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Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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De tecnologías y otros demonios (poniendo límites)
14.11.2004

Foros, wlogs, flogs, yahoo groups... no es un hecho desconocido para nadie que estos nuevos modos de comunicarnos ya son parte de la vida de muchos (lamentablemente no de todos) y producen una de las cosas mas positivas que puede tener el ser humano y la sociedad: el intercambio de opiniones y la generación de nuevas ideas a partir de ese intercambio. Pues bien, hace unos días recibí en un foro de teatristas al que estoy suscripta un comentario que que respondí en su momento, pero que quiero retomar en este wlog, ya que de tecnologías hablamos.
Una persona manifestó en dicho foro su preocupación por la futura desaparición del actor de los escenarios con la llegada de nuevas tecnologías escénicas: iluminación automática, hologramas inteligentes que reemplazarían escenografías y actores, etc. Su preocupación resultaba convincente y hasta enumeraba otros adelantos técnicos que ahora no recuerdo. Y uno, al terminar de leer su comentario se quedaba con un cierto no se qué, como una especie de mal sabor de boca... ¿Y si tuviera razón?
Después de superado ese miedito y esa sensación de semi-realidad que uno tiene cuando recién se despierta y se acuerda de una pesadilla, o cuando sale del cine después de ver una de terror, me dije “está bien, ok, stop”, y pensé porqué, después de todo, algo no terminaba de convencerme. Sus palabras se parecían un poco a la de aquellos que en los ´60 y ´70 vaticinaban la muerte del autor a manos de nuevas formas de escritura y de comunicación, o de aquellos que hoy en día proclaman la fusión de lector y autor en una misma figura sin fronteras identitarias, es decir... la disolución de unas categorías tan categóricas!
Y es aquí donde todos deberíamos decir “está bien, ok, stop”. Porque mas allá de los cambios sociales e individuales que las nuevas tecnologías puedan provocar en la mente y en las conductas, hay un límite, siempre hay un límite, porque somos sencillamente humanos. ¿Qué quiero decir? Bien, retomando la cuestión de la muerte del actor, comparto con ustedes lo que contesté en el foro en su momento. Semejantes avances técnicos podrán provocar el nacimiento de una nueva forma de hacer teatro, y de hecho lo están haciendo, pero jamás podrán pasar por encima de las viejas formas de creación, porque el hombre, desde el principio de los tiempos necesitó expresarse, usar su cuerpo y su voz para representar el mundo y así significarlo. ¿Qué más puede ser entonces el acto teatral que un intento de darle sentido al mundo? Ni la mas avanzada de las tecnologías puede sustituir una necesidad tan humana, pues ni siquiera el mismo hombre puede anularla o esconderse de ella. Ahí está el límite, en lo estrictamente humano, en aquello que las tecnologías no pueden “extender”.
Lo mismo puede decirse de la escritura y la lectura. El hombre escribe por muchos motivos: pensar, compartir, dejar su huella, transmitir. ¿Hay algo de todo ello que pueda dejar de sentirse como necesidad? ¿Podríamos pensar que el hombre, como si fuese una especie de vago cultural, no puede dejar de delegar en los avances tecnológicos cada tarea que estos se muestran capaces de realizar? No lo creo. Insisto con la cuestión del límite. Es cierto que la hipertextualidad está generando nuevas formas de leer y de escribir, y junto con ellas confusiones en las categorías de actor y lector. A nivel discursivo es entonces cierto que lo que aparece es justamente una falta de límites en la imposibilidad de detectar quiénes escriben, quiénes leen, y quiénes hacen ambas cosas. Pero la frontera tarde o temprano aparece, y por varias razones. Primero, porque siempre hay alguien que escribe, (sea un sujeto individual o colectivo) y pone su marca sin permitir modificaciones (o las permite parcialmente). Entonces, hay un autor que pone sus propios límites. Segundo porque no es cierto que todos los lectores puedan convertirse en escritores (lamentablemente, como dije al principio de esta editorial que ya está a un paso de convertirse en manifiesto). No todos los lectores tienen los medios para producir sus propios escritos, en primera medida porque no todos tienen acceso a Internet, y si lo tienen a veces no cuentan con las herramientas cognitivas necesarias para publicar (dónde, cómo, cuando, qué publicar). Tercero y último (al menos por ahora) el hipertexto no reemplazará el libro, para llantos, pataleos y arrepentimientos varios de los que pronosticaron su muerte. (¡cuántas muertes se han pronosticado ya!). El libro genera modos diferentes de lectura (tanto posturales como cognitivos) que una computadora no puede reemplazar. Estamos ante la misma situación que antes: modos nuevos no son necesariamente reemplazos o desapariciones.
Entonces, ok, stop. Ni el libro, el autor, el músico, el actor, el lector, el pintor, el escultor, y tantos otros que ya tienen labrada su acta de defunción, desaparecerán. Hay cosas que las máquinas no puede hacer. Podrán tal vez escribir poesías incongruentes a través de programas que peguen aleatoriamente con plasticola fragmentos prediseñados ¿Pero ello implica que no habrá mas poetas? No nos engañemos, si es cierto que las tecnologías, de la escritura al hipertexto, han cambiado y continúan haciéndolo nuestras habilidades cognitivas haciendo mas complejo el pensamiento humano ¿podrá renunciar el hombre a su capacidad de pensar? Una vez mas, no lo creo. Lejos estoy de plantear una perspectiva evolucionista de las cosas. Pero la tecnología por sí misma no puede producir involuciones.
El límite fundamental es humano y social. Lo único que las máquinas pueden reemplazar es el “quién”: quién trabaja, quién escribe, quién actúa, quién lee, pero no estas actividades en sí mismas como productos de la creación humana. Es fundamentalmente una cuestión de accesos, de quiénes quedan dentro y quiénes quedan fuera de ciertos circuitos y sistemas. Pero también los accesos están limitados por algo que va mas allá de lo puramente tecnológico. Los individuos necesitan estar económica y culturalmente preparados para absorber el impacto de lo nuevo, y si carecen de esas armas su acceso a la utilización plena de las nuevas tecnologías estará severamente limitado.
Los desarrollos tecnológicos no son entidades flotantes, sino que están enmarcados en el campo de lo social, por lo que afectan su desarrollo económico y cultural, a la vez que estas dimensiones lo afectan también. Si alguien tiene que morir lo hará por varias razones. Por otro lado, el problema de la exclusión es una realidad que apenas estamos vislumbrando y que debe resolverse en otro plano, mas allá de los tecnológico.

María Laura Balian

Publicado por el Noviembre 14, 2004 10:32 PM | TrackBack
Comentarios

no concuerdo en nada con lo que decís nena... tipo que es un bolazo...

Publicado por: paulo a Agosto 28, 2005 03:49 PM
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