Aquì pasarè a desarrollar el paso de la oralidad a la escritura y me extenderè en su evoluciòn e implementaciòn en el sistema escolar, hasta su uso extendido para moldear mentes humanas.
Durante la época colonial y hasta avanzado el siglo XIX en el período
independiente, los que leían eran muy pocos y los que escribían, aún menos. Por
entonces, estas dos prácticas estaban diferenciadas, y fue necesario recorrer un largo
camino para que se propusiera como actividad docente la fusión en la enseñanza y
aprendizaje de la “lectoescritura” . A aprender a leer se comenzaba memorizando el abecedario para recién luego enfrentarse a los primeros libros de lectura de
corrido. Entre éstos últimos fueron muy difundidos y utilizados el Catón Cristiano y
Catecismo de la Doctrina Christiana, los catecismos de Astete o de Ripalda, El
Tratado de las Obligaciones del Hombre, textos que venían de la época de la
colonia y se mantuvieron por largo tiempo. Con fuerte contenido moral, estos libros
caros y escasos estaban compuestos por máximas o por una serie de preguntas y
respuestas fijas que debían leerse, generalmente en voz alta, hasta memorizarse.
Durante la Revolución de Mayo circularon Catecismos Patrióticos, los que
manteniendo la forma catequética difundían la propaganda revolucionaria y Mariano
Moreno intentó introducir el Contrato Social de Rousseau como libro de lectura de
corrido. Para Moreno la "gloriosa instalación del gobierno provisorio de Buenos Ayres
ha producido tan feliz revolución de las ideas" que sólo se consolidaría haciendo "palpable a cada ciudadano las ventajas de la constitución, y lo interese en su defensa
como en la de un bien propio y personal". al catecismo se lo recita, se lo
memoriza, colectivamente, "de viva voz". Su mecanismo dialógico reclama memorizar,
no sólo la respuesta correcta, sino además, la pregunta correcta. Y el control de
verificación del cumplimiento de la "ortodoxia" se ritualiza en un contacto cara a cara
entre el iniciador y el iniciado. La escritura obra como mero soporte de la oralidad.
El ensayo, en cambio, inaugura una relación distante entre el autor y el lector. La pregunta aparece como formulación retórica, residuos de oralidad apresados en la
tipografía. La respuesta y el control de su ortodoxia será en adelante establecida por
los "contratos" de la ritualidad impresa. De otro manera, el "contrato social" exigía un
nuevo "contrato de lectura".
a la escena de lectura
colectiva y coral se le opone la escena de lectura individual y silenciosa, como requisito
para incorporarse al siglo "ad maiorem gloriam" de la razón:
Fracasada la experiencia jacobina con la renuncia de Moreno se eliminó el Contrato Social.
En medio del aluvión inmigratorio que acompañaba la inserción de la Argentina
como granero del mundo se constituye el sistema educativo argentino pivoteado por la
Ley 1420 que define al nivel primario como gratuito, obligatorio, laico y común.
Se configuró el libro de lectura moderno, que fue preanunciado en obras como
la Anagnosia o El Tempe argentino de Marcos Sastre, se afirmó en el Paso a Paso
de José H. Figueira y en El Libro del Escolar o en el Progresa, ambos de Pablo
Pizzurno. Su expresión paradigmática fue El Nene de Andrés Ferreyra, cuya primera
edición es de 1895, y que luego de 120 reimpresiones, dejó de publicarse en 1959.
Comenzaban a ajustarse al principio de gradualidad, más manuables y baratos,
estaban escritos en Argentina, y contenían un conjunto de lecturas cortas sobre
diversos temas acompañadas con ilustraciones.
Con la aparición de "El Nene" nace una nueva generación de libros de lectura.
Ésta mantiene ciertos rasgos que la definen hasta fines de los 60: la palabra como
punto de partida y la imagen como soporte del método; contenidos que hacen
referencia a temáticas nacionales; fuerte relación con la oralidad; regulación amplia del
Estado; discurso textual dirigido hacia un "Sujeto lector ampliado" dirigido,
fundamentalmente, a la conformación del "ciudadano urbano moderno". Se ritualizó la escena de lectura escolar. La maestra desde el frente de la clase realizaba la lectura "modelo", a la que seguía la
lectura "coral", y después la lectura individual mientras el grupo realizaba el seguimiento con lectura silenciosa.
Desde la consigna "pase al frente" de la clase, a leer de pie al lado del pupitre
personal, hasta consignas posturales más severas como "talones juntos puntas
separadas" la práctica de la lectura en alta voz aparecía ritualizada en las prácticas
escolares cotidianas de aula.
La escena de lectura prescribía tomar el libro en el medio abajo con la mano
izquierda mientras la mano derecha se colocaba en la punta derecha superior
preparada para voltear la hoja. Al llegar al punto aparte se debía pausar y levantar la
vista mirando al auditorio lo que implicaba romper la secuencia visual-escriturada
introduciendo el silencio como poderoso recurso específico de la secuencia auditivaoral
de la narración.
El logro mayor de la elocuencia se premiaba si el lector adelantaba la lectura
visual del párrafo antes del punto para mirar al auditorio "oralizando" el cierre
expresivamente "como si no estuviera leyendo" . Y mantener el volumen de la voz
hasta pronunciar la última sílaba de modo que fuera audible para el último alumno de la
clase o del discurso en el "acto escolar" de efemérides .
Se estableció así una nueva forma de articulación entre lectura y cultura política.
Las masas se convertían en sujetos políticos y en sujetos lectores, pero controles
superiores podían evitar los “desvíos” de dicho proceso y reorientarlas en el camino
adecuado.La masificación de la escuela primaria se intensificó durante la época peronista
lo que amplió el acceso de nuevos sectores populares a la lectoescritura. A su vez, el
régimen vio las potencialidades de “inculcación ideológica” que permitían los textos, y
decidió usarlo desembozadamente para su provecho sin los encubrimientos de los
gobiernos anteriores: la ideología oficial se volvió el menos oculto de los currículos ocultos.
en la primera mitad del siglo XX la escuela
logró difundir masivamente la alfabetización, imponer sus pautas de lectura al conjunto
de la sociedad y “naturalizar” la escena de lectura escolar que había sido producto de un largo proceso de construcción socio-histórico-cultural.
Escrito por Cynthia Brukiew

