Los mensajes de texto
¿una práctica que atenta contra la presencia?
Hoy en día, las tecnologías envuelven la vida cotidiana de millones de personas alrededor del mundo. Una de las formas en la que esta técnica se materializa es a través de los celulares. Entre los diferentes usos que es posible asignarle a este artefacto, los mensajes de texto constituyen la función más utilizada por los jóvenes tanto por cuestiones económicas (el bajo costo del envío) como por la rapidez, instantaneidad y practicidad de usarlo en cualquier tiempo y lugar.
Sin embargo, ésta nueva forma de comunicación plantea una problemática a debatir: ¿qué sucede cuando no hay referente de corporalidad? Es decir, ¿cómo se ve afectada la percepción del otro cuando el medio de comunicación utilizado es un tipo de contacto totalmente ajeno a una conexión física y/o presencial entre los interactuantes?
Habitualmente, o por lo menos así lo era hasta hace solo un par de años, cuando las personas necesitaban comunicarse con los demás, ya sean amigos o parientes, lo hacían mediante vía telefónica o personalmente. No obstante, los procesos comunicacionales cada vez presentan nuevas formas a través de las cuales es posible comunicarse o estar en contacto con los demás. El mundo actual cada vez exige más estar interconectados y comunicados con el mundo, lo cual (gracias a la complejidad de la vida cotidiana) es posible lograrlo sólo a través de mediaciones. Pero ¿qué efectos produce esto? Éste fenómeno que se experimenta cada día en las abarrotadas ciudades de distintas partes del globo, ya sea en los ambientes laborales o estudiantiles y cada vez con más fuerza en las relaciones amistosas, produce efectos que comúnmente no son discutidos. Pero, si es éste un suceso cada vez más constante y divulgado en la experiencia diaria ¿por qué resulta tan preocupante e inquietante?
Continuamente se muestran declaraciones de padres y maestros preocupados por los adolescentes y jóvenes que cada vez se ven más zambullidos en esta vorágine tecnológica. ¿Constituye en este caso un método comunicacional que forma parte sustancial de la experiencia humana o es más bien visto como un objeto extraño e independiente de la existencia humana que cada vez cosifica y aleja más a las personas entre sí? Estas cuestiones y otras que irán surgiendo en este recorrido serán analizadas con el simple objetivo de intentar y/o comenzar a echar luz sobre un tema más que importante, no solo para el presente que se vive sino para el futuro que se aproxima.
Al realizar o recibir una llamada por teléfono, el medio que permite saber que el otro está allí es la existencia de su voz. Es posible no solo percibir a la persona, que puede estar a cientos de kilómetros como a tan solo un par de cuadras, sino también escucharla. Es su voz y no la de otro individuo la que se hace presente en esta relación. Lo mismo e inclusive con más intensidad se puede aplicar a la comunicación “face to face” (cara a cara), en la que además se manifiesta la presencia completa del otro como persona. En ambos casos, la corporalidad se hace presente de una u otra forma.
Contrariamente a esto, los mensajes de texto presentan una percepción del mundo algo distinta. En éstos, los indicios que remitirían al cuerpo están ausentes ya que lo único que se manifiesta en este intermediario son solamente palabras plasmadas en una minúscula pantalla. La relación con los demás, en este tipo de tecnología, se realiza con ausencia absoluta de la presencia o cualquier tipo de índice que remita al cuerpo tanto del que envía como del que recibe mensajes. Este aspecto o carencia produce diversos efectos o consecuencias a tener en cuenta al momento de tratar la cuestión de la presencia y la corporalidad en la relación de contacto y comunicación con los demás. Para analizar estas cuestiones se recurrió al método cualitativo de las entrevistas. Las mismas fueron realizadas a jóvenes de entre diecisiete y veinte años de edad a los cuales, básicamente, se les preguntó en primer lugar cómo habían llegado a tener el celular, cuál de sus funciones era la que más utilizaban (la cual sin duda alguna fue la de los SMS), por qué se daba esta preponderancia sobre las demás, qué comparaciones podían establecer entre este tipo de comunicación y la que se da “cara a cara” o por vía telefónica, los beneficios y las desventajas de ambas, si consideraban que una reemplaza a la otra, si cambia o no la relación con los otros individuos a partir de la utilización de este medio, si se sentían satisfechos al utilizarlo para relacionarse con los demás y diversas cuestiones de este tipo referentes a cómo cambiaba la percepción de los demás en uno u otro método de vínculación.
Algunos de los resultados que se extrajeron de este procedimientos es, por ejemplo, la ausencia de gestualidad que se registra en este tipo de contacto relacional. Al escribir o recibir mensajes de texto, los individuos no pueden trasmitir ni percibir, respectivamente, emociones, sensaciones, intenciones o expresiones de aquellos con los que se está “comunicando” (cabe debatir para futuros desarrollos si en este caso se está hablando de una verdadera comunicación). Lo único que se recibe del otro son palabras aisladas sin ningún tipo de significación. Según lo manifestaron los individuos entrevistados, más allá de los símbolos o expresiones (como :·) o ja ja ), éstas nunca llegan a percibirse de la misma forma y con el mismo sentido que si se produjeran, por ejemplo, a través de la voz transmitida por el teléfono o de forma directa y con la presencia de la persona, que también se expresa por medio de gestualidad corporal (por ejemplo por movimiento de manos, o expresiones faciales). Esto, indudablemente, influye en la percepción que se tiene del otro como individuo en el sentido de que se manifiesta una ausencia en el hecho de no poder ver (presenciar) ni escuchar al otro. Así, lo que se manifiesta es una ausencia de corporalidad.
Otro de los efectos que puede producir este tipo de contacto (planteado reiteradamente por los entrevistados) son los malos entendidos, en ocasiones producto de la alta utilización de abreviaturas que si bien actúan como convención o código compartido entre los usuarios muchas veces tienen significados ambiguos o el receptor las desconoce, esto se ve intensificado justamente por el aspecto planteado anteriormente. El hecho de no poder mantener una conversación fluida, instantánea y gestual (corporal o fónicamente) dificulta entender y comprender las intenciones expresadas por los demás.
De esta manera, es posible observar la complejidad que presenta un simple artefacto que diariamente es utilizado sin siquiera plantearse cuestiones de este tipo. Aunque no es la intención hacer de este análisis una fatalidad, es indudable la forma en la que el mundo y con él las personas que lo habitan, van modificando la manera no solo de ver la realidad sino de relacionarse entre sí. Como se planteaba al principio, no resulta fácil responder a las demandas cotidianas del mundo interrelacionado del siglo XXI pero esto tampoco tiene que significar una desvalorización absoluta del ser humano y sus formas tradicionales de comunicarse. El mundo y las tecnologías pueden avanzar; pueden salir al mercado autos cada vez más veloces y con cientos de funciones, crearse robots que ejecuten las tareas que nos resultarían más tediosas de hacer, medios de noticias cada vez más instantáneos y en tiempo real. Todo esto y, seguramente, mucho más puede surgir a cada segundo y con la velocidad de un simple parpadeo; pero hay algo que no va a cambiar nunca y eso es la presencia humana. Inevitablemente, más allá de todas las mediaciones que puedan existir, los seres humanos necesitan relacionarse y para esto no hay mejor forma que estar en contacto. Las personas necesitan sentir que el otro está allí, que está escuchando y sintiendo lo que le dicen. Requieren de esa relación cargada de significación en la que reconocemos al que nos está hablando porque percibimos su personalidad, su temperamento, su manera de referirse a nosotros. Sin embargo, muchos de estos aspectos no se pueden expresar en los mensajes de texto, ya sea porque los mismos códigos de funcionamiento lo plantean como una manera rápida y acotada de comunicarse como por la limitada extensión que este posee. En el sistema de “Chat” si bien se observa este carácter escrito del habla, se manifiesta de una manera diferente. En éste la comunicación no es tan limitada sino que, aunque no mucho, se pueden extender más los mensajes. Además, en este procedimiento se dan verdaderas comunicaciones virtuales en las que es posible un continuo “ida y vuelta” de opiniones, sentimientos, expresiones e ideas. Al mismo tiempo, no se podría hablar de una absoluta descorporalidad ya que es posible, por ejemplo, ver al otro con quien se está estableciendo una comunicación a través de la cámara.
Por lo tanto, se puede plantear a modo de interludio para futuros análisis, algunas consideraciones para nada acabadas (en el sentido de que es factible discutir sobre ellas y inclusive plantear más) como para comenzar a pensar un poco más acerca de algo que no solo forma parte de nuestra experiencia diaria con la realidad y todo lo que ello significa, sino que es una extensión de nuestras capacidades para estar más en contacto con los demás y responder a las exigencias del trajín moderno.
Si bien lo que se comentan son algunas consideraciones críticas, no son planteadas desde una perspectiva negativa sino que más bien forma parte del intento de hacer consciente aquello que, en la cotidianeidad, es inconsciente. Es decir, indagar con un poco más de profundidad acerca de un fenómeno que se impone inevitablemente en la existencia actual y al cual no es posible darle la espalda o negarlo. Es indiscutible el hecho de que los SMS constituyen hoy en día una forma más de contactarse con los demás. Pero justamente es eso, solo una de las tantas formas que hay para relacionarse, por lo cual no es necesario considerarlo ni un enemigo ni un monstruo que va camino a devastar la humanidad. Si bien es importante plantear lo que le atañe a este tipo de vínculo, no hay porque demoñizarlo. Es necesario tener en cuenta los aspectos tratados y observar que lo peligroso sería considerarlo como la única forma para relacionarse con el mundo, esto sería lo verdaderamente riesgoso. Lo cual es, en realidad, no muy común ya que en casi todos los casos es simplemente un medio más a través del cual es posible contactarse. Verdaderamente, resulta ser solo una procedimiento adicional para hacer comentarios triviales o arreglar encuentros.
Finalmente, un hecho que no puede dejarse de lado y que ayuda a darle a cada tecnología su lugar y uso correcto es que la presencia cierra el sentido de lo que se dice. No solo las palabras dicen sino que también nuestro cuerpo habla. Somos expresión pura, seres comunicacionales y como tal necesitamos de la presencia del otro para sentir que está ahí, que nos está diciendo eso pero que además lo siente. Esto es lo que cierra el sentido y el significado de lo que se afirma porque como dice el dicho “las palabras se las lleva el viento” y a los mensajes de texto también.
INTEGRANTES: Aza, Daniela
Coló, Daniela
Paradiso, Ma. Florencia
Vissio, Cecilia


