Como jóvenes estudiantes de Ciencias de la Comunicación, nos vemos obligados a dar cuenta de las nuevas formas tecnológicas de vida a través de la observación y el análisis directo de los “objetos” que intervienen de manera cada vez mayor en nuestras vidas. ¿Por qué nos interesa estudiarlos? Porque creemos que aunque de manera sosegada, las compras a través de la Red modifican nuestra forma de sociabilización. No intentaremos producir juicios de valor, ni pronosticar futuros que son inciertos, sólo utilizaremos la teoría aprendida para comprender un nuevo fenómeno que modifica la realidad social: la compra virtual.
Las cosas están cambiando, estos tiempos nos dan la posibilidad, por medio de Internet, de “recorrer el súper”, “ir” al banco a pagar las cuentas o “pasear” para comprar productos tecnológicos; todo con un simple clic, moviendo tan solo un dedo.
Es un fenómeno que no podemos obviar, ni siquiera en un país como Argentina, en el cual el grado de inserción a la red se mantiene en niveles bajos respecto a países más desarrollados como Estados Unidos, Islandia o Dinamarca, entre otros. Habitamos una sociedad globalizada y crecientemente “digital” en la que las nuevas condiciones de vida y hábitat modifican de manera indudable las formas de consumo.

La falta de tiempo, la incorporación del matrimonio a la vida laboral (el hombre y la mujer deben trabajar para garantizarse un mínimo nivel de subsistencia), hace que proliferen nuevas formas de distribución, cuyos puntos fuertes son la comodidad y la rapidez por encima de otros rasgos. En este sentido, cabe destacar el crecimiento de la utilización de los servicios de Delivery, al igual que la compra telefónica o la compra electrónica a través de Internet. Hoy en día, es fácil observar a nuestro alrededor cómo los negocios de distintos rubros adoptan estos servicios con el fin de preservar sus ganancias y poder en el terreno.
Se están desarrollando entonces, lo que Scott Lash denomina “Formas tecnológicas de vida” es decir, nuevos modos de hacer las cosas que incorporan a la tecnología como elemento principal. Estas incipientes formas se caracterizan por la prescindencia del cuerpo físico en la interacción; los tradicionales modos de vida se convierten en relaciones a distancia. Se transforma el tiempo lineal y la lógica de causa-efecto: se percibe una fusión de las prácticas y la reflexividad, dejando de ser esta última un espacio previo a la realización de la acción.
La nueva lógica de nuestra sociedad, está regida por la aceleración del tiempo, todo sucede dentro de una dinámica donde la velocidad como necesidad y búsqueda marca el ritmo de las relaciones interpersonales y las prácticas en sí, no dando lugar a la reflexión y al análisis, transformando en real sólo lo empírico, lo visible, en un aquí y ahora que es en esencia efímero.

Las expresiones de la Red más analizadas, el chat y el e-mail, no son las únicas que merecen ser tratadas. Las transacciones comerciales en la Red van ganando lugar debido a las posibilidades económicas que brindan, afectando las prácticas tradicionalmente presenciales. El vínculo espacial y el lazo social se rompen, ya que estas actividades pueden realizarse desde cualquier lugar geográfico e incluso de manera impersonal. Estas formas de vida incrementan el individualismo y la superficialidad, volviendo fugaces las relaciones entre los hombres.
Cuando nos referimos a transacciones comerciales en la red, pensamos en pagos de facturas de servicios, compras virtuales, ya sea de productos de la industria cultural (música, libros, DVD, películas, videojuegos) como así también, de compras relacionadas con la canasta familiar.
Tomaremos a modo ilustrativo las que se pueden realizar a través del sitio www.discovirtual.com de la cadena de supermercados Disco. En este servicio se ofrece navegar por pasillos virtuales, divididos en góndolas y estantes, todo ésto creado a través de links que simulan el recorrido en el espacio real. Como sostiene Slavoj Zizek, hay un “desplazamiento a una cultura posmodernista de simulación”, se oculta el funcionamiento de la maquinaria que está detrás y se intenta “simular en la forma más fiel posible nuestra experiencia cotidiana”. Discovirtual lo demuestra al expresar en su página: “los productos son especialmente seleccionados de nuestras góndolas, como usted mismo lo haría; por eso obtiene la misma calidad y frescura que encuentra en nuestros locales”.
Los beneficios que la misma publicidad del servicio explicita son la comodidad (lo hace desde su casa) la facilidad y la velocidad (compre en diez minutos), intentando generar confianza en que la calidad no se verá afectada por esta forma de adquisición virtual; lo que habla de una dificultad en la adaptación del usuario argentino a este nuevo modo de realizar sus compras. Como estrategia de venta, también se otorga la misma posibilidad de elección y alternativas de pago que al realizar la compra en el espacio físico real, y brinda la posibilidad de hacer las compras desde el exterior, destinadas a familiares residentes en Argentina, por un costo bajo de envío (desde $3).
En cuanto al pago de facturas vía Web, se evidencian similares beneficios a los mencionados anteriormente. Los más recurrentes a efectuar este tipo de transacción son individuos cuya actividad laboral está vinculada con el uso de tecnologías. Los usuarios destacan como beneficios la comodidad, rapidez y el acceso irrestricto en cuanto a tiempo y lugar. Estos usuarios no manifiestan encontrar desventajas en este sistema.
Un caso distinto a los analizados hasta el momento es el de los sitios de subasta que realizan operaciones comerciales contactando un usuario oferente con posibles compradores. Lo que distingue a estos sitios de los anteriores es que no participan de la transacción en sí, sólo proporcionan el lugar para el contacto, sin hacerse responsables de las consecuencias entre las partes. Estos sitios dejan en manos de los usuarios la posibilidad de elegir el medio para llevar adelante la negociación, ya sea vía Internet, telefónica o cara a cara, y ofrecen todo tipo de productos, aunque las compras que se realizan con más frecuencia son las de productos de electrónica (cámaras, reproductores de música, televisores, etc.).
Los usuarios que utilizan este servicio son principalmente jóvenes que buscan comprar a un precio menor al del mercado, que es el beneficio característico de estas transacciones en detrimento de la velocidad y rapidez que caracterizan a los casos anteriores. A su vez, si bien ésta transacción comienza siendo impersonal y a distancia, posibilita que a futuro, la relación entre el comprador y el vendedor sea personal, asemejándose a las prácticas comerciales en la vida real e incluso en algunos casos acentuándolas.

Es preciso destacar que estas últimas formas más relacionadas con la búsqueda del contacto de los usuarios, ya sea por la simple sociabilización o por la búsqueda de seguridad o precio son las más usadas en nuestro país y quienes las utilizan no siempre comparten las demás formas.
Es necesario hacer hincapié en algunos aspectos importantes. Si bien el uso de tecnologías en las actividades cotidianas no es masivo en nuestro país, se percibe, sin embargo, una tendencia cada vez mayor. Actualmente, el perfil del comprador “tecnológico” es el hombre de mediana edad (de 25 a 34 años), motivado por la comodidad, la rapidez y la carencia de límites de tiempo y espacio que posibilitan las “nuevas formas tecnológicas de vida”. A su vez, están fuertemente relacionados con las tecnologías a partir de su actividad laboral o estudiantil. Este no es un dato menor, la convivencia con las formas genera la confianza necesaria y la naturalización de los procesos, sin dar cuenta de las pérdidas.
A pesar de incorporar estas “formas tecnológicas de vida”, los usuarios no dejan de lado el discurso de la racionalización, es por eso que su análisis se hace a partir de la dicotomía costo / beneficio, considerando al tiempo como el bien más preciado, lo que los lleva a postular como único argumento, la pérdida o ganancia de este. Es así como no da cuenta del detrimento del contacto cara a cara, encuentro básico de cualquier socialización.
Se podría afirmar entonces, que las formas de sociabilidad están cambiando, lo cual no significa que en un futuro se abandonen las formas tradicionales de comercio provocando la pérdida de las relaciones sociales que éstas generan, sobre todo en una sociedad como la nuestra en la que la universalización del acceso a las tecnologías parece lejano. Sólo observamos que hay nuevas formas de contacto, nuevas tendencias para la cultura, que modifican y a la vez coexisten con las tradicionales.
Capitán, Lucía
López Binaghi, Rafael
Tasso, Silvana
Truco, Carla
Sánchez, Romina


