A partir del desarrollo de nuevas tecnologías el hombre ha ido adaptando su cuerpo y su mente en función de las mismas. La implementación de nuevos instrumentos, lleva aparejadas importantes modificaciones en el modo de expresarse física y mentalmente. El hombre, al construir nuevas tecnologías, ya sea el lenguaje, la escritura o la electrónica; fue ampliando alguno de sus órganos sensoriales y embotando otros. Los sentidos del cuerpo son seducidos por los dispositivos tecnológicos. Entre cuerpo y tecnología se produce una “erótica” que fascina e hipnotiza la mente.
En el caso de Internet, el sentido visual y táctil predominan anestesiando el olfato y lo auditivo. Mediante nuestra piel nos interconectamos con ese dispositivo tecnológico, extendiendo nuestras facultades sensoriales a un espacio virtual e informatizado que se corporaliza en el dispositivo tecnológico y se hace carne en nuestro cuerpo ahora virtualizado.
Sin embargo el cuerpo al responder a los estímulos electrónicos mediante una sucesión de respuestas, nos niega el tiempo suficiente para reflexionar y ser concientes de nuestras acciones. Nos anula nuestra capacidad crítica y nos modula nuestra imaginación, a través de productos ya editados y procesados.
En contraposición a lo que ocurre con el libro, los medios electrónicos nos leen a nosotros ya que una vez establecido el contacto de nuestro ojo con la pantalla , la mirada de la máquina pasa a ser más poderosa que la nuestra. Quedamos cautivos de la pantalla, que impone la forma en que se mira y como se comprende, sólo reconstruimos mentalmente fragmentos de la información que recibimos, ya que intentar comprender la relación tacto-tecnología objetivamente sería interrumpir ese juego erótico “on-line” que nos tiene atrapados en un presente infinito. Tiempo y espacio han sido reconfigurados, dejamos de pertenecer al espacio físico y al tiempo marcado por el reloj. Esto se puede ver cotidianamente en cualquier cyber café, donde las personas pasan horas chateando, abstraídos del mundo que los rodea, en un estado de hipnosis, totalmente vulnerables frente a la seducción de la pantalla. La propuesta del ciberespacio pretende generar una relación simbiótica entre el cuerpo y la tecnología tan atractiva que en muchos casos produce la adicción de consumirla constantemente.
Si bien nuestra relación con la tecnología se da un ambiente “real” privado, la replanificación sensorial dada por el contacto cuerpo-tecnología, borra los limites entre privado y publico, y nos lleva a una integración colectiva con otros cuerpos y mentes virtuales. ¿Pero... hasta que punto se puede ser conciente de ello? Entramos en la contradicción de dejar de disfrutar ese placer coextensivo que nos producen los impulsos electrónicos o nos ponemos en contacto conscientemente con esa molécula virtual conformada por extensiones sensoriales de individuos que se colectivizan en una realidad virtual.
Esta relación cuerpo tecnología esta cada vez más inmersa en la vida cotidiana de los individuos, siendo inciertos los límites y consecuencias que pueden derivar de este vínculo.
Grupo: Vimaso. Gonzalo Reymúndez, Matias Hessling y Victoria Pueblas.
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