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El Libro
Alejandro Piscitelli
ISBN 950-6970-1
Paidós - 2002
 


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La venta creciente de libros de autoayuda que se abocan a enseñarnos a perder el miedo a hablar ante un auditorio ¿Señalan una vuelta de las sociedades hacia sus raíces orales?
14.11.2004

Hoy en día, la mayoría de las personas sólo hablan en público cuando las circunstancias las obligan a hacerlo. Las personas sufren de un stress particular ante la obligatoriedad de enfrentarse ante un auditorio, los sentimientos de nerviosismo y ansiedad los emergen hasta llegar al punto de no poder razonar con fluidez, concentrar su atención, ni recordar qué tenían pensado decir.
Alrededor del mundo miles de personas han concurrido a clases sobre el arte de hablar en público, incluso, millones de libros de autoayuda han invadido nuestras librerías. Los números de venta de éstos son siderales y muestran el consumo que crecientemente se produce en las sociedades occidentales. Una pregunta interesante a plantearse es por qué sucede este fenómeno.

Los libros de autoayuda que se abocan a “El arte de hablar bien en público” presentan ítems articulados donde detallan formas de vencer el temor de enfrentarse ante un auditorio, es decir, un conjunto de principios científicos que explican y promueven los fundamentos de la persuasión verbal. Esto era impensado en las sociedades orales donde este aprendizaje se daba en forma natural. En los pueblos orales practicaban el discurso público con gran habilidad y sería impensado para ellos que alguien necesitara una instrucción especial para aprender a hablar ¿Pero por qué las sociedades letradas sufren ese temor a hablar delante de un auditorio? ¿Cuántas veces hemos oído la afirmación “Me cuesta mucho expresarme ante un grupo de personas prefiero escribir donde me siento más libre y cómodo”?
Creo que dos hechos fundamentales responden a estas preguntas. Por un lado, el temor a impugnaciones o refutaciones que puedan provenir del público ante el cual hablamos, ese temor a hacer el ridículo y de no saber qué contestarles. La escritura, en cambio, establece un discurso “autónomo” que no puede ponerse en duda ni cuestionarse directamente, como el habla oral. Los pueblos letrados interiorizaron de tal manera la escritura que ante la instancia de hablar ante un público nos sentimos desprotegidos. La posibilidad que habilita la oralidad, de ser cuestionados y de obligarnos a defender nuestras afirmaciones; la escritura la descarta ya que con los textos que producimos las personas pueden estar de acuerdo o no, pero nadie va a herir nuestro ego sino que va a formar una opinión solipsista, no verbal y contenida por su propio pensamiento. Por el otro, el carácter de marca indeleble que produce una opinión oral. Esto se puede ver en nuestra cotidianeidad. Muchas veces nos sucede que queremos borrar de nuestras mentes y de las de los demás, situaciones o palabras que dijimos. Quizá palabras que mencionamos aconsejados por pasiones. ¿Cuántas veces hemos escrito una carta maldiciendo a X persona y una vez pasada la furia, rompimos y agradecimos no habérsela dado nunca?
La cultura a la cual pertenecemos es conciente de estos dos hechos por demás importantes, por un lado: que en la escritura, las palabras una vez articuladas pueden borrarse, si cambiamos de opinión y por el otro, de que no existe ningún equivalente de esto en una producción oral, es decir, que no hay ninguna manera de borrar una palabra pronunciada. En cambio, la escritura nos posibilita la opción de revisar miles de veces lo escrito y sólo mostrarlo cuando estamos completamente seguros de que se va a entender el sentido que quisimos plasmar.
Evidentemente hemos sufrido una profunda transformación en nuestras conciencias. Nuestra manera de percibir y de ordenar el mundo nunca más fue el mismo luego de la invención de la escritura. La estructura de nuestros pensamientos nos lleva a temer ante hechos desconocidos tales como expresarnos oralmente ante una sociedad profundamente letrada que privilegia el sentido de la vista por sobre el del oído. La pregunta que quedaría por responder es por qué las personas se vuelcan a estos tipos de textos ¿Es que estamos retrocediendo buscando regresar a nuestras antiguas costumbres orales? En mi opinión creo que no hay nada más lejano a eso. El hecho de que estos libros se propaguen en forma escrita es un hecho fundamental que demuestra que nuestra sociedad sigue privilegiando lo escrito por sobre lo oral y lo visual por sobre lo auditivo.


Ludmila Ungaro

Publicado por el Noviembre 14, 2004 05:42 PM | TrackBack
Comentarios

Creo que el tema propuesto es interesante de analizar, ya que es verdaderamente curioso que la gente se vea atraída por dichos libros. De todas formas me parece que no se están contemplando todos los apsectos que esto implica. Me refiero a que también tenemos que plantearnos si este interés por los libros "para hablar bien" en público no revalorizan la cultura de lo oral. Después de todo, si la gente se preocupa por hablar bien, significa que la oralidd no es un tema menor en nuestra cultura. De hecho, a la hora de conseguir un emlpeo la entrevista con el empleador es el punto más importante, más importante aún que el mismo currículum (que no es ni más ni menos que un escrito).
Puede ser que hoy en día la gente encuentre mayor dificultad para expresar sus ideas oralmente, y eso es preocupante. Pero no creo que ello denote desinterés por la oralidad.
No sé si con los libros de autoayuda se busca volver a la cultura de la oralidad. De lo que sí estoy seguro es que queda demostrado el interés por ser hábil en el manejo de la fomra más primitiva de comunicación.

Publicado por: Javier Bertran a Noviembre 15, 2004 09:54 PM

Ante todo, gracias por tu comentario. En mi editorial no creo haber expuesto de manera definitiva, el desinterés por las sociedades occidentales respecto a la oralidad. Sólo intenté expresar mi humilde opinión aunque esto no tiene que ser una verdad aceptada a rajatablas. La editorial deja una puerta, una pregunta abierta sobre este fenómeno que atañe a la sociedad. Pero de todas maneras, creo que las personas aunque les interese manejarse hábilmente en lo que respecta a la oralidad, lo hace sólo en los momentos que es obligada por algún factor externo (por ej. entrevista laboral) Por lo general, las gran mayoría de las personas prefiere no hablar a un auditorio numeroso, incluso, podemos verlo cotidianamente: (aunque el siguiente ejemplo parezca de bajo calibre, es clarificador) el ataque de pánico que sufrimos el primer día de clases cuando teníamos que contarle a Estela lo que hacíamos fuera de la facultad, de hecho, la que escribe tenía ganas de salir corriendo del curso.

Publicado por: Ludmila Ungaro a Noviembre 20, 2004 07:30 PM

Me llamó mucho la atención este tema que elegiste para exponer, sobre todo porque es algo que nosotros, estudiantes de comunicación, deberíamos tener muy en claro y sin embargo no es tan así. La gran mayoría (en la cual me incluyo) ante la posibilidad de tener que rendir un final, nos agarra “pánico”. Y es verdad que es interesante preguntarnos por qué nos pasa esto. De todos modos pienso que, como decís vos, un libro de autoayuda justamente no sería la solución, porque en definitiva es un libro, y auque nos brinde muchas instrucciones, lo hace en forma escrita, por lo tanto estaríamos cayendo nuevamente en lo mismo, habría que poner en práctica todo aquello que leímos ni más ni menos que en soledad… cosa que me parecería muy difícil.
El problema es que estamos tan acostumbrados a manejarnos con libros y con la lectura que nos resulta dificilísimo poder manejarnos con la oralidad, algo que antes era lo más normal. Creo que un poco puede ser porque vivimos en una sociedad muy prejuiciosa donde a una gran mayoría de las personas sólo les interesa “criticar” y estar atentos para “atacar”, en lugar de poder llevar a cabo una conversación de par a par.
Es cierto que hablar frente a un auditorio nos genera miedo y la escritura nos proporciona seguridad. Pero, dejo planteada una idea que me parece interesante: nosotros aprendemos a escribir en la escuela, donde la gran mayoría de las veces somos evaluados con este “método”, adquirimos esa seguridad y prácticamente la oralidad entre docente y alumno no existe, más allá de alguna que otra lección oral, entonces porque no implementar desde que somos niños esta posibilidad de expresarnos, entonces ya nos parecería algo tan normal y fácil como poner escribir.
Quiero aclarar que no estoy criticando a la escritura en lo absoluto, solo quiero decir que debería haber más complementariedad entre ambas.
Vanesa Mangione

Publicado por: Vanesa Mangione a Noviembre 20, 2004 11:35 PM

La verdad es que me parecen muy interesantes los nuevos métodos posibles a implementar desde la enseñanza, que proponés. En mi opinión, la forma de enseñar se desarrolla de manera escrita porque desde la infancia nos movemos en un mundo oral. Comparto con vos respecto a que la educación debería ser un balance entre ambas.

Publicado por: Ludmila Ungaro a Noviembre 22, 2004 06:29 PM
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