Un par de botones y empieza la catarata de información. Cada vez más y más. ¿Hasta dónde hemos llegado, encandilados por la pantalla y los colores? Y ahora la pregunta más sensata sería ¿A qué costo? Pero no me atrevo a responderla.
El acceso es accesible y la adaptación es comprensible; obviamente, no para todos. Pero se van sumando los que se benefician de la indigestión de información que produce la informática. Contemporáneos y clásicos discuten la benevolencia de este devenir, mientras tipean en sus computadoras personales. Como todo, la situación tiene blanco dentro del negro o negro dentro del blanco.
El libro, ese objeto ya con arrugas y bastón, por sus condiciones prácticas de movilidad será irremplazable. Es decir, leo en donde quiero, siempre y cuando haya luz. Sumado, no nos olvidemos las características de jerarquía que contiene este como símbolo. Los límites que conlleva el libro superan al de la informática, producir uno u otro presenta una diferencia económica importante. Es cierto que la durabilidad del libro supera ampliamente a la de la informática. Esto se da porque requiere de innumerables factores externos (electricidad, software, etc.).
Son innegables los beneficios de Internet y la informática en general. La búsqueda de información es fácil y rápida, los contenidos son abundantes y variados. Unos pueden acceder y otros no. Será positivo o negativo dependiendo detrás de la línea en la que uno se encuentre.
Gabriel Barsky
Publicado por el Octubre 8, 2004 11:25 AM | TrackBack
