El reciclador de zapatillas

Que 20 de los periodistas más influyentes en el mundo de street-wear vistan ropas de camuflaje y enarbolen escopetas en la campiña inglesa no parece muy ortodoxo. Que se vean obligados a firmar un documento donde dicen a quién desean que se comunique una posible lesión, en caso de que se produzca, tampoco. Todo es obra de Alex Nash (1978, Londres) conocido en los circuitos más subterráneos de la moda como Doctor Nashenstein y considerado el customizador de zapatillas más popular del mundo y, sin duda, el más peculiar.
Nash se considera un producto de la vieja escuela británica. No duda en lucir gorras clásicas de tweed y trajes de vocación vintage desde que empezó, en 2004. “Me gusta pensar que rindo homenaje a esa generación de ingleses, especialmente cazadores, que fueron capaces de crear un look muy particular con pocos elementos. No es que me guste que maten animales ni nada de eso, hablo del aspecto visual, de una manera de vestir que se está perdiendo en mi país”, afirma Nash, sentado en un sillón con reminiscencias de trono en el lujoso Nutfield Priory, antigua mansión victoriana situada en el condado de Surrey convertida en palacete para clientes a los que les gusta el campo.
El británico llevó hasta allí a la prensa para presentar su primera zapatilla producida de forma masiva con la legendaria marca californiana DCShoes. “Creo que hubiera sido difícil trabajar con otra compañía, ya que yo no estaba dispuesto a sacrificar el concepto que perseguía en nombre de la comercialidad. DC entendió muy bien eso y pude construir lo que quería: una zapatilla con materiales clásicos que homenajea claramente la tradición de caza y pesca que ha tenido mi país durante siglos.”
Hasta ahora, Nash era conocido por sus piezas únicas. Como customizador de tercera generación (otro referente sería el Doctor Romanelli), se caracterizaba por intentar unir modelos imposibles sobre la base de bisturí y máquina de coser. “Me gustaba la idea de buscar la silueta perfecta mezclando conceptos a priori imposibles. Eso me llevaba a destruir botas japonesas Visvim de 500 euros para quitarles la parte superior y añadirles la suela de unas Nike 360. Decían que estaba loco y probablemente tenían razón”, se ríe.
Las piezas en cuestión han sido expuestas en medio mundo y se consideran el primer ejemplo de un cambio radical en la customización, que en el pasado caracterizaba la obra de artistas como Sabotage o Methamphibian.
Nash sonríe y explica lo de las escopetas: “Bueno, las presentaciones son cada vez más aburridas, así que pensé que si les daba a los muchachos unas escopetas y los metía en un buen bosque sería más entretenido. Y que alguien sienta por un rato el concepto que traté de transmitir con mi zapatilla y que no tiene nada que ver con las ciudades, con la moda o con lo que se ve ahora en el mundo del street-wear”.
Lo de Nash, que quede claro, es otra cosa.

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