
Por Paloma Mayer, Martín Moya, Pablo Demarco
Ayer iba caminando por Corrientes a la mañana, como siempre, para no mirar la cara de la gente, (que amarga comienza el día) me propuse mirar para arriba: los edificios, sus estructuras. Entre tanto bullicio me detuve en un cartel publicitario que decía “pongámonos de acuerdo para sacar la basura”.
Me acorde de otro, que decía que hagamos entre todos una ciudad más limpia.
Escucho mucha gente, la mayoría, quejarse por la basura: pero ¿quién la tira?
Aquel día seguí caminando, no perdiendo de vista las alturas y tratando de concentrarme en esa pregunta, que no me dejaba de dar vueltas.
Sentí algo sobre mi pie, cuando miro, un señor con espalda de apurado, se alejaba, luego de pretender ( al parecer) que apague su cigarrillo con mi pie, lastima, que me cayó sobre y no bajo él, como para poder pisarlo.
Yo también tuve mi época de fumadora, y cada vez que tiraba una colilla no la llamaba “basura”, pero... ¿qué era?
Decidí seguir mi camino, no podía ponerme a juntar esa colilla ni ninguna otra.
Adelante mío, como a media cuadra, iba caminando un chico, creo que le presté atención, porque me pareció lindo, se detuvo en un quiosco, unos pasos más adelante, compró una botellita de gaseosa, la chapita: al piso. Siguió caminando, parece que tenía sed, porque a las dos cuadras, dejó la botella en el borde de una ventana ¿qué? ¿A la gente que vive en planta baja, le gustan las botellas? ¿Son todos coleccionistas?
Me empezó a costar cada vez más mirar para arriaba, cuanto más pensaba en la basura, más cosas veía. Así llegué a Once y empezaron a acosarme con volantes, mis bolsillos, señoras y señores, tienen una capacidad limitada. Si agarro un volante por negocio, y trato de no tirarlos antes de llegar a un tacho de basura: ¡mis bolsillos explotan!
Ya intenté buscar soluciones para ello: las use para anotar cosas del otro lado, (hasta que se avivaron y las imprimieron también ahí) luego, llegó el invierno e intenté poner cara seria y las manos en los bolsillos, pero ortivarse con un volantero, es empezar el día de mal humor. Así que ahora, lo único que me queda por hacer, es salir con una bolsa extra e ir juntando papeles y aderezos.
Me subí el colectivo y me acordé del subte: ¿es tan mala idea poner un tachito a la salida del colectivo? En el viaje me divierto enrollando el boleto o haciendo un barquito, pero cuando me bajo ya no divierte. Otro papel en el bolsillo. Y tachos ¿dónde? Te podés pasar la mañana buscando uno, y no es precisamente para lo que esta hecha.
Sino me remordiera tanto la conciencia, haría como un amigo que le da a la basura la oportunidad de una cuadra, si no encontró dónde tirarla, chau: al piso.
No sé muy bien por donde empezar a combatir el problema, porque creo que ni si quiera tengo principales perjudicados. Quizás y con mucha razón, son los que la tienen que limpiar, no debe ser un trabajo de lo más agradable.
Por ahí habría menos puestos de trabajo, menos barrenderos, con gente más limpia. ¿Puede llegara perjudicar a esos trabajadores? No me imagino al jefe diciéndoles:
- Mirá te tengo que echar, la gente no tira tanta basura como antes, ¿viste?
Quizás los más afectados seamos nosotros mismos, al descubrir a cada paso lo sucios y asquerosos que somos, lo poco que nos importa los espacios que tenemos. Pero claro, a la hora de una inundación, los principales generadores de basura están a las puteadas porque se les moja la casita ¿no?
De tanta rabia que me había agarrado, llegué a alguna costanera, me encontré con ese “río” que no se sabe porque es tan marrón. Me acordé de la naturaleza: la principal afectada por muchas más cosas además de la basura. ¿Alguien se puso a pensar lo injusto que es al tirar un paquete de papas fritas en el piso, con alguien que no tiene nada que ver, como un animalito? ¿Que ni si quiera sabe lo ricas que son las papas frutas?
A partir de tirar basura, podemos enumerar tantas cosas, hasta llegue al humito que sale de tu auto, una fabrica que ¡oh, sorpresa! no cumple con todos los requisitos que el Estado le pide para poder funcionar, pero como es una empresa con poder y es la única que nos da la luz (por ejemplo), los inspectores hacen la vista gorda y a otra cosa.
A punto de explotar, me acordé del Gobierno de la Ciudad, que estaba haciendo tanto esfuerzo en campañas de concientización. Me sentí salvada a la larga, muy a la larga, pero tranquila, (por dos fracciones de segundo). Luego me acordé de la campaña que están haciendo, todos los partidos, para las elecciones de senador. La gran pelea va más allá de los pensamientos distintos que tiene: ellos quieren ser los protagonistas en los medios y también en la vía pública, para ello van sacando los afiches de los otros candidatos y ¿adónde va eso? Al piso, nada de tirarlo en algún lugar que no ensucie. Pongámonos a pensar que si hacen eso en época de elecciones, que supuestamente, están haciendo buena letra para que los votemos, ni nos imaginemos cuando no lo estén y hagan el arreglito con alguna empresa contaminadora, o quemen un bosque entero para hacer una pista de esquí.
Mi viaje terminó, volví a mi casa que había limpiado a la mañana: todo en orden. Es increíble lo “civilizada” (si a no tirar basura se lo llama así, porque no veo que pase en ninguna civilización) que es la gente en mi casa.
Y entonces ¿quién tiene la culpa? ¿Quién tiene que hacer algo?
Les propongo a cada uno de ustedes pensar en uno y en los otros, dejar de tirar basura como primera opción para ser uno poco más ¿buenos? Si le enseñas a tus hijos a no ensuciar la casa ¿les podes enseñara a que no hagan lo mismo a fuera? Si además les enseñas a tratar bien a la gente, respetarla, y defender con garras los derechos que “supuestamente” tenemos: ¿seríamos una civilización? ¿Le tendríamos que decir al gobierno de la ciudad “vas a tener que destinar esa plata a otra cosa, lo lamentamos, somos civilizados ahora”?
Estoy agotada, me voy a poner el despertador para sacar la basura a las ocho de la noche, no como la vecina de enfrente, que no se puso de acuerdo conmigo para hacerlo al mismo horario. La muy turra saca la basura cuando se le canta, y al rato, ya esta toda desparramada ¿y si no me despierto nada? Total, ella no lo hace ¿por qué yo lo voy a tener que hacer? Con ese pensamiento queridos lectores, estamos fritos.

