Alejandro Wasserman
Jueves de 9 a 11.
Para este segundo posteo elegí trabajar o reflexionar un poco acerca de un texto que está en la parte uno de la unidad tres. El texto es el de Raffael Simone, “Formas de saber que estamos perdiendo”, y me pareció interesante abordar este texto y no otro, porque mientras realizaba mi trabajo final para la materia (acerca del Counter Strike) leí este capítulo y me llamó la atención. Pero nada tenía que ver con los objetivos de mi trabajo en particular, así que no pude utilizarlo. Por eso, aprovecho esta nueva oportunidad.
El texto, o mejor dicho este capítulo, abre con un interrogante: “Qué le sucederá al cuerpo del texto?”. Allí, en el primer punto el autor hace una distinción, obvia aunque muy interesante, entre el libro como entidad huésped, y el texto que se hospeda dentro de él. La diferencia entre libro, material, y libro como soporte de un texto, de información, de ideas. Esta distinción creo que es evidente, y todos la comprendemos. Sin embargo, es una de esas cosas que para nosotros están naturalizadas que rara vez nos ponemos a pensar en ellas. Todos sabemos diferencias entre estas dos entidades que conviven dentro de los libros, y sin embargo, en nuestra vida cotidiana, un libro es un libro. Y no lo pensamos como dividido. No nos imaginamos a las ideas sueltas por ahí, ni tampoco a los libros vacíos, sin contenidos que hospedar.
El autor, al citar una pregunta que es típica de nuestros días (cuál será el futuro del libro?) dice que es más importante trabajar sobre el contenido del libro que sobre el libro como soporte material.
Acá, en la pregunta acerca del futuro del libro, se me aparece otro autor que vimos en la cátedra. Sí, Numberg abre su texto de una manera similar e invirtiendo la clásica pregunta acerca de si el libro será superado o no por el soporte digital, para preguntarse como influirá esta aparición de la escritura a través de un soporte digital, en las prácticas sociales de lectura y escritura de las personas. Creo que esta inversión de la pregunta es muy útil, y creo es más rico y más posible también investigar cuales son los efectos de internet sobre la escritura y la lectura, que tratar de adivinar qué es lo que pasará con los libros dentro de algunos años. En una opinión personal, creo que los libros seguirán existiendo. O que al menos, faltaría mucho tiempo para que desaparezcan.
Simone hace una distinción importante entre estas dos entidades, y decide trabajar la entidad del contenido. Asimismo, establece una distinción entre dos tipos de textos: el protegido (aquel sobre el cual no se pueden hacer modificaciones) y el desarticulado (el lector accede al texto y puede modificar algo en él; no sólo lee, sino que también puede escribir). Creo, en cuanto a lo trabajado en la materia, que el texto protegido está más vinculado con un soporte como el libro, que una vez que fue terminado, y editado no acepta modificaciones, y que dentro de las convenciones actuales no acepta modificaciones a menos que sean de su autor. Creo, que el libro es una institución “intocable”, imposible de transformar, en nuestra cultura. Piensen en cuando leen un libro. Algunas veces estamos de acuerdo con lo que dice quien escribe; otras veces no. A veces nos parece una buena historia, nos atrapa; otra nos desilusiona. Pero quién se puso a pensar alguna vez en modificarlo? Quién pensó “no me gusta esto, lo voy a cambiar”. En nuestra cultura el libro, o por qué no la obra de arte en general, es propiedad de su autor exclusivamente. Esto, como bien lo vimos en clase, no era así antes de que apareciera la imprenta, ya que era imposible saber que obra era de quien y todo debía ser memorizado. Pero a partir de la imprenta, el libro es propiedad de quien lo escribe.
En cambio, asocio al texto desarticulado con los soportes digitales. Pensemos en internet. En cada página hay foros, que permiten sugerencias, opiniones, etc. Además, y esta es otra de las cuestiones que trabaja Numberg en cuanto a la autoría y la necesidad de una entidad que respalde la palabra de quien escribe, aunque quizás todos sean libres de hacerlo, no cualquiera escribe un libro, y sí (bien sabemos nosotros, cada uno con su weblog) cualquiera puede escribir, gratuitamente en internet. Y acá entra en juego toda otra cuestión que tiene que ver con el hipertexto y la intertextualidad. Vemos que el texto, no se maneja de igual manera en un soporte u otro. Digamos, a nadie se le ocurriría cuestionar un libro, pero sí, en cambio, nadie se enojaría si le hacen un comentario negativo acerca de su blog. Otra cuestión, también ya vista en clase, es que el tipo de escritura no es el mismo en ambos casos. El escritor dedica más tiempo a la redacción, y suele trabajar con un vocabulario mas refinado y técnico que el de una persona que publica algo en su blog.
Pero sigamos con el texto de Simone. En el segundo punto, el autor plantea que lo que yo decía anteriormente, el hecho de que en nuestra sociedad el texto sea algo “cerrado”, es el resultado de procesos históricos y que si bien nosotros observamos esto con naturalidad, esto se dio a causa de una serie de factores. Uno de ellos, es el hecho legal, del autor como entidad jurídica. El autor, una vez que publica su obra, es el único que tiene derechos sobre ella; sólo él puede modificarla. El plagio esta prohibido, y penado. Aquí nuevamente aparece por detrás Numberg con su idea de autoría. Numberg, si bien no se preocupa tanto en términos legales, hace una distinción entre un verdadero autor (en el sentido tradicional) y alguien que publica simplemente. El verdadero autor, es aquel que está respaldado por las instituciones. Ellas legitiman su trabajo; dan cuenta de que él para llegar ahí tuvo que atravesar un camino. Osea, que si sumamos ambas partes (los derechos del autor y las instituciones que lo legitiman) habremos podido distinguir aún más fácilmente que separa a un autor (en el sentido clásico) de alguien que dice algo sobre un tema. Otra convención que sugiere Simone, es que esperamos que el texto sea entregado a nosotros (lectores, ya terminado). Aquí nuevamente, “por qué se me va a ocurrir a mí cambiar el final, si ya tiene un final?”. Puedo no compartirlo, pero no pensaría en cambiarlo, porque ese texto, ya tiene ese final. Nuevamente, aclaro que en el soporte digital, tomemos como ejemplo nuestro trabajo final, el proceso es totalmente distinto y en general se trabaja a medida que se va avanzando (work in progress) y no se publica una historia ya cerrada, terminada, sino que la historia, así como la red, se re-alimenta día a día.
El ultimo presupuesto supone que el texto sea original, es decir, que diga algo nuevo. Aquí entramos en el terreno de la intertextualidad, de que todos los textos hablan de otros textos, pero a la vez construyen otros discursos. Ningún texto puede ser original en su totalidad, porque todos nos movemos constantemente alrededor de textos. Nuestra vida esta organizada en gran parte por ellos. Por eso la originalidad, tiene que ver con pequeños fragmentos que digan cosas nuevas o planteos interesantes, diferentes, etc. Para justificar estos presupuestos, Simone nos habla de la filología, la ciencia de la interpretación. Creo, y considero leer lo mismo entre líneas en el autor, que el recurso de este ciencia de la interpretación es un arma de doble filo: por un lado, permite acercar interpretaciones diferentes, mantenernos cerca de las fuentes primarias (osea, no hacer interpretaciones de interpretaciones de interpretaciones), pero por el otro, restringe el campo, deja de lado algunas interpretaciones para legitimar otras, y cierra el texto. Es esta ciencia, según Simone, la que pone en juego estos presupuestos. Y de la filología nace la hermenéutica, que no hace más que perfeccionar el mecanismo de interpretación. La invención de la hermenéutica, tuvo que ver con la interpretación del texto sagrado. Pero son los autores sagrados?
Nuevamente, en el punto tres el autor nos hace reflexionar que el texto como entidad cerrada, es una construcción histórica, europea, y que aún hoy sigue intentando discutir con algunas ideas y personas que lo ven como una entidad abierta.
Como bien decía antes, los primeros textos, orales, de la antigua Grecia no eran cerrados. Por el contrario, los textos estaban abiertos a cambios, y como no existía aún un soporte de impresión, quienes trabajaban los textos eran los virtuosos de la memoria, y lo más normal era que un texto perteneciera a varios autores y no a uno sólo.
Entonces, un primera hipótesis de Simone, es que es la propia escritura, la que le confiere un carácter cerrado al texto. Y esto es lógico, porque la palabra oral (como vimos en la primera mitad del cuatrimestre) esta siempre abierta, pero la palabra escrita, es cerrada. Esta ahí y permanece ahí. El que habla necesita ser escuchado en el momento que habla. El que escribe, no necesita estar ahí para ser leído.
Simone destaca el cambio del texto en el pasaje de un dispositivo (oral) a otro (escrito). Es lo que dije arriba respecto de los cambios del texto al pasar de un dispositivo material (libro) a un dispositivo virtual (digital; internet). Algo parecido, aunque no solo en cuanto al contenido decía Mc Luhan en sus leyes de los medios, acerca del pasaje de un medio a otro.
Platón hace notar que el texto se estabiliza, y pierda la capacidad de responder a las preguntas del receptor, y es ahí donde se torna cerrado.
Bueno, el texto continúa, pero sería muy largo exponerlo todo. El autor concluye que estamos atravesando una época de cambios, y sugiere que podemos estar retornando hacia el texto desarticulado. Yo, como bien dije antes, comparto esto en cuanto a las tecnologías de escritura digital, porque aún son nuevas, porque son menos personalizadas, porque no pesan las instituciones que legitimen al autor tanto como en otros dispositivos, porque hay más libertad de opinión, y porque el proceso de escritura es diferente, etc. Pero en cuanto al texto dentro del soporte material (libro), soy más escéptico a la idea de texto abierto, y creo que las costumbres y la cultura, la idealización de los escritores, y demás procesos históricos pesan sobre la idea del escritor, y creo que va a ser difícil cambiar estas costumbres, porque ya son cosas innatas en nuestra sociedad. Por último creo que los libros no van a desaparecer, al menos por ahora, porque hoy, todavía, en prácticamente todos los ámbitos de la educación se sigue trabajando con ellos, y porque se hace difícil leer de una computadora. Quizás dentro de muchos años esto cambie, pero sigo pensando que es más interesante trabajar acerca de los cambios de los textos, en su pasaje de un dispositivo material a uno virtual.
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