
Los vestigios jesuíticos que hoy persisten dispersos en el Paraguay, la Argentina y el Brasil, nos permiten vislumbrar aspectos muy vívidos de la cultura que afloró en los pueblos misioneros por más de un siglo y medio de historia.
Una cultura generada por efecto del mismo proyecto de evangelización jesuítico, que impregnó todos los ámbitos vitales del guaraní. Asombra la multitud de expresiones culturales que se produjeron, con una fuerza inusitada en lo que fuera el universo colonial. El mensaje expresado era único: Cristo, el Evangelio, pero no como conceptos estáticos, sí como elementos plenos de fuerza vital, como motivos de la existencia. Las diferentes manifestaciones florecieron inmediatamente: música, pintura, tallado, arquitectura, cerámica, escultura en piedra., pero el principal producto: la lengua guaraní. Después de que ejecutar alguna de esas actividades era destinado a luchar como soldado al servicio del Rey en una campaña contra los portugueses de la Colonia del Sacramento ¿Se hallaría en el resto del mundo colonial hispánico un ser más polifacético?.
El guaraní llegó hasta escribir la historia misma de su pueblo, la que luego fue llevada a la imprenta.
La gesta de la Conquista Espiritual
De acuerdo con los anales americanos, esta región denominada misiones desde comienzos del siglo XVII, abarcaba una superficie varias veces mayor que la presente extensión geográfica argentina de ese nombre.
El hecho religioso, económico y social que dio la denominación y fisonomía particular a este sector de América, tuvo su desarrollo en una extensa zona que abarcaba tierras actualmente paraguayas ubicadas al sur del río Tebicuary(Paraná) y al este del alto río Paraguay(Itatin); parte de las provincias argentinas de Misiones y Corrientes, y de los estados actuales brasileños de Paraná(Guayrá) Y Río Grande do Sul(Tape).
Con la aprobación del entonces Obispo del Paraguay, Monseñor Reginaldo de Lizarraga, y habiendo comunicado su propósito al Rey, acordaron las condiciones para la realización de la obra. Fue necesario primero asegurarse que los indígenas no estarían sometidos al odiado régimen del servicio personal puesto que las “encomiendas”, lejos de obtener el fin perseguido por la legislación que instituyó el sistema, se prestaron a que, con frecuencia, fueron inhumanamente explotados debido a la ambición y abuso de muchos “encomenderos”.
Contra esta realidad luchó denodadamente el P. Torres, como lo hicieron muchos otros personajes religiosos y civiles. El sistema de las Reducciones entonces gestado, iba a garantizar este derecho de los indígenas, iba a hacerles llegar la Buena Nueva del Evangelio—fin buscado por la Corona Española— y en ese medio, posibilitaría su desarrollo humano integral.
Respecto del campo de operaciones, el P. Torres envió expediciones a diversas regiones para ver cuál era la más adecuada.
Y fue así como en 1609 partieron los Padres Marcial Lorenzana y Francisco de San Martín al Paraná, y en 1610 los Padres Vicente Cataldino y Simón Massseta al Guayrá, dando comienzo a la gran gesta entre los guaraníes, gesta a la cual el P. Antonio Ruiz de Montoya dio el nombre de “Conquista Espiritual“ en su célebre libro(1639).
Evangelización de un pueblo
Iniciada la labor de los misioneros en las regiones del Paraná Y Guayrá, muy pronto la fundación de pueblos se fue extendiendo a la cuenca del río Uruguay y luego al Tape y al Itatin.
Los indígenas se redujeron rápidamente, en grupos numerosos, hábitos de trabajo e ideas de organización social.
Pero las prósperas poblaciones de la región del Guayrá, no pudieron resistir a los continuos ataques y la devastación causada por los mamelucos o bandeirantes (habitantes de San Pablo, actual Brasil) cuyo objeto era aprisionar indígenas y venderlos como esclavos. En sólo cuatro años, 1627-1631, destruyeron nueve pueblos y se vendieron como esclavos 60.000 indios. Esto determinó al insigne misionero y escritor P. Antonio Ruiz de Montoya a organizar el éxodo de los restantes habitantes de esos pueblos.
Los Jesuitas introdujeron en todos los pueblos por ellos fundados una organización admirable a muchos respectos.
El natural sentimiento religioso de los Guaraníes facilitó la aceptación del Mensaje del Evangelio hasta el punto de que pronto el Tupá guaranítico se identificó totalmente con el Dios occidental.
Los misioneros fueron transformando a los nativos, mediante el poder de su palabra persuasiva y su trabajo metódico.
Conservaron los guaraníes cuanto no se opusiera radicalmente a las enseñanzas cristianas, siéndoles otorgadas siempre la ocasión y la oportunidad de desarrollar su personalidad de desarrollar su personalidad. Se les permitió el uso de sus jerarquías tradicionales y sus costumbres honestas.
El idioma guaraní se mantuvo como la lengua de las Misiones y en ella hablaban tanto los indígenas como los jesuitas, así fue como el indígena se acercó a la civilización y la cultura.
Los misioneros tuvieron que partir de la aceptación de la cultura guaraní, siendo la base para la construcción del nuevo orden cultural. Considerar y aceptar la lengua indígena fue el instrumento de persuasión utilizado por los padres jesuitas, para hispanizar a cualquier costo al indio. Hasta los Curas de los pueblos debieron adoptar para sí el mismo lenguaje, pese a que la Corona reiteradamente insistía en la necesidad de imponer la lengua castellana en las reducciones.
Fue una publicación de Yolanda Sabrina Leyes.
2 de Mayo de 2004
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