Palabras
La mayor genialidad no es la que proviene de la carga genética ni la que es producto de la cultura académica, sino la que se construye en los valles de los miedos, en el desierto de las dificultades, en los inviernos de la existencia, en el mercado de los desafíos.
Muchos soñadores desarrollaron áreas nobles de su inteligencia, áreas que todos tienen condiciones para desarrollar. Atravesaron turbulencias casi insuperables. Vivieron días de ansiedad, se sintieron pequeños ante los obstáculos.
A algunos los clasificaron de locos; a otros, de tontos. Algunos fueron objetos de burlas; otros, de discriminación. Tenían todos los motivos para renunciar a sus sueños y, en ciertos momentos, hasta a la propia vida. Pero no renunciaron. ¿Cuáles fueron sus secretos?
Hicieron de la vida una aventura. No los atrapó la rutina. Desde luego, es imposible escapar a la rutina; en muchas ocasiones es un calmante necesario. Pero esos soñadores dedicaron por lo menos el 10 por ciento de su tiempo a crear, inventar, descubrir.
Tuvieron una visón panorámica de la existencia, incluso cuando el cielo se nublaba. Fueron emprendedores, estrategas, persuasivos, amigos del optimismo. Fueron sociables, observadores, analíticos, críticos.
Hicieron elecciones, trazaron metas y las ejecutaron con paciencia. Para el filósofo Kant, “la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”. La paciencia es el diamante de la personalidad. Muchos hablan de ella, pocos son sus amantes. Sin embargo, los que la conquistan cosecharán los mejores frutos.
Para Plutarco, “la paciencia tiene más poder que la fuerza”. No midas a un ser humano por su poder político y financiero. Mídelo por la grandeza de sus sueños y su paciencia para llevarlos a cabo. Pero la paciencia necesita de otro remo para conducir el bote de los sueños. ¿Cuál?
El coraje para correr riesgos. Los mayores riesgos, para el que sueña, son las piedras del camino. Tropezamos con las pequeñas piedras, no con las grandes montañas. El que se deja dominar por los riesgos y los peligros de las jornadas no tiene resistencia emocional. Retrocede pronto.
Aquí, un fragmento de Nunca renuncies a tus sueños , libro del psiquiatra brasileño Augusto Cury.

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