Durante la época colonial y hasta avanzado el siglo XIX en el período independiente, los que creían eran muy pocos y los que escribían, aún menos. Por entonces estas dos prácticas estaban diferenciadas, y fue necesario recorrer un largo camino para que se propusiera como actividad docente la fusión en la enseñanza y aprendizaje de la "lectoescritura".
A aprender a leer se comenzaba memorizando el abecedario(como lo hacían los griegos) por medio de las Cartillas o Silabarios, cuadernillos que presentaban el abecedario y avanzaban luego hacia las combinaciones en sílabas, series que se debían memorizar, para recizz130n luego enfrentarse a los primeros libros de lectura de corrido.
Con fuerte contenido moral, estos libros caros y escasos estaban compuestos por máximas o por una serie de preguntas y respuestas fijas que debían leerse, generalmente en voz alta, hasta memorizarse.
El catecismo es utilizado como métafora: al catecismo se lo recita, se lo memoriza, colectivamente, de viva voz. La escritura obra como mero soporte de la oralidad.
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