para trabajar en ese proyecto en calidad de ex alumnos, alumnos con final pendiente o simplemente sujetos interesados en wikis.
Fuente de la foto: http://food4eyes.esoul.it
La violencia y la escuela
Carmen de Patagones
Por Tomás Abraham
Para LA NACION
LO que ha sucedido en la escuela de Carmen de Patagones no puede ser
calificado de crimen, y menos de barbarie. La declaración del Ministerio
de Educación -que ha impartido la orden de su lectura y comentario en las
escuelas- habla de asesinato, de irracionalidad y, sobre todo, habla de su
apuro por estar presente en los medios. Lo que ha sucedido pudo haber
ocurrido en un shopping o en la calle. Pero parece no importar tanto lo
sucedido. Lo que sí es fundamental es que sigamos hablando de lo que nos
gusta hablar: de nosotros mismos. Sociedad hipernarcisista que nunca deja
de hablar de sí, que todo lo relaciona consigo misma, que cree cumplir una
misión pastoral beatífica cada semana. Porque hoy es Carmen de Patagones,
ayer Blumberg, mañana será en una cancha de fútbol, y todo servirá para
volver a interrogarnos sobre qué nos pasa a los argentinos. Nos pasa que
estamos enfermos de una enfermedad educativa.
Existe un problema educativo en la Argentina, y no es el de los chicos, ni
el de los que estudiaron poco, sino el de los que están bien
alfabetizados: de los señores periodistas, de los cronistas, los funcionarios de
ministerios, los intelectuales, los políticos. Es la enfermedad de los que
no quieren quedar afuera de la noticia, de los que inventan jornadas de
solidaridad haciendo uso de los chicos para proteger posiciones políticas,
de los que se regodean en el dolor ajeno revestidos de indignación; es la
búsqueda de la primicia de sangre y de la imagen sádica, la del micrófono
usado como arma y de la pérdida del mínimo respeto por el dolor del otro.
¿Si esto pasa sólo aquí? ¿ Si es un fenómeno mundial? Nada acontece sólo
aquí y nada pasa por igual en todo el mundo. Sucede en lugares en que el
pudor no vale nada y en que el oportunismo del poder económico y político
valen todo.
Nos alimentamos de nuestras propias secreciones. El hecho tiene poco peso ante lo que se dice después. La opinión pública no es lo que dice ni
siente la gente. Es una megaproducción diaria. En la Argentina no sólo vivimos en
una sociedad del espectáculo. Producimos un delirio interpretativo que
impide pensar. Los jefes de la educación repudian aquello que llaman
barbarie como si se tratara de un acto terrorista. Lo que sucedió en Carmen
de Patagones no es lo mismo que los horrores de Rusia e Irak. Condenan el
asesinato como si alguien lo festejara. En nombre de la tolerancia tratan
de bárbaro y criminal al desvarío de un chico de quince años. Ni siquiera
parecen darse cuenta de lo que dicen. Eso es vivir de las propias
secreciones. Se usan palabras muy políticamente correctas aunque
lamentables, y después se cree en ellas.
El delirio interpretativo exige buscar una explicación para todo. La cadena
de argumentos no tiene fin, por eso se busca una respuesta total y
definitiva. A quien resuelva el enigma de la violencia en la Argentina, le
dan la llave maestra. Pero no se puede explicar todo porque no hay un
todo. Las sociedades no son bloques compactos, por el contrario, se organizan y
desorganizan en tabiques separados.
Nuestra sociedad es sumamente pacífica, y tiene focos de violencia
diferenciada. Llamo violencia a la racionalidad aplicada a provocar
sufrimiento y destruir la vida. Por eso, vincular irracionalidad y
violencia es falso. No sería fácil encontrar otras regiones del mundo en las que
después de lo que sucedió en nuestro país, la reacción masiva no vaya mucho
más allá de dificultades de tránsito. Confiscar ahorros, echar a la calle a
millones de personas, hacer de la mentira un orden establecido, provocar
el descreimiento generalizado, puede acarrear consecuencias bastante más
graves que las que hemos visto aquí hasta ahora.
Las sociedades son entes quebrados. Las recorren esquizofrenias de
televisor y ver horrores. Estamos en casa, a salvo, podemos ejercer las emociones del espectador griego frente a los dramas antiguos: miedo y
compasión. La diferencia reside en que ellos iban al teatro y la distancia
que sentían y activaban se debía a que estaban frente a actores. Nosotros
estamos ante periodistas que dicen entregarnos la verdad, y frente al
sitio del acontecimiento.
El juego actoral de ayer es la pantalla de hoy, nuestra nueva escena.
Hay una forma de violencia en la Argentina que una vez que entra está para
quedarse. Lo hemos llamado Plan Traficar. Se expande como un cáncer y
ataca a los niños. Los usan como "mulas" de traslado. Produce la drogadicción en
los menores. De la cocaína rebajada al crack. En nuestro país siempre hemos
actuado con extrema ignorancia respecto de este tema. Lo incorporamos a los prejuicios puritanos de nuestra tradición. Psiquiatras, moralistas y
pseudoespecialistas a sueldo de siniestros personajes hicieron de la
adolescencia y la juventud un grupo de riesgo y sospecha.
Los secuestros constituyen otra forma de violencia, son redes de delincuencia criminal que penetró los aparatos de Estado. Toda violencia
se organiza, se piensa y se paga. Lo que sucedió en Carmen de Patagones es
otra cosa. No queremos a ceptar que lo sucedido en el sur pudo no haber sucedido jamás.
Fue terrible lo del sur. Pero ha sido un accidente. Una locura. Algo
imprevisible. Un dolor sin remedio. La batahola que se ha armado muestra
la necesidad del negocio económico y político. Es una noticia que rinde, pero es una inversión de corto plazo, no más de dos semanas. Los intereses
devengados por el dolor mediático no pueden cobrarse durante mucho tiempo,
no conviene. Hay que hacerle lugar a otro dolor, y, por supuesto, a un nuevo placer.
Hace tiempo que no vivimos de otra cosa. Es nuestro circo, a falta de pan,
de auténtico pan. Ahora podemos lanzarnos a hablar de la inimputabilidad
de los menores, opinarán juristas y psiquiatras con ideas de emergencia,
crearemos un lindo ambiente para que Junior piense en suicidarse, nos
haremos al fin una buena fiesta.
¿Me parece a mí o Don Abraham lanzó esta diatriba desde un medio periodístico? Ö_ö
En fin, no importa. Lo que me gustó es eso de que los hechos quedan al margen una vez que son "contados", porque la bola de mierda (con perdón de la expresión) que se arma después los eclipsa.
Y eso de que "es una noticia que rinde, pero es una inversión de corto plazo, no más de dos semanas"... no es ninguna novedad, vamos. Viene sucediendo desde que esta bendita sociedad tiene a la televisión como eje supremo del acceso a la información.
De hecho, ya sabemos que este comentario mío será olvidado dentro de dos semanas. ;)

