Palabras
En una de sus visitas a Buenos Aires, mi hija me trajo de regalo, entre otras cosas, un sacacorchos excepcional. A tal punto era excepcional que, para poder llegar a usarlo, vino acompañado de un voluminoso manual de instrucciones. Me detuve en el artefacto, admiré su ingeniería y su estética y, seguidamente, puse mi atención en el sustancioso volumen que, respondiendo a los dictados de la globalización, estaba escrito en español, portugués, inglés, francés, alemán, árabe, chino e italiano. Deduje inmediatamente que semejante publicación no podía corresponder solamente a un objeto destinado a sacar corchos. Debía haber algo más.
La fascinación que me provocaba el poder oculto del artefacto me llevó a encarar la lectura, en castellano, del manual. Debo decir que tuve que vencer, de todas maneras, una molestia provocada a priori por el tamaño minúsculo de la letra y por la gran cantidad de gráficos que, intuí, respondían a su alta complejidad. Sin embargo, con el correr de la lectura mi desencanto fue en aumento, porque ante cada línea se iba haciendo patente que no cumplía ninguna otra función más allá de la que su nombre denotaba.
No había capacidades potenciales escondidas, no había sustancia por descubrir. Se trataba de un simple sacacorchos. Sentí una honda decepción pero también un cierto alivio porque, a decir verdad, mi búsqueda de propiedades ocultas respondía a mi curiosidad, aunque en el fondo de mi corazón deseaba que no se tratara más que de un sacacorchos. Constatar la complejidad del aparato verificaría la complejidad de su uso y, lo que es peor, me obligaría a leer todo el manual para acceder a usarlo.
Decidí interrumpir la fatigosa lectura y abordar la mecánica del utensilio recurriendo a mi sentido común. ¡Tuve éxito! Hasta el día de hoy, el sesudo y plurilingüistico manual de instrucciones descansa pacientemente sobre mi escritorio a la espera del lector que él merece y que, definitivamente, no soy yo.
Si sabéis cuál es la conducta a seguir, actuad; no espereis las instrucciones. Sun Tzu, El libro de la guerra.
Claudia Noceda es médica y psicóloga y autora de Antiestrategias, tácticas para el buen vivir, del que se publica un fragmento.

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