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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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Las dos caras de la “democracia celular”
08.06.2005

Webquest: Primera Parte

Teléfonos Celulares y Comunicación: Las dos caras de la “democracia celular”

Todos aquellos con más de veinte años aún pueden recordar con claridad el surgimiento de la telefonía celular en Argentina, y las repercusiones que el proceso de adaptación/aceptación de esta nueva tecnología tuvo en nuestra identidad, ya sea individual y/o colectiva. En aquellos tiempos (prehistóricos para los sub 18 que hoy se comunican de aula a aula mediante mensajes de texto) el celular promedio pesaba 134 kilogramos y ocupaba el mismo espacio que un Ford Fairlane ’74, perdía señal cada media hora y las conversaciones se escuchaban como si el interlocutor se encontrara en la Antártida. Sin embargo, el buen porteño se ufanaba de su nueva posesión, hablando a los gritos en avenidas concurridísimas, gesticulando, en un despliegue de habilidades técnicas/histriónicas que hacían de esa nueva forma de comunicación una diferencia jerárquica entre “ellos” y el resto de los mortales. Quien adquiría un teléfono celular también se hacía poseedor de rasgos particulares, que denotaban cierto “estatus” socioeconómico y un determinado poder adquisitivo. Así, el celular comenzó a constituirse en parámetro social y cultural.
En la actualidad, lejos quedaron los tiempos del porteño canchero caminando por la calle Florida con un celular de juguete para aparentar; hoy el celular se ha convertido en parte natural de nuestra vida social. La masificación del uso de teléfonos celulares ha habilitado a su vez, nuevos canales de comunicación que no siempre tienen que ver con la palabra, sino que se basan en otros signos para expresar formas de ser y hacer; estamos hablando de todos aquellos “accesorios” que no tienen casi injerencia de la acción de hablar por teléfono, pero que han cobrado una relevancia inusitada en cuestión de pocos meses: ringtones, wallpapers, imágenes, videos, música, y otras herramientas a través de las cuales se crea una especie de antropología del consumo llevada a su máxima expresión: dime como suena tu celular, y te diré quién eres.
A diferencia de los primeros años, en los cuales la posesión y uso de un teléfono celular funcionaba como diferenciador de rango social, hoy por hoy el uso masivo de teléfonos celulares ha generado una especie de “democratización”: todos tienen (tenemos) un teléfono celular. Se ha relegado el rol de la diferenciación a los accesorios, mientras que el aparato y la posesión del mismo juegan un rol homogeneizador, nos nivelan a todos (positivamente para algunos, negativamente para otros) al mismo escalón de “usuario de teléfono celular”. El discurso publicitario actual, que promociona la compra y utilización de este tipo de productos, está orientado a un tipo único de consumidor, joven, entre 18 y 25 años, despreocupado, sociable, perteneciente a un estrato socioeconómico de ingresos altos, ante quien la publicidad se dirige en un lenguaje coloquial, con familiaridad, “entre amigos” (A su vez, esto habilita otras preguntas, que no vienen estrictamente al caso: ¿Lo que se muestra en las publicidades es el ideal de lo que todos secretamente deseamos ser? ¿Podemos ser así mediante el uso de teléfonos celulares?).
Todos somos uno ante el celular, no existen diferencias socioeconómicas, de género o de uso. Como ejemplo podemos tomar la última campaña de la empresa CTI Móvil, cuyo slogan reza: “Argentina unida por CTI”. Esto nos permite entrever algo del mencionado proceso de “democracia celular”: Argentina es una, sus habitantes son uno, nuestros consumidores son uno; no hay mujeres, ni varones, ni pobres, ni ricos ante la idea del celular, incluso en dicha publicidad se muestra a niños de diferentes entornos sociales de nuestro país “jugando para un mismo equipo”. ¿Algo así como “apto para todo público”?
Si avanzamos un poco más, podemos encontrar la otra cara de esta democratización, para lo cual sirve de ejemplo otra publicidad de la empresa CTI, en este caso promocionando la aparición de los primeros ringtones “personalizados”. La publicidad televisiva mostraba, a través de un paneo a lo largo de una barra, vari@s jóvenes en la misma posición, peinados de igual forma y con ropas muy parecidas entre sí. Al llegar al último de ellos, en cuyo celular suena un ringtone, aparece en pantalla la idea central de la publicidad: diferenciate. Al establecerse como natural el hecho de que todas las personas tengan acceso a la telefonía celular, lo importante ya no es el objeto en sí mismo, sino que toman relevancia las funciones que van mas allá de la comunicación, pero que son también una forma de comunicar algo.
Esto produce algo así como un corrimiento de la carga simbólica que, desde sus orígenes, ha detentado el celular; antes se “era alguien” por tenerlo, hoy por hoy la diferencia reside en el tipo de pantalla, los sonidos que nos anuncian que tenemos una llamada o las imágenes que pueden servirnos de telón de fondo, todas ellas cosas que en ningún momento modifican, mejoran, refuerzan o cambian la función “hablar por teléfono”, pero que se han convertido en expresiones mismas del usuario y su forma de comunicarse con el mundo.
La diferenciación, como bien lo dice la publicidad, se da mediante los accesorios y agregados que encontramos en ese “cortaplumas” en que actualmente se ha convertido el celular. Ringtones, wallpapers, imágenes, videos, actúan como diferenciadores y conformadores de las diferentes personalidades de los usuarios. El asunto de la construcción de la propia identidad, que anteriormente pasaba por la sola posesión del celular, hoy toma un nuevo rumbo ante la democratización que mencionábamos anteriormente; al considerarse al celular como algo ya incorporado social y personalmente, no establece la relación asimétrica entre quienes lo tienen y quienes no lo tienen, pierde ese aura jerárquica de los primeros años; usar un teléfono celular ya no posiciona a nadie en un lugar de superioridad con respecto a otros, porque está socialmente establecido que todos lo tienen. Es entonces cuando estos nuevos elementos pasan a ocupar el lugar de la diferenciación; sin embargo, esta diferenciación no deja de ser ficticia, superflua y meramente publicitaria. Una de las última promociones de la empresa Movistar nos da un ejemplo de esto; se promociona una oferta de un equipo de teléfono celular con dos palabras: “Pantalla Color”. De esta manera, algo accesorio, que no hace a la función primaria de la telefonía celular (hablar con otros, se acuerdan?) pasa a tomar un lugar central en la interpelación al consumidor dispuesta por la empresa en su discurso publicitario.

Nadia Schiavinato

Publicado por GrupoViernes el Junio 8, 2005 06:35 PM | TrackBack
Comentarios

Uno podría pensar, desde Bourdieu, que la distinción se va corriendo y que si el acceso al celular se "democratizó" es porque surguieron otras formas de "distinguirse" como bien planteás vos.
Quizás podrías retomar algo de la arquitectura de las redes para seguir profundizando el tema, en la línea de lo que trabajan Barabási o Sunstein.

Publicado por: Carolina a Junio 16, 2005 04:19 PM
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