Platón entendía a la escritura como un instrumento que destruye a la memoria debilitando el pensamiento. Sin embargo, sabemos que, como plantea walter Ong, “La escritura posibilita una introspección más fuerte que la oralidad”. Así vemos nacer la creación de un espacio mental privado.
Al conservar los enunciados, con la escritura, se permitió la indagación crítica, y los seres humanos aprendimos a autoconocernos a través de la razón, haciendo concientes los recursos lógicos de los que dispone nuestra mente. Dice David Olson que aunque los seres humanos siempre pudieron razonar, no siempre razonaron sobre la razón. Ésta diferenciación, entre la cosa y la representación de la cosa, da cuenta del desarrollo de la conciencia de los individuos.
Fue con Homero, en la Grecia Antigua, dónde encontramos la aparición del concepto de mente.
Al poder separar al YO del ELLO se crea un YO NARRATIVO, que al saberse como sujeto, trae aparejada la noción de espacio mental subjetivo.
De éste mundo subjetivizado surge una conciencia histórica colectiva. Si bien el acto interpretativo es individual, permite la identificación con los otros, integrándose a una cultura. La información se socializa, se crean comunidades que democratizan las prácticas y los rituales sociales, y al mismo tiempo generan formas de control superiores.
La exteriorización de la expresiones hace que se desvincule la información del propio cuerpo de manera intencional, posibilitando la manipulación.
Se decía en el primer teórico de ésta materia: “La lengua nace dentro nuestro, nos ayuda a estructurar nuestros pensamientos y éstos, a su vez, la fuerzan a reinventarse” El lenguaje modela nuestro pensamiento, y mientras mejor equipados estamos para controlarlo más posibilidades se nos abren para reconocer y entender nuestra filosofía de vida.
Romina Bolatti
Viernes de 11 a 13 hs.

