En este pequeño fragmento intento expresar una posición con respecto a la cuestión de la difusión total de los conocimientos. Y como es mi costumbre últimamente, dejo abierto otro interrogante que tal vez sirva para continuar con un debate que nunca se agota.
¿ Qué consecuencias tendría la apertura y difusión total de los conocimientos existentes?
En primer lugar, planteado así, el hecho de pensar “todos” los conocimientos diseminados por el mundo me parece una utopía a pesar de la infraestructura comunicacional con la que contamos hoy. Va más allá de eso, me refiero a que existen conocimientos que son particulares y no es necesario que sean difundidos, ya que no modificarían el curso de nuestra historia.
Sin embargo, existen ciertos conocimientos, en diferentes campos, que pueden llegar a afectar la vida e historia del hombre. Esos son los conocimientos a los que me refiero.
Si bien es imposible clasificar entre todos los conocimientos disponibles en el mundo, cuáles de ellos son decisivos para la humanidad, existen algunos que conocemos en parte y pueden considerarse fundamentales, especialmente para el futuro.
El tipo de conocimiento, que a mi parecer podría y debería ser difundido es aquel que corre peligro real de desaparecer: lenguajes, culturas, documentos históricos que si bien podrían modificar nuestra historia, no serían “peligrosos” para la humanidad.
Cuando escribo esto, se me aparece en la memoria el dilema ético de la clonación, y pienso cómo algo que podría salvar la vida de tantas personas, a través de la reproducción de órganos, también, usado en forma incorrecta y por personas no indicadas, podría servir para concretar los ideales nazis.
Si bien es un ejemplo un poco duro, a esto me refiero cuando sostengo que no toda la información debe ser difundida, y de hacerse, solo debe ser transmitida a personas capacitadas tanto intelectual como moral y éticamente.
Justamente aquí reside el problema mayor, ¿quién determina que una persona es apta para portar conocimientos de esta magnitud?
María Varela

