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Paidós - 2002
 


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Siguiendo las huellas de Casacuberta
05.05.2005

La creatividad colectiva es la respuesta

Carlos Sánchez Almeida tiene una semana realmente prolífica. Ha publicado en Kriptópolis el segundo de una serie de interesantes artículos de una serie titulada 'De los ciberderechos a la ciberrevolución'. En este caso se titula 'Libertad de expresión: Un Winston Smith en cada periódico', reflexión sobre la tendencia en la regulación de la libertad de expresión centrada en el caso español.

Recojo dos párrafos:
Se puede crear una página web con muy pocos medios, pero mantenerla activa, dotándola de contenidos interesantes, requiere trabajo y constancia. Cada día surgen en Internet miles de weblogs, miles de iniciativas donde cada internauta intenta expresar sus opiniones. Con el tiempo, 90 de cada 100 serán cerrados por falta de ideas. De los 10 restantes, 9 malvivirán copiando y pegando textos escritos por otros. Y de aquellos que finalmente sobrevivan, habría que analizar cuántos son gestionados por periodistas profesionales que intentan escribir en Internet aquello que ha sido censurado en el periódico para el que trabajan.


Tiene toda la razón, generar información es una tarea realmente compleja. Recrearla, como se hace aquí, requiere menos esfuerzo, tiempo, capacidades y medios. Por eso un aspecto esencial de la remodelación del marco de la propiedad intelectual es la capacidad que vamos a tener los usuarios para usar las creaciones intelectuales, que yo copie un artículo de un periódico y lo pegue aquí íntegramente (algo ilegal) ¿debería ser legal si lo hago ocasionalmente, sin ánimo de lucro y con la intención de promover el debate?, ¿debería ser legal si alguien toma una canción, hace una remezcla y la suelta, sin cobrar, en una red P2P?. Desgraciadamente ninguno de esos usos es legal, y aunque el nuevo entorno digital nos ofrece la posibilidad de convertirnos en partícipes de la cultura reutilizándola (aun sin ánimo de lucro) las legislaciones se encaminan a impedirlo.
La replicación hasta la saciedad de los mismos textos en cientos de webs acaba a la larga con el valor de la información, que en un medio abierto como Internet tiende a cero. Y ese desvalor es un peligro en sí mismo para la libertad de expresión. Cuando escribir es simplemente un placer intelectual, pero no produce beneficio económico, sólo escriben aquellos que tienen su sustento asegurado por otras vías. La consecuencia de ello es que en este momento los weblogs más visitados de Internet son gestionados por periodistas que llevan a Internet lo que no pueden publicar en otro sitio. Con el tiempo, es posible que se produzca el fenómeno inverso: medios tradicionales comprarán weblogs para modernizar su imagen, mientras su filosofía censora permanece inmutable.


Hay sin embargo un argumento a favor de que en la Red es posible generar grandes cantidades de nueva información: la creación colectiva.

David Casacuberta dice en su libro 'Creación Colectiva. En Internet el creador es el público' que esta es la faceta más genuina de la cibercultura. La capacidad para que comunidades de usuarios cooperen en proyectos de creación conjunta. Esta es la verdadera oportunidad para que dentro de la Red se generen nuevos flujos de información y cultura.


Hay un profesor de la Universidad de Nueva York, Yochai Benkler, es realmente interesante lo que escribe. Benkler ha estudiado las comunidades colaborativas que se dedican a lo que el llama "common-based peer production". Comunidades de este tipo son la del software libre, las redes P2P, los weblogs colaborativos...

Dichas comunidades tienen éxito, según Benkler, si:

* El proyecto que acometen es modular, es decir, que se puede dividir en tareas más pequeñas.
* Es granular, en el sentido de que casi todas las tareas son pequeñas (por ejemplo, mandar una historia de 10 líneas a Barrapunto es requiere poco esfuerzo).
* Finalmente, la integración del trabajo, es decir, juntar todo el esfuerzo para obtener el resultado final, no debe requerir un gran esfuerzo.

Cuando Benkler compara el funcionamiento de estas comunidades con la empresa y los mercados encuentra que en determinadas circunstancias las comunidades colaborativas son más eficientes por dos motivos:

El capital humano a su alcance suele se mayor (piénsese en la cantidad de contribuyentes en un weblog colectivo como Barrapunto, o la cantidad de programadores en la comunidad de software libre) y como se trata de una comunidad en la que cada uno elige lo que quiere hacer, ocurre que la distribución de esa capital es más eficiente, porque la gente suele acometer tareas en las que es realmente bueno.

El capital humano, que es lo más preciado en una sociedad donde la información abunda, como dice Almeida, es el elemento clave que otorga una ventaja diferencial. De ahí el éxito de las comunidades colabortivas, ya que en ellas el capital humano es increíblemente grande y su asignación es muy eficiente. Quizá tengamos en las comunidades colaborativas una posibilidad para no sucumbir ante el torrente de cultura dominante.


Para leer más de Benkler:

Benkler, Y. (2000). From Consumers to Users: Shifting the Deeper Structures of Regulation Toward Sustainable Commons and User Access. Federal Communication Law Journal, 52(3).

Benkler, Y. (2002). Coase's Penguin, or Linux and the Nature of the Firm. Yale Law of Journal, 112.

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Publicado por Estela el Mayo 5, 2005 09:08 AM | TrackBack
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