PROHIBIR LA PROTESTA
La decisión del gobierno K de impedir las protestas callejeras tuvo un retroceso y un avance en los últimos días. A mediados de la semana, y ante la marcha contra Bush que se desarrollaría el viernes, el gobierno se dió cuenta que su expresa decisión de prohibir la protesta era dificultosa de digerir para los "progres" que aún siguen creyendo en la demagogia kirchnerista y a los que necesita para que voten sus candidatos.
En realidad al gobierno le encantaría eliminar a los díscolos que no se someten a su discurso, pero tuvo que dar marcha atrás con lo de prohibir las manifestaciones.
De la diatriba autoritaria de que no dejarían entrar a la plaza de Mayo -como lo habían echo la semana anterior- tuvieron que salir a rectificarse y decir que no el tema era no dejar que se acampara en la Plaza, y que se respetara el itinerario prefijado por el gobierno (una suerte de "protestódromo").
Es que el gobierno tuvo que soportar hasta la crítica de algunos organismos de DDHH oficialistas como el CELS, que amenazó con un recurso de amparo frente a tanto cana apostado y tanta verba represiva. Parece que más de un aliado le habrá dicho a K y a su ministro del Interior que todavía estabamos en "democracia" y que Buenos Aires no es Río Gallegos. Aníbal Fernández tuvo que salir a decir que no prohibirían la manifestación contra el representante del imperialismo.
También hay que decir que más de uno escuchó esto con beneplácito cuando en realidad no puede dejarse de ver con preocupación. Que sea el gobierno el que permita o no manifestarse es un retroceso evidente en las libertades públicas.
Sin embargo, agobiado por las encuestas preelectorales que en la Capital Federal ubican tercero al candidato Bielsa, y en la búsqueda desesperada del voto de derecha, el gobierno decidió avanzar contra la protesta.
Primero empezó a exclamar que el reclamo no era legítimo porque era "político". Para el gobierno y su usina de alcahuetes sólo ellos y la derecha pueden hacer "política", y la única política que se puede hacer es a través de la partidocracia del sistema. Manifestarse contra Bush, si es con organizaciones de desocupados de izquierda, no es una reinvindicación legítima.
El gobierno. si bien no podía prohibir la marcha, tenía que inventar alguna excusa para quedar bien con el imperio y con los votantes tilingos a quienes no les gusta ver las calles llenas de pobres. Entonces se le ocurrió establecer el recorrido. Ahora K es el que ordena por dónde debe ir una manifestación. Nunca en la historia institucional del país un gobierno determinó por dónde debe ir una marcha. Solo el "gobierno de los DDHH" se atribuyó semejante potestad soberana. Para protestar contra K es necesario saber por dónde podemos ir.
Y a K se le ocurrió que la manifestación, para ir a la Plaza de Mayo desde el Congreso, tenía que ir por Avenida Belgrano y luego doblar por Diagonal Sur. El camino más corto y por el que siempre el pueblo argentino se ha movilizado desde el Congreso a Plaza de Mayo que ha sido por Avenida de Mayo. Ahora, está prohibido porque al gobierno de K se le antoja.
El viernes la movilización se encontró con que no podía pasar por donde se había consensuado manifestar por una nueva barrera policial, compuesta por un millar de efectivos, 3 hidrantes, 4 autobombas, 16 carros de asalto, 3 traslados de detenidos, 1 camioneta patrullera, 9 patrulleros, 5 móviles no identificables, 3 colectivos, 1 ómnibus, 1 cuatriciclo, 12 motos del C.P.T., 4 motos de combate (es decir, más de 60 vehículos confirmados y muchos más probables).
La semana que viene hay otra manifestación. ¿Qué hará el gobierno para impedirla? ¿Hasta dónde este gobierno mentiroso avanzará para abolir el derecho de protesta? ¿Hasta dónde el pueblo movilizado permitirá que le digan por dónde debe ir?


