Victoria De Michele
La aparición de una tecnología que modifica significativamente las costumbres de una cultura produce, por lo general, una cierta tensión en el campo en que se incluye. No es usual que la innovación se reciba sin desconfianzas y pronósticos trágicos acerca del cambio que va a producir. Eso fue lo que sucedió cuando en las culturas orales surgió la escritura y cuando en la cultura escrita apareció la computadora. Entonces, el primer encuentro entre la cultura anterior y la innovación es de tensión, de lucha por conservar las antiguas costumbres. En ese contexto de transición, por lo general, la innovación no cuenta con una amplia legitimidad, sino que es blanco de acusaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, cuando la tecnología es asimilada, empieza a ser legitimada socialmente.
A pesar de lo que puede pensarse en una primera instancia de aparición de la tecnologías, éstas no excluyen – por lo general- a las prácticas anteriores, sino que las modifican. En ese sentido, es claro que la escritura, entendida como una tecnología, modificó sustancialmente a la cultura oral y que, en muchos aspectos, reemplazó a la palabra viva. Pero es evidente que la escritura no ha sustituído totalmente a la oralidad. Prueba de ello es la vida cotidiana: la gente no se comunica mediante carteles ni pizarras portátiles ni alguna otra cosa estrafalaria sino que lo hace oralmente. Por otro lado, cuando se piensa a la literatura como ejemplo de la sustitución de la escritura por la oralidad, no hay que olvidarse que literatura, se alimenta constantemente de la oralidad no solamente en el sentido de que reproduce diálogos, sino también porque toma palabras de contextos vivos. Por lo tanto, habría que ver cómo se complementan la escritura y la oralidad antes que pensar que una va a suprimir a la otra. De la misma manera, la computadora o las tecnologías que permiten comunicarse más allá del contexto inmediato, no excluyen a la oralidad ni a la escritura, sino que las modifican; como, por ejemplo, el teléfono que lejos de eliminar la oralidad cara a cara permitió otro modo de oralidad, o el correo electrónico, que no significó la eliminación de las cartas, sino que transformó el modo de escribirlas.
La aparición de una tecnología que modifica significativamente las costumbres de una cultura produce, por lo general, una cierta tensión en el campo en que se incluye. No es usual que la innovación se reciba sin desconfianzas y pronósticos trágicos acerca del cambio que va a producir. Eso fue lo que sucedió cuando en las culturas orales surgió la escritura y cuando en la cultura escrita apareció la computadora. Entonces, el primer encuentro entre la cultura anterior y la innovación es de tensión, de lucha por conservar las antiguas costumbres. En ese contexto de transición, por lo general, la innovación no cuenta con una amplia legitimidad, sino que es blanco de acusaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, cuando la tecnología es asimilada, empieza a ser legitimada socialmente.
A pesar de lo que puede pensarse en una primera instancia de aparición de la tecnologías, éstas no excluyen – por lo general- a las prácticas anteriores, sino que las modifican. En ese sentido, es claro que la escritura, entendida como una tecnología, modificó sustancialmente a la cultura oral y que, en muchos aspectos, reemplazó a la palabra viva. Pero es evidente que la escritura no ha sustituído totalmente a la oralidad. Prueba de ello es la vida cotidiana: la gente no se comunica mediante carteles ni pizarras portátiles ni alguna otra cosa estrafalaria sino que lo hace oralmente. Por otro lado, cuando se piensa a la literatura como ejemplo de la sustitución de la escritura por la oralidad, no hay que olvidarse que literatura, se alimenta constantemente de la oralidad no solamente en el sentido de que reproduce diálogos, sino también porque toma palabras de contextos vivos. Por lo tanto, habría que ver cómo se complementan la escritura y la oralidad antes que pensar que una va a suprimir a la otra. De la misma manera, la computadora o las tecnologías que permiten comunicarse más allá del contexto inmediato, no excluyen a la oralidad ni a la escritura, sino que las modifican; como, por ejemplo, el teléfono que lejos de eliminar la oralidad cara a cara permitió otro modo de oralidad, o el correo electrónico, que no significó la eliminación de las cartas, sino que transformó el modo de escribirlas.
me gustarìa que las comparaciones fuesen un poco màs àmplias,y los textos no tan generalizados, porque las cosas estarìan muy superficiales
Publicado por: silvia a Mayo 22, 2005 04:48 PMson unos tarados porque dice 2 veces lo mismo
Publicado por: Laura a Mayo 16, 2006 09:54 AMmuy buena la informacion simple y muy bien explicada
Publicado por: andrea a Noviembre 17, 2006 12:06 PMNo se molesten en leer esto, lo escribí porque era parte de los requisitos para aprobar el taller de datos. Saludos y muerte a la escuela de Toronto...
Publicado por: Victoria a Diciembre 11, 2006 01:21 PMViva la pepa y el pete
Publicado por: Paola a Diciembre 11, 2006 01:24 PMpor otro lado, ahora que lo vuelvo a leer me doy cuenta de que lo que dice es mentira... cada vez estamos peor, pronto seremos un cerebro flotando en líquido.
Publicado por: Victoria a Diciembre 11, 2006 01:30 PM

