Palabras
El lenguaje crea realidades. A través de lo que decimos y de cómo lo decimos: por aquello que callamos, por lo que opinamos y por las intenciones que subyacen a nuestras palabras, podemos crear una realidad para nosotros y para quienes nos rodean. Hay palabras que abren posibilidades y palabras que las cierran, hay conversaciones creativas y otras destructivas, también hay declaraciones que pueden cambiar el mundo. Nuestras palabras pueden crear confianza o desconfianza.
Aunque no seamos plenamente conscientes de ello, muchos seguimos con patrones de pensamiento y una visión del ser y del lenguaje de la época cartesiana. Por eso muchas veces creemos que existe una sola verdad frente a los acontecimientos, que las cosas son de determinada manera y que cada ser humano es una forma inmutable. Entonces resulta vital aprender nuevas habilidades y desprender ciertas formas muy arrraigadas, así como cuestionar lo aprendido, para renovar nuestra mirada sobre lo que ya sabemos. Como asegura Alvin Toffler: Los analfabetos del futuro no serán los que no sepan leer y escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender.
Y a propósito del uso que hacemos de las palabras, cuenta la leyenda que un maestro zen recibió en su casa a un prestigioso profesor universitario que fue a su encuentro para aprender sobre el camino zen. Mientras conversaban, el maestro le ofreció un té al visitante y comenzó a llenar su taza. En un aparente gesto de distracción, conversaba y miraba al profesor mientras vertía el líquido, de manera que una vez que la taza estuvo colmada siguió sirviéndole té hasta rebalsarla y empezar a volcarse el líquido por el plato, por la mesa., hasta derramarse en el piso. Aun así no se detuvo. El visitante lo miró confundido y le dijo: Maestro, la taza está llena, ¡no cabe ni una gota más! El maestro lo miró sonriente y le respondió: Al igual que esta taza, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría yo mostrarle algo sobre el camino zen si no tiene más lugar en su taza?
Verónica de Andrés, máster en Educación, y su hija Florencia Andrés, licenciada en Ciencia Política, son las autoras del libro Confianza total. Acá, un fragmento.

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