Interlink Headline News Nº 6152 del Domingo 4 de Diciembre de 2011
EDITORIAL LA SOCIEDAD INTELIGENTE SERA HIJA DE LA POLITICA NO DE LA TECNOLOGIA Segunda Parte de muchas
Sociedades del desconocimiento
El problema fundamental de las sociedades del conocimiento es que nos vuelven a todos mas tontos, el contraste entre lo que sabemos y lo que deberíamos saber es tan enorme que las nuestras, antes que ningunas otras, son auténticas sociedades del desconocimiento. Ahora sabemos porque el progreso de la ciencia no hace mas fácil (al revés lo vuelve mucho mas difícil) la comprensión del mundo. Lo que pasa es que el saber transforma la información en complejidad. Cuanto mas complejo es un sistema mas inevitable resulta aceptar sin comprender.
El saber humano se duplica cada 5 años y el entrelazamiento de hechos, relaciones, contactos, artefactos, mediaciones e interconexiones termina mas rápido quelentamente en la inabarcabilidad. Sabemos que todo está conectado con todo (la célebre “pauta que conecta” batesoniana) pero eso es casi todo lo que sabemos. Sobre las relaciones concretas y causales nuestro desconocimiento aumenta cada dia. A esta perplejidad teórica debemos sumarle su equivalente en la práctica, es tal el exceso de opciones que cada dia resulta mas difícil tomar decisiones (paradox of choice) ya que simplemente nos paralizamos y dejamos de operar (paradoja del asno de Buridan).
La información y la comunicación masivas informan sin orientar, hay una escasez de poder tomar decisiones en un mar de abundancia de datos indiferentes a las elecciones que podrían mejorar nuestro bienestar. El mundo, porque está atravesado por información irrelevante pero superabundante, se ha vuelto transparentemente extraño.
Incapacidad de gestionar la complejidad
La complejidad mal gestionada se convierte en la nueva forma de la ignorancia. ¿Qué hacemos cuando no sabemos que es lo que debemos hacer? Como no hay información sin interpretación, lo que falla actualmente es la capacidad exegética y hermenéutica que está siendo sustituida por una mera apología inútil de los datos, o peor aun, por ciertas míticas/místicas, epopeyas que transforman cualquier hecho en un capítulo ya escrito desde siempre por la novela hegeliana.
Innerarity marca el tempo con una facilidad asombrosa y no deja títere con cabeza cuando se trata de entender porque no entendemos casi nada. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad que es mucho mas inteligente que cualquiera de nosotros en forma aislada (critica a la trascendencia del saber experto). No solo la sociedad sabe mas que cada uno de nosotros, especialmente los titulados, sino que también las máquinas inteligentes (ya hay muchas compañías que ganan dinerales usando algoritmos incluyendo a Google y a Amazon, pero también a extraños frankensteins como Bluefin) empiezan a competir por una “comprensión” del mundo que no entiende nada, pero opera como si lo hiciera, con bastante éxito.
Hemos perdido el contacto directo con el mundo y todo saber se nos presenta como experiencia indirecta. El rumor es el estado general del saber mediático. El ciberespacio es una cocina de rumores frente a las cuales revistas como Gente y Hola deben palidecer de rubor por ineficaces y esquemáticas.
Reactualizando al ciudadano Kant
Nuestra vida le hace un eco lejano a Kant cuando afirmaba que “el yo no puede acompañar a toda nuestras representaciones“. En la era de la microelectrónica estamos rodeados de cajas negras para las cuales no hay acceso intuitivo alguno, y la sociedad en su conjunto es una Matrushka que engloba a esa infinidad de otras cajas negras en una regresión sin fin
Los gadgets de la sociedad multimedia son prótesis de lo que ya no se comprende. Hemos perdido esa nostálgica relación con el mundo que Heidegger bautizó como “a la mano” (Zuhandenheit), esa realidad no problemática al uso de todos.
Cada párrafo de Innerarity resulta iluminador y destroza de un plumazo centenares de obras ingenuas e incapaces (tanto alternativamente desde el jaqueo como de la admiración) de entender la civilización de la paradoja, la incertidumbre, pero también de las infinitas posibilidades emancipatorias y no solo carcelarias, en las que nos toca vivir. Por eso afirma que todos vivimos en la esclavitud voluntaria de los usuarios. Nos sometemos a lo que no entendemos para usarlo, la comprensión ha sido sustituida por la aceptación. Pero ello no necesariamente es malo.
Hemos pasado de la división del trabajo a la división del saber. Nos hemos acostumbrado a tomar las cosas “at interfaces value” (confiamos en el plano de su intersección). Vivimos en el reino de la fragilidad fingida o del fideismo del cliente. Paradójicamente – y este es un aporte crucial de la lectura de Innerarity que hasta aqui podría reiterar hipótesis totalizantes, adornianas y de critica o despecho frente al tecnototalitarismo- esta sumisión supone un enorme incremento de nuestra libertad. Porque la tecnología introduce un automatismo que no es interrumpido por la decisión.
La lectura de Innerarity se apoya muchísimo en autores alemanes conocidos (Luhman, Marcuse, Heidegger, Habermas, Gehlen, Benjamin, Gadamer, Schutz, Wittgenstein, Beck…) y en otros mucho menos conocidos (Marquard, Stehr, Weick, Wilker, Krohn, Wehling), pero también menciona muchas veces a Lash (uno de los compañeros de ruta de la Cátedra Datos). Y aunque no conoce aparentemente a Baricco sus posturas le son increíblemente afines. ¿Qué decir sino de esta idea según la cual la competencia no se adquiere mediante la lectura de la instrucciones sino mediante el placer del uso?
A esta altura ya está terminando el coloquio sobre TVMorfosis que nos trajo a Guadalajara. Ha sido una experiencia extraña estar metidos dos días enteros dentro de un set televisivo y desde allí tratar de repensar/reinventar a la TV. Ya volveremos sobre el tema. Bye hasta mañana AP.

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