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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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El Hombre postorgánico
18.05.2006

El hombre postorgánico
Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales.

La autora en este texto muestra la transición del sistema industrial la actual modo capitalista y la relación de este proceso con las tecnologías. Recorre los cambios que se fueron produciendo en esa larga transición que va del siglo XVIII a la actualidad virtualizada, donde se observan cambios significativos por el avance de la tecnociencia. Una de las transformaciones importantes se da en la relación cuerpo-tecnologías de donde emergen nuevos figuras como: el consumidor. Una tecnociencia Fáustica que intenta superar los limites del cuerpo humano poniendo énfasis en las ciencias y las tecnologías para reedificar las restricciones de la materialidad orgánica: desde los obstáculos espaciales hasta la muerte.

1- El capitalismo

Mutaciones: la crisis del capitalismo industrial

El capitalismo nació industrial, después de lo que Marx denominó la acumulación originaria. Los principales emblemas de de revolución industrial son: la locomotora, la maquina a vapor y los telares de los artesanos. Pero la maquina más emblemática del capitalismo industrial es una menos sospechosa y más cotidiana: el reloj. Este simboliza como ninguno las trasformaciones ocurridas en la sociedad occidental en su transición al industrialismo y su lógica disciplinaria Su origen se remonta a los monasterios en la Edad Media, precursores de la rutina y la disciplina. Su uso se fue expandiendo a través de los muros cuando las ciudades empezaron a exigir una rutina metódica.
Foucault analizo los mecanismos que hacían funcionar la sociedad industrial con el ritmo siempre cronometrado. Este tipo de sociedad apareció en la sociedad industrial a fines del siglo XVIII y alcanzo su punto máximo en el siglo XX. En las últimas décadas se produjo un proceso vertiginoso, la transición de aquel régimen industrial hacia un nuevo tipo de capitalismo globalizado.
La creciente automatización de las industrias devaluó la fuerza de trabajo y se produjo una crisis en las estructuras del empleo asalariado. La globalización de los mercados esta provocando cambios geopolíticos y se debilita el protagonismo absoluto de los estados nacionales. El capital financiero se yuxtapone al productivo y activa la circulación de sus flujos alrededor del planeta, proceso que se acelero después de la crisis estadounidense de 1973, cuando el dólar perdió el respaldo de la convertibilidad en oro que le otorgaba la reserva federal de los Estados Unidos. De este modo se radicalizo la separación de las dos esferas: la productiva y la financiera. Así comenzó la transición hacia un sistema global de tasas fluctuantes, acentuada por la diseminación de nuevas tecnologías basadas en medios digitales.
Este largo proceso histórico que tiende a la virtualización del dinero parece desembocar en la Internet.: varias compañías financieras e informáticas se asociaron en busca de una moneda digital que logre imponerse como estándar global. El dinero no es el único que se esta volviendo obsoleto en su formato material sino que el mismo concepto de propiedad se ve afectado.
En un régimen que se yuxtapone al de la propiedad privada estaría ganando fuerza una noción bastante mas volátil y flexible: el acceso. Lo que cuenta cada vez mas no es la posesión sino la capacidad de acceder a su utilización como servicios. Las transformaciones se propagan aceleradamente y en este proceso el capitalismo se fortalece.
Mas de un siglo después de su formulación, en esta época de ágiles cambios, el diagnostico de Marx acerca de el “fetichismo de la mercancía” parece alcanzar su ápice, puesto que el consumo paso a regir todos los hábitos socioculturales. En este contexto, la tecnología adquiere una importancia fundamental, pasando de las viejas leyes mecánicas y analógicas a los nuevos ordenes informáticos y digitales.
Deleuze sistematizo este conjunto de transformaciones sociopolíticas y económicas de los últimos años, vislumbrando en ellas la formación de un nuevo tipo de sociedad: la implantación de un nuevo régimen de saber y poder. Retomo las herramientas teóricas de Foucault, tras detectectar una crisis en las instituciones de encierro (cárceles, escuelas, hospitales, etc)y la aparición de los nuevos mecanismos de dominación.
Deleuze creo el concepto de sociedades de control para designar el nuevo tipo de formación social que entonces apenas empezaba a asomar. En la sociedad actual estas técnicas son cada vez mas sutiles y eficaces, pues permiten ejercer el poder en lugares abiertos.
Pero surge una paradoja: junto con los duros ladrillos de las instituciones de encierro, se disuelven también los límites que confinaban el alcance de las antiguas técnicas disciplinarias. Por eso la nueva configuración social se presenta como totalitaria en un nuevo sentido: nada, nunca, parece quedar afuera.
El reloj tampoco dejo de sufrir el upgrade de rigor, que lo hizo pasar de las viejas leyes mecánicas y analógicas a los flamantes flujos informáticos y digitales. Lejos de perder vigencia, todavía persiste el clásico lema burgués “el tiempo es dinero”.
Pero la transición de los relojes mecánicos a digitales sugiere otra pista: el tiempo a perdido sus intersticios. El tiempo ya no se compartimenta geométricamente; pasa a ser un continuum fluido y ondulante. De nuevo el reloj sirve como emblema y como síntoma, expresando en su cuerpo maquínico la intensificación y sofisticación de la lógica disciplinaria en nuestra sociedad de control.


Del productor disciplinado al consumidor controlado.

Según Foucault, los mecanismos de poder y saber implementados por la sociedad industrial fueron muchos más eficaces y sutiles que sus predecesores, gracias a los conocimientos sobre los hombres que las ciencias sociales y humanas ayudaron acumular.
Las sociedades industriales desarrollaron toda una serie de dispositivos destinados a modelar los cuerpos y las subjetividades de los ciudadanos. Son las técnicas disciplinarias, rigurosamente aplicadas en las diversas instituciones de encierro que componían el tejido social de los estados nacionales: escuelas, fábricas, hospitales, prisiones, cuarteles, asilos. Entre esos dispositivos cabe destacar la arquitectura panóptica (que pretendía interiorizar la vigilancia), la técnica de la confesión y la reglamentación del tiempo de todos los hombres.
Se trata de tecnologías de biopoder, un poder que apunta directamente a la vida, administrándolos y modelándolos para adecuarlo a la normalidad. Los dispositivos de biopoder de la sociedad industrial apuntaban a la construcción de cuerpos dóciles (domesticables, adiestrados, disciplinados) destinados a alimentar los engranajes de la producción fabril. Estos cuerpos también eran útiles porque respondían y servían a determinados intereses económicos y políticos.
El proceso de formateo de los cuerpos es complejo: tiene doble faz. Por un lado, las fuerzas corporales son incrementadas y estimuladas en términos económicos de utilidad. Por otro lado las fuerzas corporales son disminuidas y subyugadas en términos políticos de obediencia.
En la sociedad industrial, el biopoder apunta a convertir en fuerza productiva los cuerpos y el tiempo de los individuos, con la máquina como modelo y metáfora inspiradora.
El nuevo capitalismo se erige sobre el poder del procesamiento digital y metaboliza las fuerzas vitales con una voracidad inaudita, lanzando y relanzando constantemente al mercado nuevas subjetividades. La ilusión de una identidad fija y estable, tan relevante en la sociedad moderna e industrial va cediendo terreno a los modelos subjetivos efímeros y descartables, vinculados a las caprichosas propuestas y a los volátiles intereses del mercado.
Hay diversas mutaciones que ocurren en los distintos ámbitos del imaginario social. Una primera pista surge de la comparación entre las lógicas del funcionamiento del régimen disciplinario, por un lado, y de la sociedad de control, por el otro. El régimen disciplinario opera con moldes y busca la adecuación a las normas, porque es al mismo tiempo masificante e individualizante (época industrial). En cambio en la sociedad contemporánea tanto la noción de masa como la de individuo han perdido preeminencia o han mutado. Emergen otras figuras en lugar de aquellas: el papel del consumidor. Por Ej.: en lugar de integrarse en una masa el consumidor forma parte de diversas muestras.
Los métodos de identificación de personas ilustran esa transición del mundo analógico al universo digital
En la sociedad contemporánea los sujetos se definen en virtud de sus relaciones con las corporaciones del mercado global, tanto aquellas cuyos productos y servicios cada uno consume, como aquellas a las cuales cada una vende sus propios servicios.
Las empresas imponen su modelo omnipresente en todas las instituciones. Se observa una transición del productor disciplinado (el sujeto de las fábricas) hacia el consumidor controlado (el sujeto de las empresas). En estas nuevas organizaciones sociales no hay dueños ni patrones claramente identificables: en un ámbito de jerarquías confusas los gerentes abundan y los obreros tienden a desaparecer.
Las modalidades de trabajo también cambian y se expanden. Surgen nuevos hábitos laborales que privilegian contratos a corto plazo que enaltecen la flexibilidad. Los empleados están cada vez mas relacionados a un conjunto de dispositivos de conexión permanente, que desdibujan los limites entre espacio de trabajo y tiempo libre.
El consumidor esta condenado a la deuda perpetúa. El endeudamiento no constituye un estado de excepción sino una condena permanente. Convertido en una especie de moratoria infinita. La finalidad de la deuda consiste en permanecer: flexible, inestable, negociable, continua.
Estos cambios no son tan radicales como parecen. Porque tanto el antiguo sistema de encierro, disciplina y vigilancia como la nueva modalidad de consumo desenfrenada y deuda ilimitada representa mecanismos de exclusión. La miseria de la mayoría de la población mundial parece ser una característica estructural del capitalismo, en todos los tiempos y lugares en que fue implementado.

Tecnociencia
El hombre postorganico: un proyecto fáustico

“Genealogías de las relaciones de poder”. Focault estudio los distintos tipos de sociedades en las cuales rigen determinados poderes y ciertas formas de saber. Esas formas de poder y saber son los contextos donde vivimos, hablamos y pensamos.
Las relaciones de poder son vectores productivos, están en lucha constante con otras fuerzas sociales que tratan de imponerse.
La relación entre los cuerpos y la tecnociencia contemporánea, los juegos de poder revelan su calidad productiva ya que pretenden diversas practicas, discursos y saberes, que dan lugar a nuevas formas de pensar, vivir y sentir. “Nuevos modos de ser”. Esos saberes así producidos suelen reforzar los efectos de poder.
Herminio Martins (sociólogo y epistemologo portugués) entiende el cuerpo como una configuración orgánica y lo convierte en un objeto. Sostiene que se trata de una tecnociencia de vocación Fáustica, consiste en superar loa condición humana. Por eso los saberes hegemónicos contempéranos rechazan el carácter material y orgánico del cuerpo humano y pretenden superarlo, buscando un ideal aséptico, artificial, virtual e inmortal.
Algunos ejemplos marcan el terror que causa la tecnología y el conocimiento.
Entre los griegos esta el clásico Prometeo, un titán que proporcionaba fuego a los hombres y junto a él la técnica y a cambia obtuvo el castigo de los dioses. Esto demuestras la arrogancia de la humanidad.
Otro personaje mítico es el de Fausto que pierde el control de su mente animado por una voluntad de crecimiento infinito y queriendo superar sus propias posibilidades, Fausto firma un pacto con el Diablo.
Martins recurre a estas dos figuras míticas para analizar las bases de la tecnociencia.
La prometeica pretende doblegar técnicamente la naturaleza, lo hace apuntando “al bien común” de la humanidad, sobre todo de las clases oprimidas. Este tipo de saber lo que pretende son mejores condiciones de vida a través de la tecnología. Los prometeicos ponen énfasis en la ciencia como “conocimiento puro” y tiene una visión meramente instrumental de la técnica.
Las cosas cambiaron con los avances en biología molecular, a través de la informática del desciframiento de la vida. Simultáneamente a estos procesos, sufrieron algunas convulsiones la fe en la racionalidad humana y la confianza en el progreso, es así como el antiguo prometeismo se encuentra en decadencia y entre en escena la tradición Fáustica, la cual se esfuerza por desenmascarar los argumentos Prometeicos, revelando el carácter esencial de lo tecnológico y del conocimiento científico con lo cual habría una dependencia de la ciencia con respecto a la técnica.
Se asocian los criterios Fáusticos a la Tecnociencia de hoy y se dice que hay una cierta afinidad entre técnica fáustica y capitalismo.
Si bien el fuego se considera una de la grandes conquistas de la humanidad, toda producción industrial se baso en el uso del fuego, pero los nuevos saberes y practicas de la tecnociencia de inspiración fáustica dejan atrás la prometeica edad del fuego, de modo que las herramientas y los combustibles característicos de la sociedad industrial serán reemplazados por otras fuentes de energía de inspiración electrónica y digital.

Inmortalidad más allá del tiempo humano.

Esta tecnociencia actual intenta superar todas las limitaciones del cuerpo humano pues las entiende como obstáculos orgánicos que limitan todas las potencialidades y ambiciones de los hombres. Entre uno de esos limites se encuentra “el eje temporal de la existencia”. Con el fin de romper con eso, el arsenal tecnocienctifico se puso al servicio de la reconfiguracion de lo vivo, en lucha contra el envejecimiento y la muerte.
La tecnociencia contemporánea parece realmente dispuesta a reedificar todas las fronteras y todas las leyes, subvirtiendo la antigua prioridad de lo orgánico sobre lo tecnológico y tratando a los seres naturales como materia prima manipulable.
En los discursos de la nueva tecnociencia, “el fin de la muerte” parece descartar toda visión metafórica para presentarse como un objeto explicito: las tecnologías de la inmortalidad están en la mira de varias investigaciones actuales, desde la inteligencia artificial hasta la ingeniería genética, pasando por la eriogenica y toda la farmacopea antioxidante.
En virtud de las conquistas tecnocientificas en las ultimas décadas, están en revisión los limites médicos y jurídicos entre la vida y la muerte, Como afirma el autor James Hughes: “las condiciones antes consideradas como muerte pasaron a ser reversibles, lo cual exige la colaboración de nuevas leyes, definiciones y practicas”.
En la actualidad los especialistas están discutiendo las alteraciones necesarias en la definición técnica de muerte, que sirve de base a las declaraciones de defunción, que a su vez permiten tomar una serie de decisiones importantes: interrumpir el soporte artificial de la vida, autorizar la extracción de órganos para transplantes, activar los testamentos y enterrar los cuerpos.
El acto de fallecer perdió su sentido absoluto y su carácter sagrado, para someterse “a la capacidad de restauración” proporcionada por la tecnociencia de inspiración fáustica. La probabilidad estadística determina el estado del paciente, en algún punto entre los polos de lo vivo y lo muerto que marcan los extremos de ese macabro menú.
Paralelamente a esas mutaciones en su estatuto medico y jurídico, la muerte también sufre una desvalorización sociocultural. Si antes el acto de fallecer simbolizaba la transición desde el poder soberano de la tierra hacia el poder soberano del mas allá, y se conmemoraba como un momento especial en que dichos poderes brillaban con todo su esplendor, en el mundo burgués se convirtió en algo que debía ser escondido.
Si el bípode establece sus puntos de fijación sobre la vida a lo largo de todo su desarrollo, la muerte aparece como aquel momento inefable que, subrepticia y definitivamente, se le escapa.

Virtualidad más allá del espacio humano

Otro tipo de restricciones derivadas de la materialidad orgánica del cuerpo humano se refiere al ámbito espacial de su existencia. Un fenómeno tan actual como el imperativo de la conexión responde a la demanda por superar todas las barreras espaciales, un mandato estipulado por la abundante oferta de dispositivos y servicios teleinformáticos, desde los omnipresentes teléfonos celulares hasta las computadoras portátiles y el acceso a Internet, pasando por los sistemas de localización tipo GPS.
Menos polémicas que las de la inmortalidad, las tecnologías de la virtualidad suelen ser alabadas por su capacidad de potenciar y multiplicar las posibilidades humanas. Las nuevas soluciones ofrecidas por la teleinformática permiten superar los límites espaciales: anulan las distancias geográficas sin necesidad de desplazar el cuerpo e inauguran fenómenos típicamente contemporáneos como la “telepresencia” o la “presencia virtual”.
La tendencia fáustica vinculada a los saberes y dispositivos de la tecnociencia contemporánea promueve la anulación de toda restricción espacial, ignorando las distancias geográficas y las fronteras nacionales.


Biografia

Paula Sibilia nació en Argentina y estudió Antropología y Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Desde 1994 reside en Brasil, donde actualmente cursa los doctorados en “Comunicación y Cultura” en la Universidade Federal do Río de Janeiro y en “Salud y Ciencias Humanas” en la Universidade do Estado do Río de Janeiro. En 2002 publicó el libro O Homem Pós-Orgânico: corpo, subjetividade e tecnologias digitais, con versión en español editada en 2005 por el Fondo de Cultura Económica, bajo el título El hombre postorgánico: cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales.

Publicado por datosgaby2006 el Mayo 18, 2006 08:55 AM | TrackBack
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