Palabras
Hacía tanto tiempo que me sentía desesperado, asaltado por las dudas sobre mi trabajo, que pude describirle lo que vivía con nitidez. Ella lo captó aún más claramente de lo que yo se lo había pintado.Sus párpados parecieron enmarcar los ojos, que se entrecerraron con firmeza, con suavidad, tranquilamente.
-Conseguirá escribir -me dijo- si lo hace sin pensar en el resultado, sino pensando en la escritura en términos de descubrimiento, que es lo mismo que decir que la creación debe producirse entre el papel y el lápiz, no antes, en el pensamiento. Sí, es cierto que primero es un pensamiento, pero no debe ser una idea elaborada. Si está ahí, y si lo deja usted salir, saldrá, y lo hará en forma de una experiencia creativa repentina. No sabrá cómo ocurrió, ni siquiera de qué se trata, pero será una creación si surge de usted y del lápiz, y no de un trazado arquitectónico previo de lo que quiera hacer. La técnica no es tanto cuestión de forma o estilo como del modo en que surgen ambos, y de cómo lograr que lo hagan de nuevo. Si uno permite que la fuente se hiele, siempre quedará el agua helada, saltando hacia el cielo y cayendo hacia el suelo, su movimiento congelado. Estará allí para verla, pero ya no manará. Sé lo importante que es experimentar ese reconocimiento creativo. No es imposible introducirse en el útero para dar forma al niño: está allí dentro, se hace a sí mismo y surge completo. Existe y uno lo ha hecho y lo ha sentido, pero ha venido por sí mismo. Eso es el reconocimiento creativo. Por supuesto, uno tiene más control sobre lo que escribe. Hay que saber lo que se desea obtener, pero una vez descubierto hay que dejarse llevar, y si parece alejarnos del camino, nada de echarse atrás, porque quizá sea ahí donde instintivamente queremos estar. Quien se vuelve atrás e intenta permanecer para siempre donde siempre ha estado hasta entonces, se seca.
Fragmento del reportaje que John Hyde Preston le hizo a la escritora Gertrude Stein en 1935 para The Atlantic Monthly

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