Suelo escribir poemas incompletos. Me arrebatan destellos de lucidez en donde podría escribir un verso, por lo menos, aceptable. Pero entre la primera palabra escrita y la segunda ocurren innumerables sucesos que me distancian del fin premeditado. Al primer esbozo “lo negro de tus ojos”, concurren a mi pensamiento un sin número de vaguedades que me descarrilan de un camino apenas comenzado. Se me ocurre que podría proponerse que los lectores todos deberíamos de contentarnos con simples frases y festejarlas. ¡Ah! “ lo negro de tus ojos”, ¿No es profundo?
¿Que hace el poeta? Ahonda, describe, detalla. Lo negro es negro, ¿Como qué? ¡Como la noche! ¡Como la penumbra! Como la vida que llevo sin amor, ¡Sin tu amor!
Imaginemos que la descripción fuera innecesaria, que una simple frase fuera arte. Que trabajo sencillo para el escritor ¿Verdad? Cualquiera podría hacerlo pero ¿Quien podría leer? ¿Cuantos de nosotros estaríamos capacitados e interesados en ocuparnos a dilucidar conceptos profundos encerrados en frases pequeñas? Para escribir de tal manera sería necesario un acuerdo con los lectores. El poeta escribiría sabiendo que solamente con decir, por ejemplo, “Ángel” generará asombrosas expectativas en sus interlocutores y que al leer empeñarán todo su intelecto, su memoria e intertextualidad en descifrar connotaciones de lo más imaginativas. Hemos dicho " Àngel" y encontramos que la palabra, en este contexto no nos regala un sentido demasiado complejo , pero de empeñarnos en darle una significaciòn màs profunda obtendrìamos resultados diferentes.
Hagamos el esfuerzo, piense usted en la mujer más hermosa que haya visto en toda su vida. Cierre los ojos, no se apure. Tómese todo el tiempo del mundo, recuerde. Imagínesela sentada con las manos moradas por el frío sobre su regazo, con el pelo húmedo, con la boca seca, con las pupilas tiritando. Imagínese que usted la presiente desdichada, desolada, triste. Imagínese que se acerca lentamente y se arrodilla frente a ella, le toma las manos, la mira y ella le responde sonriendo con cara de verdad. Es ahí donde usted lo sabe todo, donde ha creído que vale la pena, donde la vida le sienta bien. Es ahí, frente a ella, al mirarla, donde decide que cree en Dios, que ha sido feliz, que de nada se arrepentiría, que nunca más volverá a mentir. Ahora lea bien: “Ángel”.
Convengamos que ha resultado diferente la reacción suya frente a igual palabra. ¿Que ha cambiado? Usted , porque la palabra sigue siendo exactamente la misma. Claro, las cosas funcionan diferentes y la tarea del lector es mucho menos ardua que la del escritor y deberá ser el último el que se encargará de otorgar significaciones a las frases.
Sin embargo, debemos saber que la lectura es un ejercicio que no debe pasar desapercibido y que es tanto o más importante que cualquier otra actividad artística que desarrollemos. Algunos cometemos el error de leer creyendo que nos servirá en un futuro en conocimientos o alternativa. Pero la verdad es que la lectura es un momento de inspiración, debe de serlo. De la misma forma en que nos estalla el pecho ante la necesidad de escribir un verso debe ocurrir cuando leemos. No nos sorprendamos ante el que se jacta de haber leído Rayuela de corrido en una noche. Admiremos, si cabe la posibilidad, a aquel amigo que nos presta un libro con los márgenes inundados de observaciones. Leamos como si pintáramos. Recorramos palabra por palabra y reflexionemos. Prometámonos recordar aquello que leemos, un buen libro debe ser siempre recordado y uno malo ¡También! Leer no es lo mismo que mirar una película, la pasividad es una postura inadecuada para leer cualquier libro. Seamos críticos y reflexivos. Convirtámonos en protagonistas de los cuentos, dolamos con las dolencias de un desenamorado en el capítulo seis, besemos a la rubia de falda corta que se marcha siempre a las diez, arriesguemos un final antes de llegar a la última página, acordemos con el autor o refutemos con sinceros y válidos argumentos.
Sintámonos orgullosos cuando logramos encontrarle sentido a las palabras de un libro. Prodiguémonos una enorme satisfacción, una sonrisa que nos inunde la cara cuando cerramos un Artificios, un Lobo Estepario, un Libro del Fantasma sabiendo que hemos sacado el máximo provecho de sus líneas y que ha valido la pena el esfuerzo.
Mariano, de la calle Azcuénaga, posee la colección completa de los libros para Lectores Dedicados. El y sus amigos se reunían en la habitación de su sobrina menor para leer los ejemplares de aquella biblioteca. Uno de ellos leía en voz alta, lentamente, muy lentamente. Luego guardaban un largo silencio y se marchaban, cabizbajos, pensantes, sin siquiera saludarse. Tuve la oportunidad de asistir a uno de dichos encuentros. Mariano leyó “Un hombre se anudó la corbata. Luego, miró por la ventana”. Cerró el libro. Se fueron, yo me fui.
Otra tarde, la misma situación, se dijo “Abrió la ventana”.
Pasé largas horas incomodo intentando comprender. No llegué a ninguna conclusión sensata por lo que decidí ir hasta el departamento de la calle Azcuénaga. Mariano no se encontraba pero su madre me permitió pasar. Llegué hasta la habitación, no soporté la tentación y tomé aquel libro de la biblioteca. Era un libro muy delgado, lo abrí y me sorprendió ver que sólo tenía tres hojas. En cada una de ellas las frases que habían sido leídas en las reuniones. La última de las hojas decía “Cerró la ventana. Fin”.
Los creí locos pero la curiosidad me llevó a continuar asistiendo a las reuniones. Estas proseguían de la misma manera, repitiéndose el ritual una y otra vez.
Luego de haber oído las lecturas durante tres meses decidí que aquella oportunidad sería la última y concurrí con cierta indignación. Pero fue diferente.
Se me congratuló por mi asistencia perfecta y me agraciaron con palmadas en la espalda. Todos acordaron que era el momento de darme por enterado y uno de ellos, Esteban, el hermano menor de Mariano, me preguntó que cosas creía yo que habrían de haberle ocurrido a aquel hombre que abrió y cerró la ventana. Yo me eché a reír pero noté que nadie reía conmigo. Se hizo un gran silencio y todos me miraron aguardando algún tipo de respuesta. Entonces dije que seguramente el hombre esperaba a alguien y que al ver que ese alguien no llegaba cerró la ventana. Todos cambiaron sus miradas expectantes por miradas gozosas. Uno de ellos acordó conmigo, “¡Claro! Seguro era la mujer que amaba”. Así es repliqué, se podría creer que ella lo abandonó una mañana de Abril sin motivos, sin explicaciones, simplemente se fue. “¡Por supuesto!”, afirmó Cristian, otro de los integrantes, “Era justamente en aquel momento donde la recordaba ya que era ella quien le anudaba la corbata antes de que partiera hacia... “. “ ...Hacia la oficina donde todos los días hacía la contaduría de una importante empresa y se cansaba entre números y calculadoras, pensando que todos los días son iguales, que ayer hoy y mañana dan lo mismo, que ojalá le pasara algo extraordinario...” Agregó otro, desde el fondo. Y así continuamos hasta altas horas de la madrugada.
Al despedirnos Mariano me estrechó fuertemente la mano y me dijo “Fue muy ocurrente de tu parte aquello de que lo asesinaran antes de decir la verdad. Creo que nadie se lo esperaba. Espero que el libro te haya gustado ¡Bienvenido al Club de los Lectores Dedicados!”.
Jorge Choren
P.D. Profesor, no me olvidè de lo que tenìa que hacer para esta semana con respecto a el aprendizaje sin lectura. Resulta que vine acà con intenciones de encontrar algo acerca de Borges y de como escribìa o leìa siendo ciego, y despuès de haberme paseado por los buscadores durante una hora en vano, decidì buscar algo acerca de los Incas, que segùn me contaron se transmitian las costumbres en forma oral para ke no se perdieran, y ahì me pase otra hora buscando sin resultados positivos. Por lo que he decidido darme por derrotado, por lo menos esta semana, y le pido a algun compañero que si tiene alguna idea o algo me avise.
Por otro lado transcribi un cuento que es bastante humilde, pero que cuando leì lo de Olson (si no me equivoco es ese el autor) creì que era oportuno relacionarlo.
Bueno nada màs por ahora, Muchas Gracias.
Muy interesante el posteo!!!Concuerdo con esto de la lectura inspirada, uanque parezca un poco viejo, y sólo hablo de mi caso, internet y la lectura en la pantalla me complican bastante este tipo de lectura, que a veces puede ser fascinante, y otras torturante.No todo el mundo puede ser escritor justamente porque son unos pocos quienes con un par de palabrillas (aun sin adjetivos) nos muestran un paisaje, un estado de ánimo o una accion completa, y quienes leemos llegamos a veces a verlo todo tan claro y desde tan adentro que resulta increible lo logrado por tan pocas palabras..."Piel y hueso camina macario...", comienza una novela de Roa Bastos y con eso me alcanzo para ver nitido al personaje,,,,
"nariz de hacha" dice Borges y ya la vemos. Seguro que leer puede ser tambien una buena aventura,,,saludos

