En los últimos dos años ha habido un notable incremento en el uso de teléfonos celulares; su masificación fue acompañada por una incesante lucha publicitaria. Esta competencia hizo que el número de usuarios crezca y que aun personas de escasos recursos pudieran acceder a los mismos. Las empresas ofrecen grandes facilidades de pagos a través de cuotas y precios accesibles. Para quienes buscan diferenciación también hay una gran oferta de celulares sofisticados y de un precio más elevado.
Se observa una clara coevolución entre los usuarios y los celulares: a medida que los consumidores se modernizan van haciendo más demandadas a la tecnología y ésta se adapta para satisfacerlos, así es que ofrece nuevos y variados productos, cada vez más completos.
También podemos decir que la masificación de teléfonos celulares hace que se cree una red de comunicación donde todos están integrados e interconectados. La cadena de celulares hace que se conforme un “mundo pequeño” en el que los “nodos” serían las diferentes empresas (Movistar, CTI, Personal, Nokia, etc.) y a partir de ellas se establecerían “enlaces” entre los usuarios mediante la utilización del dispositivo técnico del teléfono.
Desde el punto de vista social, si bien es importante la estética del celular, más relevante aun es el hecho de poseerlo, quien no lo tiene “queda afuera”.
Hoy en día un teléfono celular es visto tanto como una herramienta para comunicarse como un objeto de gran valor simbólico. Por un lado, el celular es útil para comunicarnos con nuestros amigos y familiares cuando pasamos largas horas fuera de nuestros hogares (extensas jornadas laborales propias del mundo capitalista en el cual vivimos). Así mismo, en los tiempos que corren de inseguridad, el teléfono celular es útil porque ayuda a los padres y usuarios a sentirse seguros, comunicados, protegidos. Por otro lado muestra un estatus social, la pertenecía a un grupo, el estar a la moda, etc. En la sociedad actual quien no posee un celular queda marginado de ciertos grupos.
Haciendo una comparación entre las campañas publicitarias de Movistar y CTI pudimos detectar ciertos rasgos distintivos:
• MOVISTAR: utiliza palabras que apelan a la emotividad e intentan atraer al usuario (en general a un público juvenil). Estas palabras son: REGALAME, FELICITAME, LLEVAME, BESAME, ABRAZAME, ELEGIME, etc. Estas frases tienen un efecto muy fuerte sobre el consumidor, porque pareciera que el teléfono celular le habla directamente a un futuro comprador (en lugar de decir “ELEGÍ” dice “ELEGIME”, etc.). Predomina la utilización de colores como el verde y el azul. Desde el punto de vista psicológico este último color se emplea para hacer referencia a lo dulce, con lo cual puede deducirse que se intenta mostrar al producto como algo bueno y agradable.
• CTI: utiliza palabras que apelan a lo inmediato y establece una relación más distante con el futuro comprador. Un claro ejemplo de esto es la publicidad gráfica que anuncia “APURATE”, otra que dice “INCLEIBLE” y una tercera que nos llama a armar “nuestro plan ideal CTI”. Apela a un público familiar, es decir, llama a toda la familia a comprar sus celulares y poder estar conectados. El último slogan de CTI dice “ARGENTINA UNIDA POR CTI”, haciendo referencia a su capacidad por comunicar a las distintas zonas del país, capacidad que no todas las empresas poseen. Sus campañas gráficas emplean el color naranja para llamar la atención y también utilizan el azul.
Haciendo hincapié en MOVISTAR, la tecnología es vista como lo nuevo, como el avance, como el progreso. Cada nuevo o de celular nos ofrece algo distinto, revolucionario y llamativo. Un slogan que refleja esto es el que anuncia “SORPRENDEME” y muestra una innovación en un nuevo o de celular (cámara digital con zoom, reproductor de video, pantalla a color, tamaño pequeño y liviano). Como decíamos: el usuario demanda, la tecnología ofrece; la tecnología da, el usuario acepta.
Las publicidades llevan implícito el mensaje de que teniendo un celular de esas características nuestra vida cambia, mejora, vamos a ser más felices (las personas que aparecen en las campañas de Movistar están siempre sonriendo, relajadas, contentas). El celular aparece como un atractivo en sí mismo más allá de su valor utilitario. Con él no solo puede hablarse por teléfono sino realizar también otras prácticas como por ejemplo sacar fotos, mirar la televisión, bajar ringtones, enviar e-mails, etc.
Con los celulares cambian los usos y prácticas, se modifica inclusive el lenguaje mismo: los mensajes de texto son escritos de maneras peculiares (abreviaciones, símbolos, íconos, etc.), lo cual requiere familiarizarse con ese dialecto para poder comprender lo que se transmite. Las personas mayores quizás encuentran más complicado el uso de éste tipo de teléfonos así como la redacción de los mensajes de texto; sin embargo, las empresas intentan diseñar interfaces lo más claras posibles, (utilizando íconos y apelando a la memoria espacial), con la finalidad de que ese usuario inexperto logre perfeccionarse.
El mundo tecnológico crece incesante e inconteniblemente. Ese “cibionte” del cual hablaba De Rosnay parece estar desarrollándose a pasos agigantados y se hace difícil ponerle un límite. Pero tal como el autor afirma, nuestro deber cívico y moral es controlarlo para que no ponga en riesgo la libertad de los seres humanos. Debe establecerse una relación simbiótica entre hombre y máquina, relación en la que ambos se beneficien y continúen creciendo. Los teléfonos celulares deben utilizarse con fines útiles pero no tenemos que dejar que se transformen en un requisito determinante de nuestro status social.
Teniendo en cuenta las características de las publicidades que inundan el mundo mediático (tanto gráficas como televisivas) puede percibirse que lo que éstas campañas proponen es hacer que un número aún mayor de personas busquen seguir consumiendo estos productos. Se busca, en términos de Johnson, que haya un fenómeno de retroalimentación positiva (feedback positivo), que la cadena de usuarios se multiplique a límites impensados y que nada pueda detener ese crecimiento. Además, el valor simbólico que se les brinda excede al utilitario; poseer un celular es estar a la moda, es pertenece a la sociedad actual, es “tener onda”, es adaptarse a los cambios para no quedar afuera del mundo tecnológico que crece día a día, minuto a minuto y nos INVADE.
INTEGRANTES:
-Marianela Juárez.
-Carmen Grigera.
Comisión 18 (viernes de 9 a 11).
Buena articulación de la descripción con los conceptos teóricos.
La metáfora de la invasión supone la existencia de algo externo que llega a un territorio/cuerpo propio; en este caso, la tecnología no estaría naturalizada, no sería transparente... se puede seguir trabajando sobre este tema.

