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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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ANALIS DE LO QUÉ?
23.06.2005

PLANTEO Y OBJETIVOS

El aumento masivo del uso de celulares en la sociedad, nos ha llevado a reflexionar acerca de los nuevos comportamientos que existen en las personas: nos interesa realmente saber cuál es el impacto de los celulares en las personas. De esta manera generamos diversas hipótesis, interrogantes que iremos desarrollando y respondiendo a lo largo del trabajo.

Luego de recolectar datos y cifras acerca del fenómeno del celular en Argentina, y después de analizar las publicidades de las tres principales compañías proveedoras de telefonía móvil del país, el trabajo pondrá atención el en impacto de esa tecnología sobre los usuarios. Es decir que, en esta parte se apuntará a la interacción del usuario con el celular, para saber cuáles son los usos que hace y qué conocimientos tiene acerca del teléfono móvil que utiliza. Si tomamos en cuenta sólo el aspecto utilitario del celular ¿La gente lo usa como un mero objeto para realizar llamados o por las funciones adicionales que posee? ¿Tener celular es una cuestión de costumbre, de necesidad, o simplemente de estar más a la moda? El método de trabajo de campo será a través de entrevistas abiertas, y para circunscribir y localizar el trabajo, se les realizarán a personas entre 18 y 25 años que vivan en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Las entrevistas no se limitarán a ningún tipo de clase social, pero el requisito fundamental, es que posean teléfono celular.

Lo cierto es que partimos desde un punto específico, y es el de ubicarnos en las desarticulaciones que se generan entre los avances tecnológicos y la capacidad de aprehensión concreta que los individuos logran interiorizar en sus prácticas cotidianas. Rastreadas éstas en el desconocimiento de uso, o en contradicciones entre la práctica y el discurso que funcionan como síntomas de una generalidad, como un error o carencia individual. Subsumido bajo la lógica comercial, el campo tecnológico fue sujeto de un despegue muy importante en los inicios de la década del ‘90, que distanció con más fuerza el carácter utilitario del diseño, y las novedosas funciones lo fueron en su carácter de “generar” las necesidades, no de la manera determinista, pero sí con una marcada tendencia con respecto a la manufactura, por ejemplo, fordista.


CONCLUSIONES

A través de las entrevistas hemos notado que está fuertemente presente y valorada la cuestión de estar comunicado todo el tiempo, con quien se quiera y en cualquier lugar, ya sea a través de mensajes de texto, o llamadas. Existe así la posibilidad de ubicar en todo momento a una persona independientemente de que se encuentren, tanto el que realiza el llamado como el que lo recibe, en su domicilio, una especie de comunicación más eficaz. Respecto de esto, hemos encontrado testimonios del tipo: “Priorizó más el hecho de estar comunicada, tanto con familiares como por una cuestión de contactos, y al no estar en mi casa no me queda otra que tener celular.” Otro usuario nos respondió acerca de este tema que: “Tener celular es una ventaja, el beneficio es que cualquier persona que se quiere comunicar conmigo, cuando no estoy en mi domicilio, me puede llamar al celular; y si yo estoy en cualquier lado, y necesito comunicarme con alguien, también lo puedo hacer. El beneficio es por una cuestión de comunicación.” Pero también notamos una existencia, según los entrevistados, de otras vías de comunicación (fundamentalmente telefónicas, pero en su formato fijo, hogareño, laboral, público o semipúblico) que siempre están presentes.1

“Para mis viejos es cuestión de seguridad, con el celular me siento controlado más que antes, porque llaman a cada rato, preguntan a qué hora venís.” Tener celular está también vinculado a una cuestión de control, como un beneficio (encontrar a quien se quiera en cualquier momento) aunque detrás de él se esconde una desventaja, pues muchas veces el sentirse controlado puede ser molesto e incómodo. De esta manera vemos que el beneficio planteado en un primer momento corre el riesgo de transformarse en un control de las actividades de las personas. Si bien, esto último, es un reproche de los usuarios, ninguno contempla la opción de apagar el celular como una solución al problema, por el hecho irónico de “estar siempre comunicado”.

“Uso los mensajes porque es más práctico, económico, y me permite una conversación más larga sin que corran los minutos. Por ejemplo, yo mando un mensaje y sigo la conversación por una hora y el gasto es inferior a si usara una llamada.” Hay un predominio de la utilización de los mensajes de texto, por una cuestión de practicidad, sin desconocer en esto los motivos económicos, pues los SMS son mucho más baratos que las llamadas de voz, y allí aparece más que nada, una cuestión de costos. Aunque también tenemos en cuenta que mandar mensajes de texto en todo momento hace que, en definitiva, el gasto sea el mismo respecto de las llamadas. Cierta filtración del chat se ve cuando los entrevistados aseguran comunicarse con sus amigos y mandar mensajes con liviandad, sin restricciones del orden de lo económico, que finalmente, es en realidad un borramiento ficticio de un uso que en su extensión genera un gasto similar, o mayor, al minuto de comunicación neta, lo cual indica una representación errónea que sirve para, de manera inconsciente, justificar la práctica. Otro usuario dijo que “La diferencia entre el mensaje de texto y una llamada es que con el mensaje gastás menos, aunque lo que hablás lo mandás en diez mensajes, pero bueno, a la larga es lo mismo, gastás como una llamada. Pero quizás es lo más práctico, particularmente por el precio.”

Esto no quiere decir que no se realicen llamadas, sí las hay, pero son, bajo el pretexto de lo económico, de muy corta duración, y en caso de urgencia o llegada tarde, por ejemplo.

En general las personas obtienen el celular por las funciones adicionales que pueden obtener de él, pero la mayoría de los usuarios no las conocen en su totalidad (en su existencia, y fundamentalmente, en su utilización) y las que utilizan más frecuentemente son métodos de distracción o entretenimiento, como son los juegos. A la hora de elegir un teléfono móvil, lo que más valoran es el envío de los mensajes de texto, el diseño, todo aquello que tiene que ver con “estar a la moda” y por último la posibilidad de tener en su propia mano la última tecnología. Junto con el deseo de tener la última tecnología, está el aspecto estético del aparato y de la imagen o status que aparenta portar determinados celulares. Al respecto surgió en una de las respuestas: “Tuve como prioridad las cuestiones que tienen que ver con la practicidad, pantalla grande, buena definición, y obvio, una compañía que me brindara un buen servicio. Y otro factor muy importante para mí es que el celular tiene que ser llamativo, vistoso, por el hecho de que en mi trabajo me manejo con cierto target de personas, y necesito tener un buen equipo.”

Funciones de alta sofisticación son muy importantes a la hora de elegir un celular, pero tal vez por una cuestión de reconocimiento (lo cual apoya el carácter social de la práctica) más que por la simple utilización de las mismas, ya que la mayoría de los entrevistados no utiliza y, lo que más dimensiona este punto, no conoce cómo se emplean esas funciones. Pero importa destacar que no es la complejidad (en este punto en particular, respecto de las funciones más complejas) lo que interfiere en la utilización y representa el fracaso del usuario, sino una remisión directa a no usarlo por desinterés. Una respuesta nos aportó lo siguiente: “Para mí no tiene otras funciones que hacer y recibir llamadas, nada más. No conozco todas las funciones, y en la factura mensual viene información, las novedades de qué otras cosas podés hacer con el celular, y yo: o no le doy bolilla, o como veo que hay que llamar a tal lado, o a tal lado, no me sirve, no me gusta.” Sin embargo, los entrevistados, al ser consultados sobre si le agregarían alguna función, en general respondieron positivamente, orientando su opinión a la idea de tener un aparato más avanzado. La función más requerida es la cámara de fotos.

A través de los fondos de pantalla, ringtones (otras de las funciones que incluye y que se pueden incorporar), los usuarios pueden reconocer su propio celular, es decir por medio de la personalización. En el caso del celular, a diferencia de otros productos de fabricación masiva, el usuario siente la necesidad de hacer propio algo que en principio le es ajeno, pero no de manera genuina, ya que, si lo pusiéramos entre muchos del mismo tipo, no podrían reconocerlo. Esto habla de una representación inacabada, de una personalización para uno mismo, que en definitiva no se escapa a la lógica de la moda, el tener todos lo mismo. Una personalización genuina dejaría sin efecto la moda como tal, en su estandarización, y las pautas de comercialización en definitiva.

Es importante resaltar que en los casos que hemos evaluado las personas tienden a considerar que el celular surgió en la década de los ´90, época en la que en realidad esa tecnología no fue creada sino el momento en el que se hace conocida y se incorpora en la sociedad. Esto nos sirve para apoyar las nociones trabajadas en la primera parte de nuestro trabajo sobre la aplicación de la “mediamorfosis” desarrollada por Fidler junto a la historia del celular. La imbricación histórica junto al despegue comercial podemos hacerlo visible en el desconocimiento del surgimiento, o en “otro” surgimiento, el del estallido comercial que, en contrapartida, todos ubicaron hacia las mismas fechas. Los entrevistados coincidieron en que en los ’90 se masificó el celular, pero asocian esa masificación al mismo momento de su surgimiento.

Hoy por hoy la gente no piensa al celular como una prioridad pero a la vez es incapaz de imaginar una sociedad sin él, o al menos la propia cotidianeidad. Cuestión de costumbre, cabe destacar que por otra parte consideran que si dejara de existir quedaría una necesidad insatisfecha que sería reemplazada rápidamente por otra tecnología. Pero aquí el detonante principal es que, más allá de la existencia del celular como tal, el aparato técnico implantó una necesidad de estar comunicados siempre, y esto debe ser suplido por otro aparato donde lo que sigue vigente es la necesidad poniendo en duda si la vida sin celular es posible ya que es rechazarlo pero buscarlo al mismo tiempo por otros medios. Cuando consultamos sobre la posibilidad de la desaparición del celular, las respuestas todas coincidieron, y este es un ejemplo de ellas: “Uhhh, si dejara de existir me moriría (risas). Creo que si desapareciera, algo saldría a reemplazarlo, no sé qué sería, pero seguro que estaría mucho mejor.” Como vimos en las entrevistas la relativización de la existencia del celular no concuerda con lo explicitado en las prácticas y apreciamos una llamativa conciencia de la necesidad de la comunicación momentánea en cualquier lugar. La ubicación, no en primer lugar, en algunas entrevistas, no le están relegando un segundo plano sino que revelan un asentamiento o emplazamiento que, de manera casi fugaz, teniendo en cuenta la explosión en pocos meses, ya ha dejado de reservarle la novedad por lo “necesariamente necesitado”. Otro entrevistado dijo: “Habrá un tiempo de desacostumbramiento. Pero seguramente, surgiría algo para reemplazarlo o cubrir ese vacío y seguir sacándonos plata. En realidad el celular lo que hizo fue extender el porcentaje del día que estás comunicado (…) Tal vez eso es lo que se resentiría”

Por eso, la impronta que el celular dejó, en un corto tiempo, en el cuerpo social, observamos, es más profunda que un imaginario de lo posible. La aparición del celular instaló una nueva necesidad que va más allá de su existencia, dejándonos la inquietud acerca de qué nuevas necesidades tendremos en el futuro, y si esas necesidades serán producto de la incorporación, a la vida cotidiana, de otras nuevas tecnologías.

1 Nuestra mirada no intenta desenmascarar las tácticas comerciales detrás del celular, ni encontrar la “verdadera necesidad” (según un verosímil de crítica más escuchada) sino el verdadero trasfondo de la cotidianización y la naturalización de la práctica “celular”

Publicado por datosivan1 el Junio 23, 2005 03:36 PM | TrackBack
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