Silencio...
¿Qué pasó?... ¿Morí?...
Silencio...
Yo sigo estando. Sé que sigo estando...
Aunque... algo de eso de que el autor muere debe ser cierto. Al menos algo pasó, algo cambió, algo no es lo mismo que antes... Algo le pasó a mi letra, incluso. ¿Dónde está?... ¿Por qué son todas iguales y perfectas?... ¿Por qué?... Si la mía era producto de mi mano, desprolija, no como ésta. Así, única, original e irrepetible. Si la mía era mía, al igual que mi cuadro, que ahora se parte, lo parten en pedazos. Perdió su valor, su culto, su valor de culto...
...Y duele...
...Duele ver mi obra, acá, virtual, inmaterial. “La imagen informática es una imagen puramente virtual. Se reduce a una señal numérica, es decir a una serie de cifras, a una serie de algoritmos. Estamos lejos de la materia-imagen de la pintura, del objeto fetiche de la fotografía, y hasta de la imagen sueño del cine. Es más una abstracción que una imagen. Es el triunfo de la simulación donde la impresión de realidad es reemplazada por la impresión de presencia, donde el usuario experimenta la simulación como algo real, donde solamente la imagen ya no tiene cuerpo, sino donde lo real mismo parece haberse volatizado. La idea misma de representación pierde todo su sentido, la representación presuponía una distancia original entre el objeto y su representación. Con la imaginería informática, esta diferencia desaparece. La realidad es virtual”.
...Duele ver cómo se la llevan en un diskette; duele ver cómo la copian, la pegan, la transforman.
Ahora todo se transforma, todo se digitaliza. La cotidianidad se digitaliza. La subjetividad, la sensibilidad, los modos de hacer... Todo. Me causa cierta melancolía. Supongo que no me gusta la idea. Supongo que me cuesta dejar la “aldea”, tradicional, sagrada... Es raro: ¿a quién le gusta morir?... Y estoy sintiendo morir...
Está claro: este arte duele: como autor, duele. Duele no ver el aquí y ahora de “mi” Guernica. Duele esta manifestación del arte: en una pantalla, donde se masifica, se reproduce, se multiplica. Donde cae la autenticidad, la originalidad. Donde el recogimiento terminó cediendo frente a la dispersión. Donde la paleta de colores la proporciona el software, donde la tecnología se apoderó del sujeto, del autor, de su tradición, su cultura, su arte... de su obra, de su aura... Donde por más que use un sinfín de veces la palabra “donde”, no sé bien dónde ir a buscar esa “manifestación irrepetible de una lejanía”, antes palpable desde su materialidad.
Y esto es lo que molesta. ¿Dónde y cuándo?, ¿aquí y ahora?... No la veo... Algo no me cierra. La obra no (me) cierra. ¿Qué han hecho de mi obra?... La “abrieron”. Y al final lo digital pareciera borrar mi presencia. Mi autoría se pierde en medio de la tecnología, en medio de sus recursos. Esos recursos que no me evidencian. Porque los que sí me evidenciarían no están, se perdieron en el camino. Se pierden, como muchos sentidos. No es lo mismo ya percibir la rugosidad de mis pinceladas que los rayones que pudiera tener la pantalla, fría... No es lo mismo el poder percibir el olor del óleo que no poder hacerlo. Eso está claro. Como también está claro que no es la misma percepción la que se puede hacer desde acá , ahora. Sus dimensiones cambian. La obra cambia.
“La imagen adhiere temporalmente a lo real hasta unírsele integralmente en su casi eternidad virtual. La relación de semejanza ya no tiene sentido puesto que no hay representación ni referente. La relación mimética funciona estrictamente a la manera de dos espejos paralelos enfrentados que se reproducen al infinito sin que sepamos donde está el punto de partida. La mayor parte de las imágenes de síntesis se esfuerzan por reproducir imágenes que ya existen, objetos conocidos por todos”.
Y yo quedo a un costado. Mi orgullo no me deja ver más allá de mis narices, y me resisto a la idea de que no sea yo y sólo yo el que pueda “abrir el Guernica”. Me cuesta dar un paso atrás al poner “el” en vez de “mi” Guernica. Me duele en el orgullo. Me intranquiliza ver cómo un texto (mi texto) estable, cristalizado (que había hecho en/de mí un sujeto “jurídico”) se desarticula, se abre, y aquel “momento filológico” queda, como yo, hecho a un lado; para dar lugar otro momento, a un “momento de interpolación”, donde la obra, el texto, queda “exhibido” (cobra valor exhibitivo) y libre de ser manipulado, descompuesto y recompuesto.
Este momento es cultural, dado por la tecnología informática. Y es esta última la que nos permite reconstruir la historia de la cultura no como una serie de discontinuidades originales, sino como una cadena ininterrumpida de copias. Como diría Dubois: “la maquinaria que se introduce es extrema, no viene tanto a agregarse a las otras sino que vuelve a las fuentes, al punto de partida de la representación: con la imagen informática, se puede decir que es lo “real” mismo que se vuelve maquinístico puesto que es generado por la computadora. Esto transforma al estatuto de esta “realidad”. Con la imaginería informática ya no es necesario: la máquina misma puede producir su propio “real” que es su misma imagen. Los dos extremos del proceso, la fuente y el resultado, se reúnen aquí para fundirse provocando una confusión por colisión”.
Y volvemos a la oralidad primaria, donde no interesaba quien era el autor y se trabajaba sobre el texto una y otra vez. Esto lo entiendo, sí. Estamos en una “aldea global”, y el arte no escapa a esto, y las cosas no pueden ser de otra forma. Pero todavía me hace ruido la idea de que se debilite en la conciencia la idea de autor. Me cuesta aceptar que sea complicado captar la esencia del autor en una obra de arte digital. Se pierde mucho, creo. Se pierden cosas al tener el autor que acercarse a la función del comisario tradicional, al tener que renunciar a su privilegio de autor individual; al dejar que el acto creativo sufra un proceso de colectivización y distribución. Ahora, la función consiste en canalizar la creatividad colectiva, darle forma, unificarla. Y la responsabilidad radica en plantear y comunicar al espectador las posibilidades combinatorias de la obra, así como fijar su tono e implicación.
Pero como si esto fuera poco, ahora, también, habría que delegar en el espectador parte de la responsabilidad en la creación artística. Es duro para mí entender que el público es el responsable de lo que ve y del mundo que crea. Como artistas esperamos mucho del público: un visitante debe de llegar a formar parte del sistema para darse cuenta de que no existen soluciones predefinidas de lo que hay que hacer y lo que hay que ver y que, en cambio, la obra de arte se desarrolla por su interacción. Porque el único imperativo hoy es estar conectado. Hoy en día incluso el yo es permeable...
...Lo que importa es “estar conectado”...
...En esa búsqueda de interactividad e inmersión, cuando con el arte tradicional siempre se buscó establecer distancias, me hacen ruido estas cosas, pero empiezo a aceptarlo. Y además hay algo de todo esto que me empieza a gustar...
...Por vez primera, se nos estaría ofreciendo un modelo de sociedad (virtual) basada en intereses comunes, cuyo desarrollo no respondería a la proximidad o lejanía en el espacio físico de sus componentes, sino a la conectividad. Esto tiene otro sabor, no me resulta tan amargo: ¡Qué bueno que el Guernica esté “en todos lados”!... ¡Qué bueno que la obra circule y las trabas económicas e institucionales se borren!...
...Y eso me produce satisfacción...
Aunque prime la conexión sobre el contenido, aunque se pierda el monopolio del creador y se presentara una obra abierta e inacabada, se empieza a entender al arte como un proceso dinámico y emergente, fruto de la interacción compleja de sus miembros.
Y eso está bueno, muy bueno...
No escapo a la modernidad, a la dialéctica, y reconozco que me torno contradictorio. Está bien. Pero vale... Y acepto. Puedo entender que se anule la corporalidad y que se cree con un dedo, con colores digitales, y sobre todo (ahora que caigo en la cuenta), puedo entender de que con la digitalización del arte no sólo se abre el texto, sino que también se abre la posibilidad de crear a partir de lo ya creado, de hacer propio lo que tal vez no le es propio.
¡Y sigue presente la inspiración!... ¿Por qué no?...
...Hay que inspirarse al hacer un montaje. Y la catarsis (que antes creía que corría sólo por cuenta mía) está tanto en el que realiza la obra como en el que “visita” la obra y la “lee”. ¿O acaso yo no me estoy valiendo de otros textos, de otros autores para escribir esto?, ¿acaso yo no me inspiré en el horror de Goya?, me pregunto. Y me convenzo...
...Entonces...
...Yo no diría que estoy muerto... “Reencarno” en distintos autores cada vez que “nuestro” Guernica “es hipotexto de algún hipertexto”, como si mi cuadro “tuviera hijos”. Yo al tener hijos no morí, me reproduje. No se han extinguido los Picasso, sino que se han multiplicado...
...Y “me saco el sombrero” al verlos...
...Porque la hipertextualidad, el collage, el montaje, la serialidad -productos todos del artista digital- no son un robo, un comentario, sino una transformación, que sin dudas logra conmoverme, capturar mis sentidos, hacerme pensar y gratificarme en ese compartir (y lo siento de veras) sus sueños, sus realidades, sus utopías, sus fantasías, sus ilusiones… Su arte. Mi arte. Nuestro arte...
...Entonces ya no me enojo, ya no protesto, ya no discuto, ya no me importan los debates de lo verosímil, del maquinismo versus el humanismo, de la semejanza y diferencia, o de la materialidad e inmaterialidad que da un soporte u otro... Aunque es difícil ver caer tu aura, es gratificante ver nacer la de otros autores...
...Ahora sólo disfruto y les pregunto:










¿Ustedes piensan que he muerto?
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Los Felípez: María Alicia Musacchio, Susana Lago, Micaela Martínez, Martín Suárez Pumar, Ruy Gratia.
Agradecimientos especiales a los autores que nos han inspirado:
Dubois, "Video y teoría de las imagenes",Seminario interior,Secretaría de publicaciones, 2003.
Genette, Gerard,"Palimpsestos", Taurus
Metz, Christian,
Agradecimientos especiales a los autores que nos han inspirado:
Dubois, "Video y teoría de las imagenes",Seminario interior,Secretaría de publicaciones, 2003.
Genette, Gerard,"Palimpsestos", Taurus
Metz, Christian,
Especialmente a Pablo Picasso


