Palabras
Ni el poder, ni el dinero, ni el éxito ponen en las personas elementos o características que no hayan estado en ellas desde siempre. Sólo que sin poder, dinero o éxito esos aspectos no encontraban las condiciones propicias para manifestarse. Se puede ser autoritario sin poder, se puede ser inescrupuloso y corrupto sin dinero, se puede ser soberbio y prepotente desde el anonimato. Poder, éxito y dinero son reflectores que iluminan y ponen en evidencia rasgos que estaban en el equipamiento de las personas.
Poder, dinero y éxito son abstracciones. Se cargan del valor con que los significan los individuos que acceden a ellos. Si una persona tiene proyectos que mejorarán la vida de su comunidad, de otras personas, del mundo en que vivimos, si tiene fines altruistas y compasivos, es deseable para el mundo que tenga poder porque eso le permitirá transformar para bien el entorno humano. Y es deseable que también cuente con dinero, con mucho dinero para ello, que se atreva a ganarlo, a defenderlo, a generarlo o a pedirlo. Por supuesto tendrá reconocimiento y su éxito podrá servir de estímulo a otras personas para que se sumen a ese emprendimiento.
Si esa persona tiene en claro sus prioridades, sus principios y sus valores, no habrá ningún riesgo cuando entre en relación con el dinero, el poder o el éxito. Sólo habrá beneficiados. El poder no es avasallante, el dinero no es sucio, el éxito no es vano. Hay personas avasallantes y depredadoras que alcanzan el poder. Hay individuos deshonestos que acumulan dinero y lo hacen por medios sucios, y hay seres superficiales y vanos que se envanecen aún más con el éxito. Son las personas, no los conceptos, los determinantes.
Poder, éxito y dinero son símbolos carentes de contenido, hasta que las acciones humanas los cargan de él.
Sergio Sinay es escritor y terapeuta, autor de Elogio de la responsabilidad, un valor que transforma nuestros vínculos y da sentido a nuestra vida. Aquí, un fragmento. .

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