En 1819, Ambrosio Millicay, un negro liberto, fue azotado en la plaza pública de Catamarca “por haberse descubierto que sabía leer y escribir”. Hoy, a comienzos del siglo XXI, el mapa irregular y segmentado de la distribución de la riqueza se apoya en el mapa de ubicación de los actuales Ambrosios Millicays, excluidos del acceso a la lectoescritura comprensiva, sea desde el papel o desde los ordenadores.
Un pueblo con educación es un pueblo con poder, dice el saber popular. La historia, particularmente la de Argentina, luce tristemente políticas que han desplazado a la educación de las prioridades con el objetivo de preservar los monopolios del saber, soportes de los monopolios económicos.
La historia de la lectura y la escritura en nuestro país no relata voluntades inocentes y es preciso conocerla para entendernos y para pensar en argentinos menos manipulables y más concientes de sus posibilidades.
Obedecer al conquistador
El Catecismo de la doctrina cristiana para la enseñanza de los indios y el Requerimiento, ejemplifican dos escenas de lectura distintas en el momento de la conquista española. El primero emplea jeroglíficos y figuras conocidas por los indígenas de la Nueva España, introduce en los rudimentos de la doctrina cristiana comenzando con la fórmula para persignarse, continúa con el Padre Nuestro, Ave María, Credo y los mandamientos, para acabar con los sacramentos y las obras de misericordia.
La lectura del Requerimiento autorizaba el empleo de la fuerza contra los indígenas de América, luego de realizarles una lectura en castellano que "notificaba" desde la creación del mundo, la delegación divina del poder en la tierra al Papa, los justos títulos que éste a su vez delegara en los reyes de España, para terminar en la comunicación del poder que legitimaba al conquistador. La escena de lectura que expresaba las relaciones de poder y subordinación se reforzaba en la escrituración del acto.
En el “choque” entre oralidad y escritura que se expresó durante la conquista, en el primer caso, la escrituración del evangelio en jeroglíficos o la fonetización del nathuatl implicaba un reconocimiento del otro, mientras que la lectura del Requerimiento en castellano, su negación. De otra manera, en distintos períodos y con diferentes finalidades, "unos" leen mientras que "otros" sólo escuchan, hasta que en la lectura silenciosa ambas prácticas sociales confluyen en la cabeza de un sólo individuo. Esta sería el punto de inflexión en que las prácticas sociales de escritura pasaron a determinar las prácticas sociales de lectura acompañando los cambios de la modernidad. 
Buenos Aires aldeana
Durante la época colonial y hasta avanzado el siglo XIX en el período
independiente, los que leían eran muy pocos y los que escribían, aún menos. Por entonces, estas dos prácticas estaban diferenciadas, y fue necesario recorrer un largo camino para que se propusiera como actividad docente la fusión en la enseñanza y aprendizaje de la “lectoescritura”.
A aprender a leer se comenzaba memorizando el abecedario (como lo hacían
los griegos) por medio de las Cartillas o Silabarios, cuadernillos que presentaban el abecedario y avanzaban luego hacia las combinaciones en sílabas, series que se debían memorizar, para recién luego enfrentarse a los primeros libros de lectura de corrido. Entre éstos últimos fueron muy difundidos y utilizados el Catón Cristiano y Catecismo de la Doctrina Christiana, los catecismos de Astete o de Ripalda, El Tratado de las Obligaciones del Hombre, textos que venían de la época de la colonia y se mantuvieron por largo tiempo. Con fuerte contenido moral, estos libros caros y escasos estaban compuestos por máximas o por una serie de preguntas y respuestas fijas que debían leerse, generalmente en voz alta, hasta memorizarse.
Nada es natural en nuestra historia, todo guarda una intención. Esta breve narración intenta mostrar el camino que empieza a recorrer la historia social de la lectura y escritura concebida como el relato de la constitución de la primera barrera de las diversas formas del monopolio del saber.
Bibliografía consultada: XVI Congreso Nacional de El diario en la escuela, los medio de comunicación y la educación. Noviembre del 2000, Carlos Paz, Córdoba
Natalia Tchukran --- natijt@yahoo.com.ar
Publicado por Ignacio el Abril 30, 2004 07:46 PM | TrackBack
