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Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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El inesperado diploma de profesor concursado de la UBA
26.12.2004

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La llamada de una administrativa de la Facultad me puso sobreaviso. Me preguntaban si iba a asistir a la entrega de diplomas de la úultima camada de egresados de Sociales de la UBA del 2004. Como ninguno de los graduados me había pedido que le diera el diploma, y como creo que jamas asistí a estos eventos (ni siquiera a la entrega del mío de profesor a mediados de los 70 la llamada no tenia mucho sentido.

Lo del llamado no tenia sentido a menos que esta vez me entregaran un diploma a mi, en calidad de profesor concursado regular. Y de eso se trataba precisamente la llamada y el evento.

Si bien es cierto que nunca recibí públicamente mi titulo de Profesor. Je lo gane en diciembre de 1971 y nunca lo fui a buscar. Pero si recibí el de Licenciado que me dio en mano Perez Amuchastegui no se si en 1984 casi 10 años después de haberlo conseguido en 1973, algo es cierto, lo de Sociales fue único.

La cuestión es que llegue puntualmente a la colmada Aula 201 de sociales en Parque Centenario donde para mi sorpresa casi todo el mundo estaba debidamente sentado y los ambientes habían sido pulcramente divididos.

De un lado cerca del estrado y en un espacio bastante grande estaban los padres que entregarían títulos a alguno alumnos, y los no docentes, en el medio los graduados que eran unos 200 . Y del otro lado nosotros los profesores consultos y los mas recientes ganadores de concursos, entre los que estaban Oscar Steinberg, Eduardo Sabransky y algunos otros conocidos.

Aunque no tenemos los datos actaules en el 2002 se recibieron en la UBA 14187 estudiantes de los cuales 5233 fueron varones y 8954 mujeres. En sociales el contraste aun fue mayor de los 624, solo 185 fueron hombres mientras que 439 fueron mujeres -el otro dia tambien la mayoría eran abrumadoramente chicas.

La ceremonia no empezó de inmediato, se veía que algún pez gordo estaba por caer. Y así fue, porque ni bien las autoridades de la facultad fueron encaramándose a la tarima, y había como una decena entre unos y otros, se corrió la bolilla de que había que esperar un poco mas porque estaba por llegar el rector de la UBA.

Por eso cuando estuvimos todos, obviamente una hora después de los programado comenzó la catarata de discursos e indicaciones. Y como en la tarima había de todo: decano, vicedecano, secretario de esto y secretario de lo otro se veía que la perorata duraría bastante, no menos de un hora, como finalmente aconteció.

Pero hubo sorpresas, al menos para mi. Porque no todos los discursos fueron de circunstancia, no todos los comentarios fueron pausterizados como uno se imagina en este tipo de actos, donde hay mucha pompa generalmente y bastante poca circunstancia.

Lo cierto es que tanto el discurso mas académico, como fue el de Hector Palomino, así como los del decano Federico Schuster y del rector Guillermo Jaim Etcheverry, combinaron una buena dosis de realismo, sinceridad, constatacion de lo difícil del momento y el lugar, y sobretodo una mezcla de conciencia muy lucida de la peculiar que significa vivir del oxigeno que se respira en sociales, y al mismo tiempo una propuesta de no bajar los brazos, de seguir en la senda de la critica y de resistirse a las tentaciones del facilismo y de la aceptación de lo dado.

En este sentido Palomino y Schuster fueron los que mejor dieron en la tecla. Palomino porque sumo dosis de ironía y de cierto cinismo, uniéndolas a una critica permanente del carácter de patito feo en el que están las humanidades, pero al mismo tiempo reconciliando la historia con el presente, y defendiendo a ultranza al derecho de la imaginación sociologica y de las otras disciplinas afines para siempre mantener abierto el futuro.

Schuster improviso un discurso que realmente me sorprendido muchisimo. He hablado muy pocas veces con el. Rara vez me lo he cruzado en espacios institucionales y sin embargo en su rol de autoridad y de defensor del espacio publico lo hizo bien, con mesura, con pasión, con claridad y sobretodo con un relativo bajo perfil, que es lo que menos abunda en investigadores y académicos que de pronto, por un golpe de fortuna se convierten en funcionarios y se la creen, para mal.

También hablo un graduado, un pibe que esta haciendo su maestría en USA y que quiso hacer algún tipo de acople entre las realidades disimiles d aqui y de alla, terminó enchastrando el comentario, y al final no se sabia si era bueno o malo haber pasado por la UBA, y si lo bien que lo trataban a el afuera, era una critica a sus modestos origenes o era un reconocimiento de que gracias a la UBA había conseguido lo que actualmente tiene.

La gente aplaudía muy sinceramente los diversos comentarios, y seguia con una tranquilidad sin apuro el acto que con su dimensión de ritual nos abarcaba a todos. Pero igual las palabras algun día tenían que acallarse, para que los diplomas y los cartoncitos -como dijo el no-docente- cambiaran de mano, y sancionaran el nuevo estatus de empleado ejemplares, graduados en edad de merecer y docentes reconocidos por nuestros pares.

Así que al rato empezó la entrega que duro bastante por la cantidad de gente. Ah si al principio habíamos entonado el Himno y el acto que de algún modo se pareció bastante a los escolares tuvo lo que estos tienen de valioso. Ritual y pasaje, institucionalidad y comunidad, propagación de valores y conformación de comunidad.

Para mi la ceremonia tuvo de peculiar no solo que el rector fue por primera vez en años, sino es que por unica vez en toda su corta historia de 13 años a la facultad, sino porque casualmente el mismo me entrego este diploma, muy sorprendido por la casualidad de nuestro encuentro. Y si, a veces la serendipity también tiene lugar.

Publicado por Piscitelli el Diciembre 26, 2004 11:02 AM | TrackBack