
Vivir fantasías, trasladarse a un mundo ficticio, jugar a ser otros, a que vivimos en otro mundo, son experiencias que responden a un deseo ancestral de protagonizar una ficción, generan placer en si mismas, y esto más allá del medio a partir del cual accedamos a ellas y del contenido de las fantasías. Esta experiencia, que Murray denomina “inmersión”, es la que atravesamos todos alguna vez cuando miramos una película, cuando leímos un libro, cuando nos contaron un cuento, cuando jugamos a “la oficina”de chicos, la misma que nos posibilita hoy la realidad virtual en las computadoras. Pero la autora va un poco más lejos y dice que los medios digitales significan “un medio participativo de inmersión que promete satisfacer este deseo de un modo más completo de lo que ha sido posible hasta ahora”, pues nos llevan a un lugar donde podemos representar nuestras propias fantasías.
Vivir fantasías, trasladarse a un mundo ficticio, jugar a ser otros, a que vivimos en otro mundo, son experiencias que responden a un deseo ancestral de protagonizar una ficción, generan placer en si mismas, y esto más allá del medio a partir del cual accedamos a ellas y del contenido de las fantasías. Esta experiencia, que Murray denomina “inmersión”, es la que atravesamos todos alguna vez cuando miramos una película, cuando leímos un libro, cuando nos contaron un cuento, cuando jugamos a “la oficina”de chicos, la misma que nos posibilita hoy la realidad virtual en las computadoras. Pero la autora va un poco más lejos y dice que los medios digitales significan “un medio participativo de inmersión que promete satisfacer este deseo de un modo más completo de lo que ha sido posible hasta ahora”, pues nos llevan a un lugar donde podemos representar nuestras propias fantasías.
Un joven de unos veinticinco años, de pelo largo y barba de algunos días, escucha la radio sentado en la cabina de un camión, mira hacia delante la ruta sin autos y sin baches, y responde sin pensar al camionero. Es de mañana y está nublado (Alejandro)
Un adolescente de diecisiete años apoya la cabeza en el vidrio de un colectivo mientras mira fijo los campos al costado de la ruta. Es una tarde soleada.( Mariana)
“Y lo mejor que me pudo pasar en el viaje
fue mi mirar el paisaje y seguir,
fue mirar el paisaje y seguir...”
(Los piojos, Vine hasta aquí)
Podemos experimentar nuestro trance de inmersión de mil modos diferentes, según el medio que elijamos o el juego al que juguemos. Pero dudamos que sea en los medios digitales donde la experiencia de inmersión se realice en su forma más completa. La capacidad de imaginar, de crear originalmente mundos nuevos esta limitada en un medio digital a las posibilidades programadas y previstas por los creadores de los sistemas. Bien lo explica Murray cuando nos aclara que “el usuario no es el autor de la narrativa digital”, sino que sólo moldea materiales atractivos preexistentes. La posibilidad de compartir la autoría del texto escrito o hablado al que nos enfrentamos puede ser un modo de inmersión más intenso que el que suponen los textos digitales. Suficientes convenciones sociales coartan y reprimen ya nuestra imaginación...
Alejandro Linares, Mariana Ceriani
Fuente de foto: www.food4eyes.esoul.it
¿Y cómo compartir la autoría del texto en el que nos sumergimos y con el que interactuamos?
Publicado por: JEL a Octubre 13, 2004 10:29 AMEn los juegos virtuales de los que habla Murray no se puede compartir la autoria, son formas preexistentes!!!

