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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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Cuerpo y tecnología. La metáfora del Cyborg.
02.07.2005

hombrerodeado

Partimos de la afirmación de Umberto Galimberti, quien sostiene que la técnica ya no es un objeto de nuestra elección, sino nuestro ambiente, donde medios y fines, objetivos e ideas, conductas, acciones y sueños, pasiones, deseos, están íntimamente articulados y requieren de la técnica para expresarse. En tal sentido, consideramos que no debemos pensar sí el hombre está habilitado para manejar la técnica, porque el hombre es tal por la técnica, ésta es su esencia. Por lo tanto, si la técnica es un elemento constitutivo del hombre, característica de su propio cuerpo, ¿es posible hablar en este contexto de una instancia tecnológica y de otra corporal, como esferas separadas?

Partimos de la afirmación de Umberto Galimberti, quien sostiene que la técnica ya no es un objeto de nuestra elección, sino nuestro ambiente, donde medios y fines, objetivos e ideas, conductas, acciones y sueños, pasiones, deseos, están íntimamente articulados y requieren de la técnica para expresarse. En tal sentido, consideramos que no debemos pensar sí el hombre está habilitado para manejar la técnica, porque el hombre es tal por la técnica, ésta es su esencia. Por lo tanto, si la técnica es un elemento constitutivo del hombre, característica de su propio cuerpo, ¿es posible hablar en este contexto de una instancia tecnológica y de otra corporal, como esferas separadas?
Nuestra hipótesis será de que ambas dimensiones se entrelazan en una misma unidad: el cuerpo protésico, en términos de Maldonado, o el cibionte, según lo propuesto por de Rosnay. Estos abordajes rompen con los estudios tradicionales que entienden al hombre, su cuerpo y entorno, en término de causas y consecuencias, en el que ciertos aspectos del contexto, en tanto influencias externas, determinan la evolución del sujeto.
Las tecnologías, y más específicamente el celular, deben contemplarse no como aportes para modificar el contexto inmediato de existencia del hombre, sino como rasgos específicos del entorno mismo. Entendiendo que hombre y tecnología coevolucionan, creando un nuevo ser que resultará de las distintas fusiones, creando nuevas condiciones generales de existencia, modificando los campos de la cultura, la política, la salud, entre otros.
Siguiendo los aportes de Maldonado, puede sostenerse que la historia del hombre es la historia de una progresiva artificialización del cuerpo. Se puede decir que el cuerpo es nuestra naturalidad cotidiana, es lo que él mismo experimenta. Esto lleva a que no haya una distinción fehaciente entre yo y mi cuerpo, porque yo soy mi cuerpo. El cuerpo es sensorialidad, sensibilidad, sensualidad. Por lo tanto, como plantea Maldonado, el cuerpo es protésico. Es decir, por su naturaleza el hombre nace incompleto pero puede hacer de su necesidad una virtud, a través de la búsqueda de satisfacción orientada hacia esas necesidades inmanentes.
El hombre, en la búsqueda de su bienestar y satisfacción del deseo, cuenta con un cinturón de prótesis (las estructuras artificiales que sustituyen, complementan o potencian, parcial o totalmente, al cuerpo humano) que lo define y lo transforma permanentemente; en este sentido es que la barrera entre lo natural y lo artificial es cada vez más difusa: “ no es solo lo artificial que da pie a lo natural, sino que es lo artificial que se une, que pasa a formar parte de lo natural”. El punto es que lo artificial deja de presentarse, exclusivamente, como la satisfacción especifica de la demanda, para convertirse en característica propia del existir del hombre. En la utilización de las herramientas tecnológicas, como en el caso del celular, estas dejan de estar presentes en tanto medios para alcanzar un fin, para convertirse en rasgos de ese entorno que se busca abordar, para ser el fin mismo.
El celular se ha presentado desde sus comienzos como una herramientas en pos de la efectivización de ciertas actividades, preferentemente, en el marco de las comunicaciones. Pero este objeto, presenta características que exceden lo estrictamente comunicacional, sus funciones se amplían, abarcando actividades que van desde su funcionamiento como despertador, hasta ser él mismo una cámara fotográfica o una computadora. La amplitud de sus funciones, lo vuelven un elemento cada vez más naturalizado, haciendo que sea una presencia natural en el contexto actual del hombre, y se nos aparezca como una nueva prótesis, en términos de Maldonado.
Siguiendo la línea esbozada en nuestra hipótesis cabe introducir las apreciaciones de De Rosnay que implican abordar las nociones de “cibionte” y “coevolución”. Tal como sostiene el autor, “el hombre está ahora inmerso en una coevolución con su entorno animal, vegetal, ecológico, en un sentido amplio, pero también con las máquinas, los sistemas, y las redes que ha creado para sobrevivir o garantizar su crecimiento y desarrollo”. Y agrega “ la frontera que separa lo natural de lo artificial se hace cada vez más imprecisa”. La evolución de la “maquina” es parte integrante de la propia evolución del hombre. Por lo tanto se puede afirmar que el mundo biológico y el mundo tecnológico se invaden, se interrelacionan, abriendo paso al artificio natural. De la coevolución antes mencionada surgen las condiciones para el nacimiento del cibionte, que aparece como un organismo viviente producto de la relación del hombre con el mundo biológico y tecnológico. Pensar el celular desde esta perspectiva, implica considerarlo como elemento constitutivo de todas las esferas que implica la existencia del nuevo organismo. Es decir, el cibionte es una nueva instancia de pensamiento sobre el hombre en su relación con el mundo, es el surgimiento de un ser en el que confluyen todas las tecnologías modificando sus condiciones reales en términos de cultura y sociedad.
Otro autor que nos permite reflexionar los cambios en la relación cuerpo y tecnología es Descartes quien ya demostraba que nuestro acceso a la realidad es siempre indirecto, ya que las cosas se nos manifiestan permanentemente mediatizadas. Esto se da porque jamás estamos en contacto directo con el mundo, ya que todo lo que creemos experimentar de modo directo, en realidad está contenido en nuestra mente. Esto se relaciona con lo que plantea Dreyfus, acerca de la telepresencia, argumentando que con ella se pierde el sentido de contexto. Es decir, que se pierde la inmersión, la sensación de un cuerpo presente experimentando con los otros.
Para concluir, volviendo a la intersección cuerpo/tecnología, podemos mencionar la categoría de cyborg, utilizada para demostrar la permeabilidad entre el organismo y la máquina. La ampliación de los sentidos ocurrida en este nuevo ser que se modifica en conjunto con la tecnología es la que nos vuelve cyborg. En esta línea se inscribe William Mitchel, quien en su libro “City of Bits- El yo cyborg y la ciudad red / conectada” sostiene que “No soy el hombre vitruviano, inscrito en un único círculo perfecto, desde el que miro al mundo con una perspectiva personal, que a la vez proporciona la medida de todas las cosas. Tampoco soy, el ente fenomenológico, autónomo, autosuficiente y encarnado biológicamente, que encuentra, objetifica y responde a su medio inmediato. El nuevo yo, construye y es construido, en un proceso recursivo que implica continuamente sus límites fluidos y permeables y sus redes inacabables de extensiones. Soy un cyborg espacialmente extendido”. (Para leer el capitulo completo ver http://mitpress2.mit.edu/e-books/City_of_Bits/)

Integrantes:
Fernández Marani, Marina
Garavano, Marcela.
Marsico, Mariana.


Publicado por Grupomiercoles el Julio 2, 2005 03:21 PM | TrackBack
Comentarios

Chicos/as. El trabajo hace un buen recorrido de la pregunta inicial y argumenta en función de una fusión de cuerpo y máquina. Creo que le falta focalizar más analíticamente en el "dispositivo celular" en virtud de las modificaciones que haría a nuestro cuerpo.
Muy pertinentes los autores citados.
Atentos a una cuestión: Dreyfus desestima el punto de vista de Descartes por considerar al cuerpo como algo innecesario en nuestra percepción del mundo; retoma, por lo tanto, las ideas de la fenomenología de la percepción de Merleau-Ponty, para el cual el cuerpo es fundamental en nuestra percepción y cognición del mundo.
Buen Trabajo.

Publicado por: Santi a Julio 4, 2005 05:16 PM
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