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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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El paso de laoralidad a la escritura en la buenos aires colonial
24.06.2004

Para poder comprender la base de este trabajo se debe poder pensar en una población porteña sumergida bajo las sombras del analfabetismo casi en su totalidad, lo cual trajo aparejado infinitas consecuencias que seguimos padeciendo en la actualidad.

En la Buenos Aires colonial fue necesario recorrer un largo
camino para que se propusiera como actividad docente la fusión en la enseñanza y
aprendizaje de la “lectoescritura” . A aprender a leer se comenzaba memorizando el abecedario para recién luego enfrentarse a los primeros libros de lectura de
corrido. Entre éstos últimos fueron muy difundidos y utilizados el Catón Cristiano y
Catecismo de la Doctrina Christiana, los catecismos de Astete o de Ripalda, El
Tratado de las Obligaciones del Hombre, textos que venían de la época de la
colonia y se mantuvieron por largo tiempo. Con fuerte contenido moral, estos libros
caros y escasos estaban compuestos por máximas o por una serie de preguntas y
respuestas fijas que debían leerse, generalmente en voz alta, hasta memorizarse.
Durante la Revolución de Mayo circularon Catecismos Patrióticos, los que
manteniendo la forma catequética difundían la propaganda revolucionaria y Mariano
Moreno intentó introducir el Contrato Social de Rousseau como libro de lectura de
corrido. Para Moreno la "gloriosa instalación del gobierno provisorio de Buenos Ayres
ha producido tan feliz revolución de las ideas" que sólo se consolidaría haciendo "palpable a cada ciudadano las ventajas de la constitución, y lo interese en su defensa
como en la de un bien propio y personal". al catecismo se lo recita, se lo
memoriza, colectivamente, "de viva voz". Su mecanismo dialógico reclama memorizar,
no sólo la respuesta correcta, sino además, la pregunta correcta. Y el control de
verificación del cumplimiento de la "ortodoxia" se ritualiza en un contacto cara a cara
entre el iniciador y el iniciado. La escritura obra como mero soporte de la oralidad.
El ensayo, en cambio, inaugura una relación distante entre el autor y el lector. La pregunta aparece como formulación retórica, residuos de oralidad apresados en la
tipografía. La respuesta y el control de su ortodoxia será en adelante establecida por
los "contratos" de la ritualidad impresa. De otro manera, el "contrato social" exigía un
nuevo "contrato de lectura".

Publicado por Ignacio el Junio 24, 2004 05:05 PM | TrackBack
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