Lacónico
Los espartanos, un pueblo de guerreros de la antigua Grecia, habitaron Laconia, antiguo país del sur de Grecia, a orillas del mar Egeo y del Mediterráneo, más concretamente, Esparta, su capital. Debido, tal vez, a los rígidos hábitos militares impuestos por su organización social, los espartanos eran gente de pocas palabras.
Se cuenta que Filipo de Macedonia amenazó en cierta ocasión con invadir sus tierras: laquo;Si entro en Laconia, voy a arrasar y someter Esparta», dijo el padre de Alejandro Magno. La respuesta de los espartanos pasó a la historia como un ejemplo de laconismo: «Si…».
Por esa época surgió el adjetivo griego lakonikós ‘espartano’, ‘lacedemonio’, que pasó al latín como laconicus y llegó hasta nosotros como lacónico, pero ya con el sentido de ‘breve, conciso’.
Del poeta español Baltasar Gracián se ha dicho, por ejemplo, que “esgrime un estilo breve y ceñido, lacónico, en el que las palabras, a fuerza de apurar sus posibilidades de expresión, vuelven a cobrar vida”.
Para ‘natural de Laconia’ los hispanohablantes contamos con la palabra ‘laconio’

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