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Alejandro Piscitelli
ISBN: 8497840607
Gedisa - 2005
 
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Estropeando a muchos
26.01.2003

privatizacioncrimen.jpg El verano se va desgranando lenta y parsimoniosamente. Como miembros de una casta a la que pertenecemos apenas un 20% como mucho -y un 5% como poco- los argentinos, la gente alrededor nuestro todavía se va de vacaciones. Nadie llega a Punta del Este ni que imaginar el Caribe o Europa. Pero se van a Manantiales o Pinamar, a la Angostura o a Bariloche. Algunos están refugiados en Trenque Lauquen o Rosario. Otros se van al Tigre y cada vez mas el turismo es doméstico o local. Los chicos del interior se quedan con sus padres, y muchos por comodidad o por alegría -sobretodo los mas jóvenes- hasta turistean con sus familias como en la época de los Campanelli.

Para nosotros aunque el cinturón se ha estrechado, aunque las marcas vayan desapareciendo de nuestra gastronomía o vestuario, la vida sigue mas o menos igual. Pero en el fondo la erosión es terrible. Y no hay pensamiento ni descripción que pueda acotarla. Hay discursos de dignidad y de resistencia y decenas de micros (después de ser detenidos varias horas por otros de su clase) logran pasar con sus piqueteros a cuesta para consolarse con Lula y vivarlo a mas no poder.

Y hay signos de esperanza y cada tanto la alegría sobrepasa el marco cada mas intimo y familiar y tiene algún vislumbre colectivo. Pero en el fondo las cosas van muy mal para los argentinos e irán cada vez peor.

Y son pocos los que sin paralizarse entienden que está pasando y lo describen con perplejidad y audacia, con consternación y con sorpresa. Porque se dan cuenta de que detrás de la supuesta habilidad por sobrevivir (mucho mejor encarnada en los políticos y en los que no se van a ir nunca, que en los resistentes) solo hay una profunda tristeza y una decepción sin fin. Porque han detectado que en las nuevas practicas del ecnpasulamiento (como en los refugios caros y los countries en donde ya no impera la ley) lo que ve es la descomposición social mas atroz y casi irreversible -que arrastra al resto de la sociedad.

Que tampoco es tan así, pero que tardará años o décadas en desandarse si es que alguna vez lo logramos. Y entonces se entiende que Miriam, esa pelirroja alegre e irresponsable, con mucho potencial, pero que no logra aterrizar cuando las trampas son tantas haya pedido visa de inmigración para Canada y hacia alla se vaya. O que Paula no encuentre tiempo ni ganas de terminar su tesina porque la defensa de su dignidad y el salario de cada día le come el cerebro. O que los mas grandes imaginemos que el refugio esta en la familia que no tenemos, y que los intermedios supongan que con tal de hacer las cosas un poquito mas fáciles para su hijos todo esta justificado.

No, se trata de demasiados consuelos fáciles para una realidad endemoniada que encima tiene el curioso rasgo de la precariedad. Porque otros países han pasado por tragedias mucho mas turbulentas (de solo imaginar lo que ocurrió con los países del Este 10 años mas tarde, me alegro aun de vivir acá). Porque está lleno de agujeros el mundo frente a los cuales vivir aquí en Palermo es como estar en la Costa Azul.

Pero las comparaciones se disuelven en el aire y solo queda una combinación entre ácida y contumaz de que a pesar de todo las cosas pueden ser distintas, de que mas alla del interes de los protagonistas, un golpe de fortuna puede aun cambiar la historia, y que sin caer en exitismos fáciles (como echarle toda la culpa al FMI, o esperar todo de Lula ), los vericuetos de la historia aun siguen abiertos, y que por esos agujeros podemos deslizarnos nosotros, generando un mundo nuevo y formas de vida mucho mas audaces y placenteras, en vez de éstas de retirada constante y de ensoñaciones falaces.

Vayan como prueba estos dos testimonios a la vez tan disimiles y tan concordantes. Mientras que el genial Tomas Eloy Martinez (en su nota Pais Cartonero ) ve en el devenir país de una excepción un destino aciago (el niño proletario, al que la sociedad burguesa se complacía en torturar de Osvaldo Lamborghini contado en su relato Sebregondi retrocede al que la maestra llamaba Estropeado donde los abusos y, al final, el crimen acababan con él) , otro amigo muy nuestro de la cuca y del corazón como es José Pablo Feinman muestra la cara inversa (en su nota La privatizacion del crimen .

Haciendo un racconto del culebron de Pilar, el mejor exponente hasta ahora de la privatización del crimen, Feinman insiste en su perfección metafórica: 1) La ìbarbarieî no es el ìafueraî; y la civilización, el ìadentroî. El asesinato no necesita entrar al country, está en él, habita entre sus exquisitos residentes. 2) Para la acribillada María Marta, el country, lejos de ser el lugar de su seguridad, fue el de su extrema inseguridad, el de su muerte sucia y, hasta ahora, impune. 3) Los señores del country pretenden que su privacidad los prive de la acción de la Justicia.

Rompiendo con cualquier tradición (al mejor estilo Bush pero en version micro) Carrascosa y sus aliados se tomaron en serio que asesinar a un familiar no solo es posible, sino que también esta socialmente permitido y es legalmente inimputable.

Habiendo cerrado el círculo íntimo viven entre ellos, entre ellos negocian, juegan y de paso, si hace falta se asesinan. Y la Justicia no puede entrometerse porque ellos inventaron la Justicia (para lidiar con los afuera).

Si las declaraciones contradictorias de Carrascosa y sus esbirros, si sus comparencias publicas, en donde recitan sus exculpaciones inconsistentes, nos parecen una telenovela inverosimil, es porque ellos interpretan como un agravio que los sometan a esa Justicia que están acostumbrados a controlar.

Ya lo dijo Yabran en su momento, ese lucido teorico de la impunidad, y se consagro para siempre. Ser poderoso es ser impune. Eppur... A pesar de todo lo que sostuvimos mas arriba, a pesar de la estupefacción de Eloy Martinez, a pesar de que el discurso habitual es de congoja y de impotencia, la sociedad se está hartando de toda esta casta.

La casta ya no viaja al exterior y ahora se refugia no solo en countries sino tambien en playitas hiperprivadas de la Costa Atlantica, como La reserva en Mar del Plata. Pero Feinman tiene razón, solo allí estan seguros, como creian que estaban seguros -al punto de poder asesinarse impunemente entre ellos- en el Country Carmel, o en los pisos superiores del restaurante/disco/gimnasio Dallas (aunque estos son malandras de clase B).

¿Cuál será el próximo lugar seguro? Si ni siquiera el Nordeldeta lo va a salvar a Conzi, el justiciero de Dallas, si ni siquiera los malabarismos logomaquicos de su amigo el fiscal incontinente Romero Victorica y ahora el propio fiscal de la causa al que se quiere apartar porque fue como amigo al velorio de la pobre Maria Marta, ya protegen al ex-inimputable gordo Carrascosa

¿Se irán a vivir a un asteroide se pregunta Feinman? Pobre gente. Vivir así... ¿Cómo no van a andar nerviosos? ¿Cómo no van a matarse entre ellos?

Y tienen razón tanto Eloy Martinez como Feinman aunque digan cosas muy distintas, o contradictoriamente complementarias. A no perderse ambas notas porque muestran que se puede seguir impensando lo natural y lo absurdo en la Argentina. Desde la novela (como hace hoy Vicente Battista en Clarin), desde el ensayo, desde tantos lugares, que a veces, hasta nos parece maravilloso vivir aquí, ¿donde sino la realidad seria tan absurda, que desmontarla mas que un ejercicio es tan solo la tarea cotidiana, tan invisible e indispensable como respirar?

Publicado por Piscitelli el Enero 26, 2003 10:38 AM
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