En nuestra sociedad a través del tiempo han surgido nuevas técnicas y herramientas, las cuales nos llevan a pensar en formas de vida, en donde la tecnología no solo ayuda y simplifica nuestro accionar cotidiano sino que también influye en los diferentes estratos de la sociedad, incluido el desarrollo del arte mismo.
Éste último se ha visto conmocionado por la irrupción de lo digital transformándose en una nueva posibilidad artística de expresión que no pretende copiar la manera de ser del arte tradicional sino desarrollarse como un proceso en el cual se establezcan nuevas relaciones con el espectador cuya posición no sería la de un simple “jugador” pasivo sino la de un receptor entrometido y a la vez ejecuto de su obra en particular.
De esta manera, el entorno digital, es el único capaz de configurar el rol del es decir “(...)el espectador deja su papel pasivo y pasa a ser un usuario activo, y llegado el caso, un coautor.”
El rol del sujeto como espectador “es sustituido por la figura del ‘usuario’, que trae incorporada la idea de un sujeto activo emprendedor. Sea como consumidor o como productor, el sujeto debe interactuar.”
El arte digital como campo creativo en donde el poder de lo digital radica en lo maleable y dinámico, sufre una cierta resistencia ya sea por parte del círculo de artistas tradicionales como así también por parte del público consumidor al ser considerado una habilidad técnica más que una manifestación artística.
Sin embargo muchos de los que hacen uso de este arte pertenecen al campo tradicional, cuya intención es experimentar este nuevo proceso que se caracteriza por incorporar 3D, multimedia, animación, video digital; todas herramientas que el artista pone en práctica para evidenciar cuál es su visión acerca de la realidad que tiene en frente.
Un ejemplo concreto de esto lo podemos encontrar en la segunda edición de Mediartech que tuvo lugar en ciudad de Florencia en 1998, una reunión multimedial donde se junta lo más avanzado en informática y nuevas tecnologías aplicadas al arte. View image
Dentro de la exposición, una habitación desoladamente vacía atrae al visitante. Sólo una silla, grandes pantallas parlantes, lo esperan. Nada de cuadros. Alguien se acerca y le conecta sensores , uno en la frente, dos en cada lóbulo de las orejas. La mano izquierda se desliza dentro de un sensor con forma de guante. Después un foco le ilumina la cara y una cámara de video se enciende. Los sensores que se habían conectado al cuerpo del hombre se enchufan también a una potente computadora. Ella registrará las sensaciones, las dividirá en cuatro colores y las proyectará sobre una de las pantallas.
Sobre el otro monitor se proyecta el rostro con los sensores: ahora está rodeado de una aura cromática cuya forma e intensidad “varían según las características del navegante”.
Jesús Alido, artista español y creador del sistema, tras 20 años de pintar de la forma tradicional cambió los pinceles por la computadora y jamás la dejó.
Explica que el espectador convertido en “el navegante” es el creador de su propia obra. Es acá donde radica lo revolucionario del arte digital: cibernautas y computadoras interactúan, modifican la creación original y desarrollan sus propios sentidos de lectura, alterando las estructuras de la tradición y rompiendo con la lectura lineal.
Un año más tarde, en Boston, la galería de arte digital online abierta a todas las experiencias creativas fue una de las páginas más atractivas de la Web en esta materia. Permitió una plena participación del navegante en la generación de la creación artística, ofreciendo la posibilidad de participar en colecciones colectivas.
Hicimos referencia a la cierta negatividad por parte de algunos sectores con respecto a la relación tecnología-arte como así también a la aceptación de algunos artistas tradicionales de este nuevo arte. Queda por preguntarnos entonces si el consumidor del arte clásico podrá adaptarse a este nuevo lugar que el artista les proporciona, o si bien podrá convivir con aquellos pertenecientes a esta nueva era informacional, en donde el propio empleo de la técnica hace posible que el artista no necesite de su presencia física en el espacio donde la acción tiene lugar. En varias oportunidades la institución de la imagen electrónica invita al espectador a consolidar su interacción.
A partir de esta afirmación nos planteamos hasta que punto la interacción de la que hacemos referencia no está mediada por la voluntad del artista. En palabras de Groisman “esta apelación al sujeto (…) encubre una trama en la que sin duda debemos actuar, pero en la que ya está todo dicho.” Existe una posibilidad de democratizar el rol del espectador pasivo, pero no por ello afirmamos que cualquiera tiene la capacidad para crear.
La técnica le permite al artista generar nuevas combinaciones, que de la manera tradicional no se hubiese podido realizar y al mismo tiempo refleja el “nuevo” mundo que se esta gestando permanentemente.
Sin embargo esta irrupción de la tecnología en el ámbito social también afecta al usuario en la medida en que esta interactividad de la cual forma parte le otorga independencia y poder a la hora de producir. Por el contrario, Groissman establece que el proceso de interacción toma forma ante un conjunto de opciones previamente acordadas.
Algunos de los autores que plantean esta problemática, la de comprender esta nueva era, hablan de un espacio sin límites, de no lugar; y un tiempo, fluido, en donde los objetos ya no pueden pensarse como puros sino como aquellos mediados por la tecnología, a lo que Lash identifica como objetos informacionales, superando de esta manera la dicotomía sujeto-objeto.
La técnica se pone a disposición del artista y éste se deja afectar por ella y así experimentar el cambio, para muchos impensable, del pincel al mouse. Siempre ha existido la ocasión de llevar a cabo prácticas colectivas, sin embargo en esta nueva, Internet hace posible que artistas de diferentes nacionalidades, como así también los internautas, se embarquen en proyectos de características multiculturales.
De esta manera se hace notorio cómo la distancia no funciona como una barrera a la hora de que alguien quiera hacer uso de su creatividad., ya que la tecnología en sí misma no es creativa sino que adapta esa cualidad a partir del uso que el cibernauta le da.
Por lo tanto ¿la técnica es una extensión de nuestro cuerpo que ayuda a materializar lo imaginado? ¿Es posible comparar esta modalidad de trabajo con la utilizada por los hackers?
Recordemos que el modelo abierto, o de libre acceso, permite que la colaboración se lleve a cabo de una manera autónoma y al ritmo del interesado.
El arte digital, como cualquier otra nueva innovación en el ámbito de la cultura, ha generado resistencias y adhesiones de nuestros artistas y de aquellos que quisieron romper con los prejuicios acerca de la relación técnica-arte como así también la escala de opciones y alternativas. Todos ellos reflejan el nuevo tiempo en el que se demuestra la superación del capitalismo de consumo, por lo tanto el de la era industrial.
Si bien es difícil captar lo característico de nuestro tiempo como es el caso de la fluidez de los objetos, esta nueva modalidad de crear producciones digitales refleja, como pocos, lo inconcluso e inconstante de la obra. Un cuadro tiene un tiempo de elaboración y produce una obra definitiva.
En los casos citados no necesariamente una obra digital tiene como fin lo determinado, lo único; por eso decimos que capta la rapidez y “ese” instante en el cual estamos viviendo, pudiendo observar así las particularidades del espectador- usuario.
La intención no es desterrar al arte tradicional sino que puedan convivir y a la vez nutrirse del nuevo arte que se está generando y evitar que quede al margen de las innovaciones que median nuestro accionar cotidiano.
La descripción que hacen de la problemática está bien. Ahora bien, además de Groissman podían incluir citas de Alberich i Pascual y de Casacuberta. Es una lástima que no hayan puesto las imágenes directamente en el post. Un trabajo sobre arte digital, como es éste, lo necesita. Además no todas las imágenes se condicen con el texto.
Saludos
Roberto


