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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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Retòrica
20.09.2004

El poder de elocuencia distingue a los grandes hombres. Para aquellos que dominan el arte de la Retórica la verdad deja de ser una incesante búsqueda convirtiéndose en una consecuencia pocas veces presente en sus discursos. ¿Cuantas veces hemos oído una mentira tan bien dicha que creímos en ella tan solo por someternos al convencimiento de un exquisito orador que con las palabras más acertadas nos envuelve sin que presentemos objeción alguna? La verdad es relativa en cuanto nos proponemos en creer. ¡Que importa que la mujer deseada no nos ame siempre y cuando procure mentirnos ocasionalmente para mantener viva la ilusión!

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En esto creía Alejandro Gorgias, miembro de los “Nuevos Oradores Áticos”, un grupo de diez especialistas en Retórica y todo aquello que tuviera que ver con las artes del convencimiento. Ellos eran intelectuales, hombres de ciencia y artistas.
Con más de 300 años de antigüedad, para pertenecerle no sólo hay que ser elegido, sino también superar ciertas pruebas de suma dificultad y esperar una vacante procurada por la oportuna muerte de alguno de sus miembros.
Sus conocimientos eran reservados en un banco de archivos del cual no se conoce la ubicación exacta. Investigadores han intentado la búsqueda aún estando desalentados por la noticia de que aquellos libros fueron escritos bajo el paradigma de un alfabeto únicamente conocido por sus creadores y posteriores herederos. Para nunca ser descifrado, la sola manera de transmitir su enseñanza es a través del habla. De la misma manera promovían la conversación como mejor método para incentivar la memoria y el intelecto. Los libros eran para ellos solamente una herramienta útil en casos de soledad y de preparación para los momentos en donde se engendraba el verdadero saber: “El Foro de los Oradores”. Allí se generaban las más arduas discusiones en torno a dilemas existenciales y metafísicos, llegando generalmente a conclusiones que tan solo un intelecto prodigioso podría llegar a comprender.
Alejandro Gorgias era extraordinariamente locuaz y podía lograr que cualquiera creyera en cualquier cosa, aunque esta fuera una mentira.
Llegó a obstinarse de tal manera que a la larga tan sólo decía mentiras. Creía que hacer creer a alguien una verdad era una tarea sencilla, pero convencer acerca de una mentira se convertía en una tarea más ardua y desafiante. Así fue como durante sus conferencias convencía a grandes multitudes de enormes y crueles falsedades.
Fue expulsado del grupo pero esto no le importó, es más, aseguraba que de haberlo querido, podría haberlos convencido de que lo retuvieran.
Llegó a persuadirse de que nadie en el mundo podría resistirse a sus mentiras.
Sin embargo, una noche de Mayo, luego de orar ante una muchedumbre de más de cien personas, una persona levantó la mano para votar en su contra. Lo mismo en noches posteriores, motivada la votación, una mano en el fondo del salón se alzaba para manifestarse en contradicción a sus mentiras.
La noche de su suicidio, finalizada la última de sus oratorias, corrió por los pasillos para alcanzar a aquel único que no pudiera convencer. Pudo verlo de espaldas y se le acercó corriendo. Al girar, logró verle el rostro. Alejandro agachó la cabeza y se marchó, aquella noche se arrojó al río con una piedra atada al pié izquierdo.

La historia oficial dice en realidad que nadie jamás votó en su contra y que logró la unanimidad en todos los casos. Nunca nadie, en ningún salón, levantó la mano para contradecirlo. Pero así se me ha contado y así la transcribo, sin olvidar enunciar las palabras últimas de quien me la develara, convencedor de todo y todos: “Aquel hombre era yo”.

Jorge Choren

Fuente de la imàgen: http://www.rc.net

Publicado por Alumnos15 el Septiembre 20, 2004 10:38 PM | TrackBack
Comentarios

No hay nada que agregar a este texto. Está todo dicho.

Salvo que sólo una persona sabía que el amigo Alejandro mentía: él mismo. O_o

Publicado por: JEL a Septiembre 21, 2004 02:12 PM

La idea es interesante y me parece que esta muy bien escrita. Realmente me intrigo y me obligo a leerlo con mucho interés hasta el final, que me pareció muy sorprendente.

Publicado por: Federico Ares a Septiembre 21, 2004 05:15 PM

Me pareció una historia sumamente sugestiva. Es un cuento que sostiene ciertas verdades como el que no importa si algo es mentira o no, lo que mas vale es la forma en que fue contado. Realmente me encantó haber leído este post.

Publicado por: Sol Djeredjian a Septiembre 21, 2004 10:12 PM

Muy buena la historia en tanto que deja bien en claro la importancia del conocimiento previo que la retórica exigía para poder ser un buen orador y como sólo esos conocimientos hacen posible que la oralidad pueda ser considerada verdadera (tanto como el texto suele dar la idea de que eso escrito es verdadero).

Publicado por: Jaquelina Celis a Septiembre 22, 2004 12:33 AM

Estas mentiras disfrazadas de verdades traen a mi cabeza un tema que nos interesa: ¿cuantas mentiras circularán en la red? Varias veces he leido acerca del conocimiento disponible en internet al cual es muy facil acceder, pero.... ¿existe un buscador de informaciones falsas o verdaderas? ¿creemos en nuestros propios trabajos? ¿que tribunal de la verdad nos autoriza a publicar nuestros textos? de lo que creemos saber, ¿cuanto sera verdad y cuanto mentira? Con esto que digo, ¿trato de convencerlos de algo?

Publicado por: Federico Crowe a Septiembre 22, 2004 02:21 PM
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