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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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Cultura oral y escrita - Marcela Brito
03.06.2004

Orígenes de nuestra cultura
La cultura argentina echa sus raíces en la cultura que imperaba en Europa en la época del descubrimiento y conquista del nuevo mundo. Trasplantada a América durante los siglos XVI y XVII, esa concepción cultural impregnó la vida toda del conquistador, y por razones de dependencia política, la del criollo que vivió identificado con la cultura hispánica.
Durante ese lapso de más dos siglos, conocido por período colonial o hispánico, la cultura no fue patrimonio exclusivo del conquistador ni siguió servilmente la evolución europea, pues si bien en el orden científico y filosófico vivió dependiendo de los conocimientos recibidos, en el orden artístico fue adquiriendo caracteres propios hasta alcanzar elevadas expresiones autóctonas que unas veces se han denominado arte mestizo y otras se las conoce por arte colonial.
Este desarrollo se debe a dos causas: en primer lugar el español se valió de los recursos indígenas y ese estímulo hizo surgir un arte con variadas expresiones locales como entre nosotros el arte misionero propio de las reducciones guaraníes y en otras partes de América el arte conocido por cuzqueño, quiteño, californiano; en segundo lugar, el aislamiento de las poblaciones determinado por las inmensas distancias y la consiguiente pobreza de los medios de expresión artística, obligó penosamente a los hijos de los conquistadores a desarrollar manifestaciones típicas de artesanía, muy sencillas pero muy características que conocemos como arte criollo.
España pudo aplicar casi sin ensayos en nuestras pobrísimas tierras todo su genio colonizador. Ello a causa de que cuando se inició la exploración y el doblamiento del territorio argentino, España ya había adquirido a través de una laboriosa experiencia en las Antillas, México y Perú, plena conciencia de su labor cultural.
Entre nosotros la cultura hispánica acompaña el proceso de penetración. Traída por el conquistador y acomodándose a las peripecias de sus exploraciones siguió las corrientes colonizadoras para fijarse en los centros de expansión, villas y ciudades.

La exploración jesuítica
La llegada de los jesuitas al país en 1586 señaló entre nosotros un aporte valiosísimo a la historia y a la geografía. Viajeros infatigables, con el fin de establecer la civilización cristiana recorrieron todo el país dejando muchos de ellos en esta empresa su vida. El resultado de estas correrías misionales fue el mejor conocimiento geográfico de nuestro territorio, determinado por las noticias que escribieron o los mapas que realizaron.
Alrededor de 1780 se produjo en el Río de la Plata un notable movimiento de renovación cultural. Era provocado por la presencia de hombres de ciencia muy calificados que pasaron de España a nuestras tierras, ya con el objeto de demarcar los límites entre las posesiones españolas y portuguesas en la frontera con el Brasil, ya con el de reconocer las costas patagónicas.
La crónica primitiva
Nuestra historiografía nace en los primero días de la conquista, gracias a la labor de los llamados cronistas primitivos. Los cronistas no son verdaderos historiadores, ni tuvieron el propósito de hacer historia. Sus relatos realizados por simple placer, contienen los acontecimientos a los que asistieron, los episodios épicos en que participaron, las leyendas y tradiciones que recogieron. Si bien es cierto que los cronistas con frecuencia incurren en errores, esto no quita todo valor a sus memorias ni su encanto literario.
Entre los jesuitas hubo quienes se dedicaron a la historiografía. A algunos, por la manera de realizar el relato, los ubicamos entre los cronistas primitivos pero con el correr del tiempo estos cronistas lograron una acertada técnica historiográfica, llegando a ser quienes echaron los fundamentos de la historiografía nacional.
Los jesuitas tuvieron sus propios historiadores o cronistas. Al principio se encomendaba a algún religioso que preparara la relación minuciosa del estado de las casas y misiones de la compañía existentes en la argentina para poner al tanto al general de la misma, residente en roma de lo ocurrido en las regiones.
LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTUDIOS
Tras el descubrimiento de América arriban a las nuevas tierras las ideas y las instituciones pedagógicas que por entonces dominaban en España. La tarea que estaba por delante era obviamente ardua e insólita. Los educandos eran ahora hombres salvajes, de creencias, hábitos y lenguas extrañas desparramados por la inmensidad de un continente desconocido. Hasta llegó a dudarse de si se trataba realmente de seres humanos.
La educación estuvo en principio inspirada en la religión y en la formación cristiana de los indígenas. No sólo este carácter era impreso por los religiosos que llegaron a América desde los primeros tiempos (prácticamente los únicos aplicados a la tarea docente) sino que esa era la política oficial de la metrópoli.
Las órdenes religiosas llegan y atraviesan el continente en todas las direcciones, primero son los franciscanos y dominicos, luego los jesuitas. Mientras el padre Bartolomé de las Casas defiende la dignidad de los indios y les enseña el evangelio, Juan Ginés de Sepúlveda niega que los indígenas sean seres racionales y que puedan tener otro destino que la esclavitud. Triunfa la primera tesis y abre las puertas de la acción educativa.
Durante el siglo XVII se organizan las famosas misiones jesuíticas donde se busca cristianizar a los indígenas y enseñarles a trabajar en forma disciplinada y organizada, tarea que exigió el previo estudio de la lengua y las modalidades de los nativos. El primer paso para escolarizar América fue la evangelización. La tarea realizada por los misioneros encontró en aquellas escuelas que tales fueron las doctrinas o misiones el sistema más apropiado para alcanzar la transformación del indígena. Para facilitar la conversión y la civilización de los naturales que vivían nómades, el misionero los redujo, los concentró en un lugar conveniente: la misión. En esta su empeño no se limitó a catequizar al indígena, sino que procuró una trasformación total, social, cultural y religiosa del mismo.
De igual modo se procuró instruir al hijo criollo del conquistador. Para ello se estimuló la fundación de los conventos, en los cuales funcionaron las escuelas de primeras letras.
Los objetivos educativos perseguidos eran alcanzados por los misioneros a través de un largo y difícil camino. Comenzaban por pacificar a los indígenas y reunirlos en las reducciones, imponiéndoles hábitos de orden y de disciplina. A cada familia indígena le adjudicaban una propiedad con su quinta para que pudieran atender su subsistencia. Luego los adoctrinaban en los principios de la religión católica. Para ello debían aprender el idioma de los aborígenes y buscar en él palabras o símbolos que les permitieran simplificar los misterios de la fe, para poder hacerlos más fácilmente comprensibles. Una vez vencida la dificultad idiomática, les enseñaban las primeras letras y el canto popular y litúrgico, los iniciaban en diversos oficios y en industrias manufactureras y agropecuarias. Todos los indios debían trabajar tres días por semana en la tierra común, pero ésta no era una tarea penosa: duraba cuatro o cinco horas por día y era interrumpida con cantos y procesiones. En esta forma la pedagogía de la evangelización tendió al mejoramiento moral, intelectual y material de los indígenas.
Se sostuvo, por intermedio del Cabildo, otras escuelas conocidas por parroquiales, en virtud de funcionar junto a las parroquias.
Al organizarse el Virreinato, la enseñanza elemental estaba bastante extendida, no obstante los inconvenientes que se presentaban, como las grandes distancias entre las poblaciones, la costumbre de emplear a los niños como ayudantes de sus padres en el cuidado de los campos. La gratuidad de la enseñanza se ponía en práctica siempre que se podía y se tendía a convertir en obligatorio el aprendizaje de las primeras letras.
La educación colonial en Argentina
Las primeras escuelas que se establecieron en nuestro país, como en las demás colonias españolas en América funcionaron en los conventos, más tarde, los cabildos se interesaron por la apertura de escuelas particulares y finalmente ya en la segunda mitad del siglo XVIII, se establecieron escuelas municipales, costeadas o subvencionadas por los ayuntamientos.
Los religiosos franciscanos, que acompañaron a los fundadores de casi todas las ciudades capitales de nuestras actuales provincias, fueron los que iniciaron la apertura de escuelas de primeras letras a poco de instalar sus conventos. Un cursado elemental comprendía la enseñanza de la lectura, la escritura, las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética y, sobre todo, la doctrina cristiana. Predominaba el sistema de enseñanza basado en la memoria, de ahí que la técnica didáctica no fuera más allá del método catequístico, es decir, de las preguntas y respuestas aprendidas de memoria, y de las continuas repeticiones hasta llegar a la posesión del conocimiento. Como procedimiento de enseñanza predominaba el colectivo, salvo algunas pocas lecciones que forzosamente debían ser individuales.
La primera escuela habida en el territorio argentino puede ser considerada la que estableciera el padre Nuño Gabriel, apenas Mendoza fundara la ciudad de Buenos Aires: allí se enseñaba las primeras letras y la doctrina cristiana. En la ciudad del plata, los franciscanos abrieron un colegio en 1583, los padres mercedarios otro en 1603 y los jesuitas otro en 1617. El primer maestro laico que solicitó permiso del cabildo de Buenos Aires para dedicarse a enseñar fue Francisco de Victoria (1605).

La metrópoli dio a sus colonias todo lo que poseía: su lengua, su religión, sus costumbres, sus leyes, sus formas de pensamiento y, en materia educacional, la organización de sus estudios, sus métodos de enseñanza. Por eso la cultura americana fue forjada en el molde escolástico que imperaba en el pensamiento español y lo mantenía alejado de las corrientes de la época moderna. Pese a esta circunstancia, que tan profunda influencia debía ejercer en los primeros pasos de nuestra vida cultural, la acción de España permitió que se fueran preparando los hombres que dirigirían los nuevos estados al independizarse las colonias.
La obra cultural cumplida por España ha sido juzgada de maneras opuestas. Para unos, su acción fue extraordinaria: gracias a ella se logró incorporar a la civilización, pueblos que vivían sumidos en la barbarie. Otros, en cambio, ven en la península la encarnación de la iniquidad y del oscurantismo y consideran la conquista y la colonización como empresas de aventureros que, movidos exclusivamente por el ansia de riquezas, se lanzaron a la explotación del continente americano. De acuerdo con los que tal opinan, la acción española se limitó a dificultar la difusión de la ilustración, ya que su única preocupación habría sido mantener a sus colonias en la ignorancia.
Ambos juicios son extremos y caen en exageraciones y parcialidades deformadoras de la realidad. Ni los conquistadores españoles fueron esos posesos de la destrucción que pinta la leyenda negra ni tampoco los santos o caballeros de una cruzada espiritual que describe la no menos ingenua leyenda blanca.
La incorporación del Nuevo Mundo a la cultura occidental constituye la mayor gloria de España, mayor aún que la extraordinaria empresa del descubrimiento y conquista de América.

Publicado por Ignacio el Junio 3, 2004 02:50 PM | TrackBack
Comentarios

Es el único lugar donde encontré los datos que necesitaba sobre el maestro Francisco de Victoria, para uno de los libros de texto que estamos editando.
Gracias.

Publicado por: Dora Di Sarli a Septiembre 12, 2004 05:13 PM

su pajina es una vergaaaa asi B========D

Publicado por: fede a Abril 6, 2006 08:55 PM
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