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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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El papel del usuario en la narrativa y artes digitales. (parte 2)
16.03.2004

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El papel del lector asume su actividad al enfrentarse a una obra que requiera una reflexión para su comprensión y no a una situación con opciones predeterminadas y previsibles.

Arte y Tecnología
Paralelamente a la situación ya descripta, el progreso en las tecnologías no implica necesariamente una destrucción absoluta de la capacidad crítica y reflexiva, aunque esta parezca restringirse cada vez más.
El proceso por el cual el arte digital se enfrenta con la realidad social y económica que lo ha hecho posible no se encuentra exento de contradicciones. Antes bien, el conflicto que constituye su propio desarrollo y consolidación nos ubica en una perspectiva analítica apropiada.
El compromiso de muchos artistas con las nuevas tecnologías no los exonera de su compromiso ideológico. La fragmentariedad, la desorganización y la discontinuidad son características de neto corte postmoderno, pero en manos de las nuevas herramientas tecnológicas para hacer arte pueden servir como un modo de invitar a la reflexión acerca de ciertos fenómenos contemporáneos, tan fragmentarios, desorganizados y discontinuos como las obras en cuestión. Incluso las manifestaciones del arte digital no sólo explotan las posibilidades técnicas disponibles en este nuevo medio, sino que lo cuestionan a fondo, poniendo en evidencia ciertos vicios y defectos de la red y sus usuarios.
Buena parte de las tradiciones vanguardistas del siglo XX parecen haber encontrado su obvia culminación en el arte digital. La irreverencia hacia instituciones históricas y consolidadas no se presenta como una vertiente única; el arte digital enfrenta a los usuarios con nuevos horizontes de lectura. En palabras del artista digital Juan Chapar: “Desde antes que aparecieran las PC experimento con las computadoras. Ahora he logrado la combinación de hard and soft que me permiten suplantar mis anteriores técnicas de pintura y poder mostrar una mejor aproximación a mis sueños, a mis otras cosas. En EEUU a esta técnica de la pintura la llaman Digital Art.”(5)
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Pero esta nueva forma de concebir y realizar arte apareja una escisión entre los autores y sus presuntos consumidores. En cierto modo como el Dadá, o como su heredero el surrealismo, el arte digital oscurece ciertos ámbitos de la realidad, pero precisamente para hechar nueva luz sobre ellos, aunque esto lleve aparejado la incomprensión de espectadores inexpertos. Sin entrar en consideraciones acerca de un nuevo momento de deshumanización del arte, el arte digital demuele en muchos sentidos aquello del “arte por el arte”, pero en muchos otros sentidos, tiende a “bastarse a sí mismo”, destinándose a la impopularidad y a ser entendido sólo por una minoría. Los links encriptados, las salidas disfrazadas son ideas que aún a pesar de su cada vez mayor difusión conservan efectividad. Walter Benjamín(6), probablemente unos de los mayores y más profundos visionarios del arte de masas entrevió dos cuestiones que aún hoy son tan actuales como los problemas abarcados, en su trabajo acerca del arte en la época de su reproductibilidad técnica. En efecto, junto con la pérdida del “aura”, se esbozaba una incipiente democratización del arte. Darley(7) subraya el entusiasmo de Benjamín ante las “potencialidades democratizadoras inherentes a estos avances”. En este sentido el arte digital ostenta similares características. Obviamente no podemos dejar de considerar el (muy)escaso porcentaje de gente en el mundo que tiene acceso a las tecnologías digitales. Pero por otro lado la reproducción no afecta al arte digital. Es más la reproducción actúa en la obra de arte digital en un sentido mucho más amplio que el que se suele considerar cuando hablamos acerca de la difusión de otras obras de arte. Una fotografía de la Mona Lisa permite que sea conocida popularmente, pero la contemplación de ninguna fotografía, por perfecta que sea, igualará la experiencia de contemplar el original. En el arte digital esto no sucede; al contemplar cualquier copia de cualquier obra concebida con medios digitales para la pantalla estoy contemplando el original, o sea que el original no existe.
Por supuesto, el hecho de que la contemplación de este tipo de obras de arte esté a las manos de muchos no implica que muchos lo entiendan. El leit motiv artístico y vital de Duchamp, “Sorpréndeme”, puede desconcertar a más de uno, especialmente si ese uno es un jovencito con demasiadas horas frente a la playstation, supuesto instrumento interactivo. No es ilusorio repensar la institución de los museos a partir de los nuevos modelos de sociedad que aceptan la desubicación y diseminación de la recepción estética y su desvinculación de las estructuras tradicionales del circuito artístico para trasladarlas a los entornos domésticos y al ámbito privado. El arte digital tiene como atributo fundamental su reproducción: las obras digitales son obras para ser difundidas; son inseparables de su masificación, independientemente de que presenten el más abstruso de los significados. Finnegans’ Wake (lee Ong[8]) es un libro para ser impreso, porque su particular lenguaje perdería su razón de ser de conservarse en manuscritos, aún cuando la cantidad de gente en el mundo que pueda leerlo no supere la centena. El arte digital se enfrenta a una paradoja análoga.

Obras y Lecturas
En realidad, la interactividad se presenta en una suerte de relación contradictoria con la inmersión. El arte digital, en tanto se encuentra provisto de herramientas revolucionarias puede generar sensaciones mucho más intensas en los espectadores que cualquier participación de éstos en algún videogame . Es desde aquí donde debe explorarse el concepto de interactividad: en la capacidad de una obra que cuenta con una ilimitada capacidad de generación y difusión, de provocar una agradable incertidumbre en el espectador y de invitarlo a la reflexión; no en la posibilidad de éste último de apretar un par de botones y palancas y creer que domina los acontecimientos de una supuesta historia. El arte implica ciertos códigos y los sitios que ofrecen arte en la red constituyen un valioso espacio para que los usuarios accedan a este código. Interpretar, mirar una obra de arte digital requiere un grado de inmersión serio por parte del espectador, mucho mayor que dirigir a un personaje a través de situaciones predeterminadas y previsibles.


Citas
(1)Murray, Janet, (1999)
(2)Darley, Andrew (2002)
(3)Ong, Walter (1987)
(4)Simone, Raffaelle (2001)
(5)Chapar, Juan (2004)
(6)Benjamín, Walter (1973)
(7)Darley, Andrew (2002)
(8)Ong, Walter (1987)


Bibliografía
Benjamin, Walter; (1973) Discursos Interrumpidos, Madrid, Taurus
Darley, Andrew,(2002) Cultura Visual Digital, Barcelona, Paidós
Murray, Janet, (1999) Hamlet en la Holocubierta, Barcelona, Paidós
Ong, Walter,(1987) Oralidad y Escritura. La tecnologización de la palabra, México, FCE
Simone, Raffaelle,(2001) La Tercera Fase. Formas de saber que estamos perdiendo, Barcelona, Taurus


Integrantes
Acosta, Carlos
Emilio, Fernando
Fetonte, Georgina
Roteta, Pablo

Publicado por Gaby el Marzo 16, 2004 01:30 PM | TrackBack
Comentarios

hummm...!!!

Publicado por: Gustavo a Marzo 19, 2004 08:37 PM
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