Trabajo realizado por Nadia Schiavinato (viernes 11.00 a 13.00)
1. Introducción.
1.1 El qué, el porqué y el cómo del presente trabajo.
1.2 Algunas consideraciones prácticas
2. Consumos e Identidades
2.1 Identidades perdidas
2.2 Rearmando el rompecabezas
2.3 ¿Consumir o no consumir?
3. Conclusiones: ¿Hacia comunidades celulares?
4. Insumos
1. Introducción
1.1 El qué, el porqué y el cómo del presente trabajo.
En la primera parte del siguiente trabajo se barajó una doble hipótesis en base a la cual se infirieron algunas consideraciones acerca de qué es un celular en el imaginario social. Principalmente, el desarrollo planteado se basaba en una suerte de proceso de homogeneización y diferenciación; por efectos de la masividad, los teléfonos celulares fueron incorporados a la cotidiano, pasaron a ser denominador común de las capas socioeconómicas y culturales más diversas. Esto se ve reflejado en el discurso publicitario de las empresas de telefonía celular, que apunta a un tipo único de consumidor, e incluso juega con los conceptos de “unidad”, “igualdad”, etc. Por otra parte, se registra junto con este movimiento “democratizador”, un cambio de eje en cuanto a la función jerarquizadora del celular; mediante accesorios que no están relacionados directamente con la acción de hablar por teléfono se produce la diferenciación, la distancia con el otro. Ringtones, wallpapers, fotografías y demás funciones complementarias actúan como catalizador de lo diferente, dado que el acceso masivo a los teléfonos celulares produjo esta democratización que mencionábamos; la propiedad del teléfono celular deja de ser parámetro sociocultural e indicador sine qua non de status económico, sino que son los accesorios los que asumen esta función de marcar la diferencia.
En el presente informe nos proponemos ahondar, desarrollar y justificar dicha hipótesis, partiendo de los conceptos base de “identidad”, “consumo”, "individualidad” y retomando lo planteado anteriormente; veremos cómo se produce la construcción de identidad mediante la acción de consumir y qué rol juega en el imaginario social, porqué el consumo de determinados objetos, como pueden ser ringtones u otros accesorios nos permite indagar en la identidad del usuario, construida y compartida según pautas de consumo. Para hacer este recorrido nos basaremos en investigaciones realizadas por alumnos de las carreras de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, artículos publicados en diversos medios gráficos argentinos e investigaciones realizadas por profesionales en el exterior. Para la fundamentación teórica de nuestra hipótesis tomaremos como sustrato común el artículo de Néstor García Canclini, “El consumo sirve para pensar”(1) y conceptos volcados en “La cuestión urbana” de Manuel Castells (2).
1.2 Algunas consideraciones prácticas
A efectos de plantear el marco coyuntural sobre y a través del cual realizaremos las consideraciones que siguen, se vuelve necesario hacer una breve referencia a las cifras que maneja la telefonía celular hoy.
Un artículo publicado recientemente en la Revista Q, perteneciente a la Universidad Nacional de La Plata, nos recuerda los comienzos de la telefonía celular en nuestro país: “Movicom BellSouth fue la compañía que introdujo la telefonía móvil en el país en 1989. En un principio, su zona de cobertura alcanzaba Capital Federal y alrededores. A partir de 1999, cuando consiguió licencias para otros servicios por medio de una subasta, sus operaciones se extendieron al resto del país. En Argentina, tiene como socios a Motorola y BGH, y presta comunicaciones de larga distancia. A fines de 2002, la empresa tenía cerca de 1,75 millones de clientes”(3).
En la actualidad, según datos suministrados por el diario La Nación, “son 14,5 millones de usuarios de teléfonos celulares: 6 millones de Movistar, 4,4 millones de Personal y 4,1 millones de CTI” (4). Además, se estima que mercado de la telefonía celular incorpora 300 mil líneas nuevas por mes, llevando la penetración celular “al 20 por ciento de la población, porcentaje que ubica a Argentina levemente por arriba de Brasil, por debajo de Chile donde existen 34 celulares cada cien habitantes y muy lejos de naciones desarrolladas como Noruega o Finlandia, donde hay más de un celular por persona” (5).
El avance de las tecnologías y el consumo hizo que junto con las cifras concretas aumentaran las opciones dentro del mercado de la telefonía celular. En su artículo, Lucas Parada explica que “para conquistar más clientes, los operadores ofrecen recursos avanzados, como capacidad de envío y recibimiento de textos cortos, e-mails e imágenes, acceso a juegos, noticias, entretenimiento, clima y otras informaciones. Además, aumentan los servicios e inducen a las empresas de otros segmentos -editorial, bancario, corporativos- a publicar sus servicios en las redes de la telefonía móvil”(6).
Sabiendo que nuestra hipótesis gira en torno al consumo de dichos “recursos avanzados” y cómo estos inciden en la construcción de la propia identidad, veamos las cifras que presentan los mismos. En principio, los mensajes de texto fueron la primera de estas aplicaciones que tuvo impacto profundo tanto en lo comercial como en lo sociocultural. Según un estudio de mercado que realizó la consultora de Price & Cooke entre los usuarios de telefonía celular, el intercambio de SMS (Short Message Service) creció un 800 por ciento entre 2003 y 2004. Retomando los datos publicados por La Nación, vemos que “cada día se envían por celulares 18 millones de mensajes de texto de hasta 150 caracteres de extensión. Y cada día las empresas de telefonía celular que operan en el país facturan 2.160.000 pesos cobrando entre diez y doce centavos por cada mensaje. El crecimiento del mercado local ha sido, sencillamente, explosivo” y más adelante Pablo Tedesco, quien dirigió la investigación de Price & Cooke, asegura que “hoy el 65% de los usuarios envía y recibe mensajes de texto”.
Otra variable interesante para el análisis reside en el tráfico, comercialización y uso de “ringtones”, melodías que reemplazan el característico sonido del teléfono para anunciar una llamada entrante. Las dos empresas que en la actualidad se disputan este mercado en Argentina son Toing y Tonos Ubbi. Martín Marenco, uno de los socios de Toing, afirma que “la empresa vendió, en el lapso de un año, más de 2,5 millones de tonos, lo cual significa un crecimiento del 850%”. Toing fue la primera firma que comenzó a operar en nuestro país, además de estar presente en otros países de América latina. Por otra parte, desde marzo de 2003, en Ubbi se bajaron unos 5 millones de temas, según cuenta Gustavo Saientz, gerente de contenidos, a razón de 4 tonos al mes.
2. Consumos e Identidades
2.1 Identidades Perdidas
Para entrar en la cuestión de la identidad, ya sea vista desde lo individual o desde lo colectivo, tomaremos lo expuesto en un artículo de la ya mencionada Revista Q. Al referirse a la identidad, la autora del artículo, María Victoria Martín, propone la siguiente conceptualización:
“Entendemos a las identidades como construcciones simbólicas que involucran representaciones y clasificaciones referidas a las relaciones sociales y las prácticas, donde se juega la pertenencia y la posición relativa de personas y de grupos, tanto en un plano real como en uno imaginario, como trazos clasificatorios auto y alteratribuidos manipulados en función de conflictos e intereses en pugna, que marcan las fronteras de los grupos, así como su naturaleza y límites. Concebida en tanto distinguibilidad cualitativa, la identidad individual se afirma y reconoce en los contextos de interacción y comunicación social, define su propia especificidad respecto de la de otros por la presencia de ciertos rasgos distintivos por los cuales el individuo se ve a sí mismo y es reconocido como perteneciendo a una serie de colectivos, poseyendo una serie de atributos y portando un pasado biográfico inmodificable”(7).
En este sentido, podemos entender la identidad como un conjunto de representaciones de las cuales nos sentimos parte, que nos proporcionan una serie de características que asumimos como propias y a la vez nos distinguen del resto, marcando un “nosotros” con su consecuente proyección en un “ustedes” (los otros) que es compartido por un determinado grupo de personas. Este concepto de identidad se apoya sobre ciertos vínculos, que históricamente han sido los de la etnia, la nación, el territorio; un individuo era parte de su comunidad de pertenencia al reconocerse de tal o cual nacionalidad, con determinadas costumbres, idioma, formas de ser y de hacer.
En la actualidad, asistimos a un proceso de cambio en las formas de construcción de la identidad, generado por lo que hoy en día conocemos como “globalización”:
“La globalización se entiende como un proceso de creciente internacionalización del capital financiero, industrial y comercial, nuevas relaciones políticas internacionales y el surgimiento de nuevos procesos productivos, distributivos y de consumo deslocalizados geográficamente, una expansión y uso intensivo de la tecnología sin precedentes”(8).
Siguiendo con este concepto, la globalización rompe con las barreras de lo nacional o lo territorial: la creciente integración de las economías nacionales a los mercados globales, la configuración de grandes zonas integradas de comercio, la estandarización de productos y servicios (que tienen poca o nula variación entre los distintos países o regiones donde se distribuyen), la reducción de barreras arancelarias, que permite el llamado consumo de productos masivos y otros factores, en su gran mayoría económicos pero que tienen un fuerte impacto sobre lo social, hacen que la identidad individual/colectiva ya no esté configurada en términos de “nación” o “patria”, dado que el fenómeno globalizador borró las fronteras entre los países y se produjo una homogeneización en cuanto a las (antiguamente) distintas formas de estructuración de la sociedad.
Ante la descentralización de las relaciones sociales y el avance de la globalización, Néstor García Canclini reflexiona sobre los códigos que nos unifican e introduce un nuevo planteo: las pautas de consumo se asumen como constructoras de vínculos, desplazando y reemplazando los lazos de comunidad nacional por los de una comunidad estructurada y vinculada según el consumo.
“Antiguamente, los códigos compartidos eran los de la etnia, la clase o la nación; estas unidades, a medida que subsisten, parecen reformularse como pactos móviles de lectura de los bienes y los mensajes. Una nación, por ejemplo, se define poco por los límites territoriales o por su historia política. Mas bien sobrevive como una comunidad hermenéutica de consumidores, cuyos hábitos tradicionales los llevan a relacionarse de un modo peculiar con los objetos y la información circulante en las redes internacionales.
(...) ¿Cómo se reestructuran las identidades y las alianzas cuando la comunidad nacional se debilita, cuando la participación segmentada en el consumo –que se vuelve el principal procedimiento de identificación- solidariza a las elites de cada país con un circuito transnacional y a los sectores populares con otro?”(9).
De esta manera, vemos como la construcción de la propia identidad –y por decantación, la identificación con una comunidad particular- toma, a partir de lo que García Canclini llama “fin de la nación, auge del mercado”, nuevas formas que interconectan a distintos segmentos sociales, más allá de los espacios físicos reales que se compartan (o no) mediante sus pautas de consumo, que se instituyen como nuevos códigos que permiten la formación de comunidades. Decimos entonces que, hoy por hoy, “la identidad de una ciudad, comunidad y hasta la de un país se determina, o tiende a determinarse por medio del consumo, de lo que se tiene o no se tiene. Las transformaciones continuas en la producción y en la comunicación, hacen que los individuos se identifiquen más con los productos que consumen que con las raíces de su pueblo o las costumbres de su lugar”(10).
2.2 Rearmando el rompecabezas
Una vez puestos sobre la mesa los conceptos que nos marcarán una “hoja de ruta” para arribar a una correcta justificación de la hipótesis planteada, es conveniente no perder de vista las ideas a partir de las cuales abrimos el juego. En primer lugar, y como se menciona en la introducción, en la primera parte de este trabajo centramos nuestra atención en cómo la función diferenciadora que antes cumplía el celular hoy se deposita sobre aquellas funciones de algún modo periféricas o complementarias: ringtones, mensajes de texto, fondos de pantalla, fotografías, etc. Por otra parte, analizamos estos productos como parte de un mercado floreciente: por ser servicios que hace sólo un año operan en nuestro país, las cifras que se manejan son impresionantes y demuestran no sólo el auge de dichos productos, sino que nos permiten entrever su magnitud en cuanto objetos de consumo masivo.
Volviendo a la cuestión desarrollada en el apartado anterior, vimos cómo por efectos de la globalización, descentralización de los mercados, fin de la nación y de la importancia de la nacionalidad en la construcción de la identidad y otros factores, el consumo toma la posta y se asume a sí mismo como formador de comunidades:
“La globalización de la economía está definiendo una identidad más vinculada con los bienes a los que se accede que con otras variables más estructurales, tal como el lugar donde se ha nacido. (...) Los individuos encuentran en el mercado de consumo el lugar indicado para construir identidades – en plural – en busca de diferenciación y pertenencia social a partir de estilos de vida” (11).
De esta manera, podemos empezar a responder nuestro interrogante inicial: ¿qué es un celular en el imaginario social? En la primera parte del trabajo se menciona una publicidad de la empresa CTI Móvil, la cual bajo el slogan “Diferenciate” ofrece distintos tipos de ringtones; podemos ver entonces como el consumo de estos productos se ha convertido en parámetro para la identificación/diferenciación. La identidad individual está dada por el consumo que se haga de estos recursos de telefonía celular, los cuales generan, a su vez, “comunidades” en las cuales las pautas de consumo actúan como sustrato común a distintos grupos sociales. Lo que comunico a los otros por medio de mi celular y de la apropiación que haga de las funciones que el mercado me ofrece, me acercará a quienes tomen las mismas opciones que yo y me alejará de aquellos que no lo hagan, ya que el proceso de consumo se ha convertido en el principal procedimiento de identificación y permite a las personas posicionarse en determinados grupos de pertenencia, que se autoatribuyen determinadas características a partir de dichos consumos.
2.3 ¿Consumir o no consumir?
A partir de lo ya expuesto, vamos a profundizar un poco más en el tema del consumo como pauta identitaria y en particular el consumo de recursos de telefonía celular. Retomando a García Canclini, podemos definir al consumo como “un conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y uso de los productos”.
Manuel Castells, en su artículo “La cuestión urbana” también plantea una definición: “el consumo es un sitio donde los conflictos entre clases, originados por la desigual participación en la estructura productiva, se continúan a propósito de la distribución y apropiación de bienes. El consumo es un escenario de disputas por aquellos que la sociedad produce y por las maneras de usarlo”(12).
Entonces, podemos estudiar al consumo como lugar de diferencia entre las clases y los grupos, dado que, como explica García Canclini, “existe una lógica entre la construcción de los signos de status y en las maneras de comunicarlos. (...) El consumo sólo sirve para dividir. Pero si los miembros de una sociedad no compartieran los sentidos de los bienes, si sólo fueran comprensibles para una elite o una minoría que los usa, no servirían como instrumentos de diferenciación. Los objetos de consumo adquieren significados socioculturales a través de cómo nos vestimos, de los lugares en los que entramos, de los modos en que usamos la lengua y los lenguajes de la ciudad, construimos y reproducimos una lógica que nos vincula, que nos hace ser una cultura, una sociedad”(13).
Actualmente, la amplia oferta de estos “servicios de valor agregado” permiten (y se publicitan con) la posibilidad de “diferenciarse” e “identificarse”; según Lucas Parada, de UNLP, “existen 1500 millones (de aparatos de telefonía celular) en el mundo y los fabricantes calculan que habrá dos mil millones en 2008 y cuatro mil en 2015. En 2003 se fabricaron 84 millones de aparatos con cámaras de fotos digitales y otros accesorios que los transforman en “teléfonos inteligentes”. (...) Las empresas publicitan la posibilidad de hablar en conferencias tripartitas, mandar mails, navegar por Internet, sacar fotos a color y transmitirlas, pero casi toda su facturación se concentra sólo en el servicio de voz. (...) No obstante, siguen publicitando los servicios de lujo, y proponen la colocación de un sello propio a cada equipo de acuerdo al estilo del usuario. Una tendencia adolescente extendida: los móviles adquieren personalidad a partir de las fundas, aunque pueden ser especiales desde los timbres y las melodías, pasando por los íconos y las fotos, hasta los videoclips y animaciones; opciones identitarias que van de la mano de modernos celulares multimedia” (14).
3. Conclusiones: ¿Hacia comunidades celulares?
En base a todo lo señalado anteriormente y teniendo en cuenta el recorrido realizado a través de los diferentes conceptos de globalización, identidad y consumo, podemos arribar a algunas conclusiones. En primer lugar, vemos como el fenómeno de la globalización afecta los límites de la identidad, resignificando las pautas a partir de las cuales los hombres se identifican y se relacionan con el medio que los rodea. Nación, etnia, patria, territorio dejan de funcionar como delimitadores identidad individual y colectiva, delegando esta función a los mecanismos instaurados por el mercado y la sociedad de consumo.
De esta manera, las funciones periféricas de los aparatos de telefonía celular, objetos de consumo por excelencia de nuestro tiempo, actúan como catalizadores de la identidad, dan cohesión a distintos grupos sociales y se transforman en bastiones de nuevas “comunidades celulares”, autoidentificadas según pautas de consumo que las informan y las estructuran. Como ejemplo de este fenómeno podemos mencionar a las “tribus del pulgar”, grupos de jóvenes que se comunican solamente con el movimiento de un dedo de una mano, mensaje de texto mediante.
Transmisiones televisivas por celular, fotografías, audio, mensajes, todos factores cuyo consumo nos lleva a determinar nuevas configuraciones sociales, cuyas comunidades se articulan en base a sus hábitos de consumo. La nacionalidad, la bandera y el idioma han quedado muy atrás; como se planteó en la primera parte del presente informe, hoy la consigna es: “dime como suena tu celular y te diré quien eres”.
4.Insumos
1.García Canclini, Néstor; “El consumo sirve para pensar”, en Diálogos de la Comunicación, Revista de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades de Comunicación Social, N° 30, Perú, junio 1991, pp.6 a 9. http://www.plataforma.uchile.cl/fg/semestre1/_2003/comunic/modulo2/clase1/temas/tema02.htm.
2.Castells, Manuel; “La cuestión urbana”, México, Siglo XXI, apéndice a la segunda edición.
http://hjem.get2net.dk/gronlund/Castells.html (en inglés)
3.Parada, Lucas; “La salud va y viene, lo importante el celular”, Revista Q, Sección Informes de Investigación, Universidad Nacional de La Plata.
http://www.perio.unlp.edu.ar/question/nivel2/ensayo.htm.
4.“El nuevo boom de las comunicaciones”; diario La Nación, 8 de mayo de 2005. http://www.lanacion.com.ar/702486.
5. Ibidem 3
6. Ibidem 3
7.Martín, María Victoria; “Consumos culturales mediáticos e identidades juveniles”, Revista Q, Nº 6, Sección Informes de Investigación, Universidad Nacional de La Plata. http://www.perio.unlp.edu.ar/question/nivel2/ensayo.htm.
8.Pralong, Verónica Cecilia; “La globalización y sus efectos”, Universidad Católica de Santa Fe. Artículo publicado en el sitio www.monografías.com.
www.monografias.com/trabajos6/globa/globa.shtml - 81k.
9. Ibidem 1
10. Ibidem 8
11. Ibidem 8
12. Ibidem 2
13. Ibidem 1
14. Ibidem 3
gran investigacion me ayudaste mucho gracias...exitos.
Publicado por: liliana a Enero 15, 2007 03:48 PM
