El autor pone a la escritura como modelo para el habla y desarrolla cómo los distintos aspectos de la escritura van creando, pensando y formando el habla. La escritura hace consientes aspectos de la lengua oral como las entidades lingüísticas; se determina la separación entre lo dicho y lo significado. “..quienes no están familiarizados con un alfabeto simplemente no oyen los fonemas…”. Ese es el poder de la escritura.
Me parece interesante analizar cómo la escritura permite pensar el lenguaje. En un texto solo se pueden dar intenciones sobre lo que se quiere decir, el discurso hablado nos permite expresarnos aún más, nos da mas herramientas para emitir un mensaje casi sin confundir al receptor (por supuesto siempre queda la interpretación del receptor), lo que el autor llama fuerza ilocucionaria. No es lo mismo que en una obra de teatro un actor diga su línea gritando y de un golpe en el suelo, que leer “cualquier texto – dijo pepe gritando y golpeó fuerte el piso”. Si bien el texto puede ser expresivo siempre va haber una diferencia entre lo dicho y lo significado.
Sin embargo parece que en la época medieval tuvieron un gran desarrollo de la retórica con la teoría del significado literal y su aplicación a textos sagrados. Igualmente la literalidad es siempre subjetiva en el sentido de que cualquier ser humano reacciona ante determinada acción (en este caso un texto) por más que no posea una amplia competencia cultural.
Siempre nos ponemos a pensar cómo era el momento anterior a las tecnologías; yo me imagino que en el medioevo al tipo analfabeto que le transmitían los textos o veía una pintura algo debía generarle, no se los comían así nomás sin masticar. Es decir, creo que la literalidad era hasta cierto punto. Pero por otro lado me pongo a pensar en los medios de comunicación hoy y cómo llegan a afectar y formar opinión y veo que la literalidad funciona a la perfección.
Carlos Marchese Ragona
El autor pone a la escritura como modelo para el habla y desarrolla cómo los distintos aspectos de la escritura van creando, pensando y formando el habla. La escritura hace consientes aspectos de la lengua oral como las entidades lingüísticas; se determina la separación entre lo dicho y lo significado. “..quienes no están familiarizados con un alfabeto simplemente no oyen los fonemas…”. Ese es el poder de la escritura.
Me parece interesante analizar cómo la escritura permite pensar el lenguaje. En un texto solo se pueden dar intenciones sobre lo que se quiere decir, el discurso hablado nos permite expresarnos aún más, nos da mas herramientas para emitir un mensaje casi sin confundir al receptor (por supuesto siempre queda la interpretación del receptor), lo que el autor llama fuerza ilocucionaria. No es lo mismo que en una obra de teatro un actor diga su línea gritando y de un golpe en el suelo, que leer “cualquier texto – dijo pepe gritando y golpeó fuerte el piso”. Si bien el texto puede ser expresivo siempre va haber una diferencia entre lo dicho y lo significado.
Sin embargo parece que en la época medieval tuvieron un gran desarrollo de la retórica con la teoría del significado literal y su aplicación a textos sagrados. Igualmente la literalidad es siempre subjetiva en el sentido de que cualquier ser humano reacciona ante determinada acción (en este caso un texto) por más que no posea una amplia competencia cultural.
Siempre nos ponemos a pensar cómo era el momento anterior a las tecnologías; yo me imagino que en el medioevo al tipo analfabeto que le transmitían los textos o veía una pintura algo debía generarle, no se los comían así nomás sin masticar. Es decir, creo que la literalidad era hasta cierto punto. Pero por otro lado me pongo a pensar en los medios de comunicación hoy y cómo llegan a afectar y formar opinión y veo que la literalidad funciona a la perfección (somos muy influenciables).
Carlos Marchese Ragona
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