El surgimiento de la imprenta y las modificaciones en la forma de conocer, que con ella tuvieron lugar, parecen plantear, para algunos autores, una oposición por momentos irreconciliable entre la escritura y la oralidad.
El surgimiento de la imprenta y las modificaciones en la forma de conocer, que con ella tuvieron lugar, parecen plantear, para algunos autores, una oposición por momentos irreconciliable entre la escritura y la oralidad.Mc Luhan sostenía que la aparición de la imprenta -y con ella posibilidad de la lectura silenciosa-, fue causal del divorcio entre el ojo y el habla en el acto de lectura. Sobre la misma línea de pensamiento, los trabajos de Ong inducen hacia la idea de que la escritura y la imprenta fueron responsables de la muerte de la retórica y la dialéctica como instrumentos del pensamiento. Así como mencionamos estos ejemplos, podríamos enumerar muchísimos más en basados en argumentos similares, que concluyen en que la imprenta como invención desplazó a la oralidad (la voz) del centro de la escena del conocimiento a favor de la lectura (el ojo).
Si bien es cierto que esta tecnología le otorgó un lugar de privilegio a lo escrito por medio de la masificación de los textos, no considero correcto que la escritura sea considerada como una “superación” de la oralidad. Dentro de las actividades que desarrollan cotidianamente entre sí los seres humanos, existen muchas formas de relación y de intercambio orales que muy difícilmente puedan ser reemplazadas por formas escritas, o percibidas a través de la vista. En este sentido, Olson –dentro de sus ocho principios– sostiene que: por un lado “ningún sistema de escritura vuelve conscientes todos los aspectos de lo dicho”, ya que en la lectura es imposible recuperar como fue dicho lo que se dijo, o como debe interpretarse; y por otro lado, afirma que “es difícil hacer consciente lo que la escritura no representa, la fuerza ilocucionaria de lo que se dice”, porque los signos de puntuación no proporcionan una indicación de cómo leer lo que está escrito, en términos de la actitud del hablante y el significado que este quiere otorgarle a lo que ha escrito.
En conclusión, podemos afirmar que habla y escritura se complementan, sin que exista una preeminencia de una sobre la otra; y el ejemplo más claro de esto fue el propio Platón quien a la hora de criticar la escritura, en defensa de la oralidad, lo hizo por escrito.
Diego Gangale.

