La relación Oralidad/Escritura
Siempre se ha creído que la escritura es una muestra más de la evolución del hombre camino al conocimiento. La escritura, se cree comúnmente, ha sido responsable, históricamente, de la evolución de nuevas formas de discurso que reflejaban un nuevo enfoque o comprensión del lenguaje y una nueva mentalidad, más subjetiva y reflexiva.

Pero al considerar la escritura como un paso de esa evolución, celebrarla es a la vez considerar la "oralidad" como inferior, como algo que hay que superar y de ser necesario erradicar. Tal cual nos dice Ong, debe haber algún mecanismo para "fijar" y acumular textos. El principal medio para fijar textos es un sistema de escritura. Es cierto que los textos pueden fijarse también mediante la oralidad apoyándose en el ritmo, la métrica y las expresiones formulares. Pero la escritura tiene una enorme ventaja en tanto permite acumular una cantidad de textos que excede en mucho la capacidad de almacenamiento de cualquier experto individual.
Literatura y leyendas coloniales
Hubo sin duda una cultura y una literatura que precedieron a los movimientos de emancipación de los diversos países hispanoamericanos, organizadas casi siempre bajo el prisma de un título: "Período colonial". Sin embargo, su abordaje despierta de inmediato inquietudes. ¿Cómo discriminar entre literatura española y literatura hispanoamericana durante los siglos XVI, XVII y XVIII? ¿Con qué argumentos recortar determinados textos y asumirlos en el interior de una literatura nacional cuando la nación no existía como tal y no hay criterios estables para ordenar un corpus? Las fronteras geográficas, la nacionalidad de los autores, la lengua misma no permiten el trazado de límites precisos y estables; incluso la categoría de "literatura" se torna vacilante ante el heterogéneo conjunto de crónicas, poemas, relaciones, cartas y memorias que constituyen la bibliografía colonial.
En gran parte, la literatura colonial argentina se establece sobre textos que asumen como objeto de relato la conquista, evangelización y fundación de ciudades en el territorio argentino, más allá de la lengua en que fueran escritos, la nacionalidad o la intención original de sus autores al redactarlos
La fundación de la primera universidad en territorio argentino en la ciudad de Córdoba (1613), la instalación de dos colegios preparatorios universitarios (el de Monserrat en Córdoba -1659- y el San Carlos en Buenos Aires -1773-), la introducción de la imprenta por la Compañía de Jesús (1765), la creación del virreinato del Río de la Plata (1776), la organización en 1780 en Buenos Aires de la Imprenta de los niños expósitos, dieron los impulsos decisivos a la producción cultural. La educación colonial se realizó en los conventos de franciscanos, dominicos o mercedarios, donde se dictaban las primeras letras y en los colegios universitarios y universidades que funcionaban como seminarios.
Las leyendas puedieron proveer elementos históricos en la anécdota o en la toponimia. En este sentido, el ademán lingüístico de las leyendas consistía en actualizar el pasado histórico cultural de una comunidad, reinstalando y recomponiendo el ciclo mítico, necesario para su vida cotidiana.
El motivo de la inversión de papeles es el motor fundamental de estas narraciones que intentan recomponer, por ejemplo, el ciclo mítico andino. La transgresión impuesta por la llegada de los españoles busca ser contrarrestada por el accionar de un héroe, el Inca, quien es capaz de devolver a su pueblo las condiciones de vida que gozaran en el pasado. Las expectativas indígenas centradas en el regreso del Rey Inca significan el resurgimiento de una nueva era que se proyecta hacia el futuro. Los relatos legendarios funcionan, en este sentido, como un mecanismo de resistencia étnica y social.

Publicado por María Soledad Correa Soto.
sotocorr@merci.com.ar

