En nuestra actualidad la velocidad de los cambios y las innovaciones tecnológicas nos sorprenden diariamente. Existe una amplia gama de tecnología informática disponible y la infraestructura de telecomunicaciones tiende a mejorar y a expandirse rápidamente.
Estas tecnologías de la presente sociedad de la información tienen fuerte impacto en la esfera pública e inevitablemente redefinen lo parámetros a través de los cuales se estructura el espacio físico y social general. Instaura un nuevo espacio de interacción complementario al presencial, el territorio virtual que presenta la infraestructura de un lugar cuyas características plantean diferencias estructurales con el territorio continuo.
Por Verónica Espinosa
Designando a nuevos ciudadanos propios del cambio de milenio: ciudadanos digitales, usuarios, consumidores, clientes. Ciudadanos capaces de participar activamente desde sus casas, pero esta posibilidad que se abre gracias a la llamada revolución tecnológica de quedarnos encerrados en nuestros hogares relacionándonos con el resto del mundo a través de medios tecnológicos (aparatos electrónicos) según un estudio de la Universidad de Carnegie- Mellon y Stanford podría devenir en aislamiento y depresión.
En medio de tanta tecnología y mediados por una basta variedad de dispositivos tecnológicos de comunicación nos encontramos con, el reino del revés, una sociedad de la información regida por el fenómeno del aislamiento, la soledad y la depresión.
¿A qué se debe este fenómeno? ¿Esta sociedad de la información se comunica realmente? ¿Existe comunicación a través de la tecnología? ¿La tecnología facilita la comunicación social o facilita el aislamiento?
“Un mundo atomizado, sin calor humano ni emocionalidad”… bajo una basta infraestructura de interconexiones. Se presenta una dicotomía o ambigüedad entre comunicación tecnológica vs. Aislamiento.
Este fenómeno de la tecnología de la información implica cambios estructurales en los modos de actuar e interrelacionarse en todo ámbito social: en el laboral, en las líneas de producción, en los modos de aprendizaje y en las prácticas y relaciones sociales en general.
Esta dimensión cambia la percepción del mundo, incorpora una nueva territorialidad a la vida cotidiana, la del espacio virtual, y en consecuencia transforma los medios de habitar, relacionarse y trabajar. Ya no es condición necesaria compartir el mismo espacio físico ni actuar sincrónicamente, en el trabajo, la oficina o el aula.
El traslado del texto o imagen en soporte papel a soporte digital, el reemplazo de la máquina de escribir o el equipo de audio por la computadora, el teléfono fijo por el teléfono móvil, etc. La posibilidad de la interrelación a escala planetaria sin importar las distancias geográficas plantea a su vez como dice Susana Finquelievich un campus virtual donde se está en cierta forma aislado y en soledad del campus presencial, al estar sentado frente a la computadora, el televisor o ante cualquier aparato electrónico.
“En la mayoría de las ciudades conviven ambos territorios, el presencial y el virtual” se yuxtaponen e interconectan mutuamente, lo que implica una progresiva resignificación de los espacios físicos y arquitectónicos, tanto como los modos de pensar, producir y habitar.
En el caso concreto de los teléfonos celulares que desde su origen nos han permitido una comunicación con otros directa, no cara a cara pero por medio de la voz, al permitirnos escuchar la voz real del otro, siendo característica suficiente que lo diferencia del resto de los medios que no nos permiten un contacto directo y real ya que por ejemplo la imagen proyectada por medio de una cámara web en un chat por internet es virtual, es decir tenemos frente a nosotros un signo indicial de la persona que vemos pero que no es real propiamente dicho sino una representación simbólica “lo virtual plantea problemas en la percepción”. Hasta este medio, el teléfono móvil, con los distintos avances ha crecido en sus propiedades y en su diversidad de operatividad, caracterizándose por la polifuncionalidad de ofrecer más operaciones comunicativas y de registro dadas por la convergencia multimedia: permite grabar video, reproducir música, sacar fotos, navegar por internet, enviar mensajes de texto, etc. Con esta nueva posibilidad de los SMS ya casi se ha dejado de hablar, como dice Howard Rheingold sólo se mueven los pulgares para todo tipo de comunicación, formal e informal.
Pero ¿de qué se tratan este aislamiento y soledad del que hablamos? Ambos términos son redefinidos y reconceptualizados dentro de un contexto histórico y social, el de una sociedad de la información. Adquiere características singulares dentro de una sociedad urbanizada de masas donde parece paradójico estar solo: “la muchedumbre solitaria” como la llama David Riesman.
“La multiplicación de estímulos sociales, la pluralidad de modelos, la intensidad de saturación social de las modernas tecnologías producen una andanada de estímulos que quiebran el sentido de coherencia en la vida cotidiana y cercenan la experiencia vital individual, arrojando a la persona a la búsqueda de certidumbres acerca de sí mismo, en un círculo vicioso que empobrece y cierra la posibilidad de nuevas experiencias” (Muchinik, Eva y Seidmann Susana, 2000)
La soledad deviene de la fragmentación del sentido de sí mismo, de ello sobreviene la importancia del contacto humano, no sólo con el entorno material, natural o construido, sino con el entorno social, el contacto cara a cara.
Según Debrays “La experiencia no está al alcance de la vida ciberespacial e incorpórea” Una vez que vemos que es posible estar directamente presentes ante las personas o cosas, podemos entender que hay limitaciones elementales en la telepresencia, comunicación no cara a cara. Cuando se trata de estar en presencia de personas más que de objetos, la diferencia es determinante. Una cosa es el acceso que nos proporcionan indirectamente los sentidos o la imágenes que vemos a distancia, y otra la sensación de estar de cuerpo presente con los otros literalmente al alcance de la mano. La presencia es más que una sensación de estar ahí a distancia y en tiempo real. Resulta dudoso que se pueda transmitir del mismo modo una sensación de confianza por más que la transmisión de datos y la sincronización sean de última tecnología.
Cuando se habla de soledad no se trata inexorablemente de una falta de vínculos o de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien, sino que tiene que ver con un sentimiento prolongado, desagradable, involuntario derivado por dificultades en un contexto social dado. Se trata de una apreciación subjetiva, la persona se siente sola sin que esto suceda literalmente ya que sería casi imposible que esto ocurra en nuestra sociedad de la comunicación.
Hablamos de una sensación de aislamiento y soledad que crece constantemente en el mundo. Pese a esta problemática social cada vez más evidente y en auge no podemos caer en el facilismo de la tecnofobia. Si bien es verdad que estos cambios sociales y culturales estructurales modifican las formas de sociabilidad, no debemos hacer responsable a las nuevas tecnología de este fenómeno social, solo podemos señalarla como factor influyente dentro de un contexto, entre otros tantos.
Siendo real que vamos perdiendo en cierta medida la comunicación tradicional del cara a cara y que cada vez estamos mayormente mediados por aparatos. Es preciso tener en cuenta que la aparición de las máquinas tienden un puente que establece la unión, sin solución de continuidad, entre lo natural y lo tecnológico, el hombre y la tecnología son parte de la misma configuración el uno no existe ya sin la otra, por tanto hay que adaptarse y coevolucionar con ella. “El hombre inmerso en una coevolución con su entorno, así como con las máquinas, los sistemas, y las redes que ha creado para sobrevivir o garantizar su crecimiento y desarrollo. La frontera que separa lo natural y lo artificial se hace cada vez más imprecisa. Las herramientas, las máquinas, los objetos que pueblan el entorno de los hombre como una especie de tejido biológico exteriorizado o como una prótesis que extienden la acción de sus sentidos o sus cerebros, son parte integrante de nuestra evolución socioeconómica y cultural” (De Rosnay, J.)
Con respecto a uno de los interrogantes planteados en el inicio del trabajo podemos decir que la comunicación mediada por la tecnología se hace efectiva, es decir la circulación de mensajes de información por medio de la difusión pública. Pero que en cambio el intercambio interpersonal, la transmisión como dice Maldonado, no siempre es lograda, u optimizada por un cuerpo individual o colectivo.
En conclusión para el buen desarrollo social es necesario situaciones compartidas en espacios reales, la experiencia real de aciertos y errores en situaciones concretas con riesgos que asumir, percepciones que vivir y decisiones que tomar respondiendo en forma directa a lo que el mundo nos presenta pero sin dejar de lado a la tecnología y haciendo buen uso de ella. Sin olvidar que: “Ni siquiera la interacción más perfecta entre máquina y hombre puede transmitir la plenitud de una simple caricia, como no podríamos usar un robots sensible y delicado para dar un abrazo a un hijo o a una hija”.
BIBLIOGRAFÍA
*De Rosnay, J: “Nacimiento del cibionte. Los nuevos orígenes de la vida”, “Las neuronas de la tierra”. Cáp. 2 y 3 de El hombre simbiótico. Miradas sobre el tercer milenio. Madrid: Cátedra. 1996.
*Debray, Regis: “El tiempo de la transmisión”, “El ángulo de ataque”. Cáp. 1 de Introducción a la metodología. Pág. 41.
*Dreyfus, Herbert: “La telepresencia y la distancia de lo real” Cáp. 3 de Acerca de Internet. Pág. 93.
*Farre, Luis: “Aislamiento y comunicación”. Nueva Imagen.
*Finquelievich, Susana: “¡Ciudadanos a la red!”. Ediciones CICCUS La Crujía. 2000.
*Maldonado, Tomás: “Cuerpo humano y conocimiento digital”, Cáp. 3 de Crítica de la razón informática. Pág. 105.
*Muchinik, Eva y Seidmann, Susana: “La soledad en el mundo contemporáneo” Cáp. III de Aislamiento y Soledad. Eudeba. 2004.
Si bien el tratamiento de la problemática es responsable, creo que muchas veces cae en una separación, autonomización de las tecnologías respecto del hombre.
Por otro lado, hay algunos temas que son tratados de manera incorrecta. Por ejemplo: Rheingold sostiene justamente lo contrario a lo que vos planteás en este trabajo. No solamente movemos los pulgares. Las "tribus del pulgar" permiten a est autor ver la emergencia de una multitud inteligente a partir de la conexión hombre/hombre a través de ciertas tecnologías com el celular. Rheingold, en definitiva, nos pinta nuevas formas de interacciones sociales que se dan en función de un cierto desarrollo tecnológico. Estas nuevas formas nos dan la pauta de que el aislamiento del que se culpa a las tecnologías no es consecuencia exclusiva de los dispositivos.
El que trata la problemática de la telepresencia en Dreyfus y no Debray. Faltan citas en muchas de las comillas.

