Informe Dipló
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INFORME DIPLÓ I
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Prevaricación y mesianismo militares
GUINEA, DE UN GOLPE A OTRO
El pasado 28 de septiembre más de doscientos manifestantes fueron asesinados por el ejército en Conakry. Guinea, que tuvo sólo dos presidentes en cincuenta años, es dirigida desde hace diez meses por una junta que prometió traspasar el poder a los civiles antes de 2010. Pero, las ambiciones de su jefe, Dadis Camara, preocupan a la población.
por Gilles Nivet
Periodista, autor del documental Cona’cris, la révolution orpheline (2008), www.10francs.fr
Traducción: Carlos Alberto Zito
“No tenemos la intención de eternizarnos en el poder. Debemos organizar una elección libre y transparente, tan digna que honre a Guinea y al ejército guineano”. Dos días después del golpe de Estado del 23 de diciembre de 2008 que lo llevó al poder en Conakry, el capitán Moussa Dadis Camara tranquilizaba con estas palabras a sus compatriotas y a la “comunidad internacional”. Diez meses más tarde, la verdadera cara del golpe quedaba al descubierto. El 28 de septiembre de 2009, más de doscientos manifestantes pacíficos fueron masacrados por los militares en el estadio de Conakry. Al día siguiente, el propio capitán Camara, abriéndose paso a bocinazos en medio de simpatizantes eufóricos, gritaba ante las cámaras del canal de televisión francés TF1, hablando de sí mismo en tercera persona: “¡Es el fenomenal patriota Dadis. Es un mito. Es el poder del pueblo. Ni siquiera el capitán Dadis comprende ese fenómeno. Es una divinidad natural!”.
El jefe de la junta se mostró exultante porque saboreaba el triunfo de un plan urdido mucho antes de la muerte de su antecesor, el general-presidente Lansana Conté, el 22 de diciembre de 2008. Éste, a su vez, había tomado el poder en 1984 mediante un golpe de Estado tras la muerte del dictador Ahmed Sékou Touré. Francia, Estados Unidos y la mayoría de los países africanos habían recibido con alivio la desaparición del sangriento fundador de Guinea (1). Al contar con la aprobación de estos países, y verse absuelto de forma anticipada a pesar de su declarado desprecio por los derechos humanos, el general Conté transformó, en tan sólo un cuarto de siglo, “la perla de África” en un lupanar para multinacionales (2).
A pesar de los ingresos provenientes de sus recursos minerales –fundamentalmente bauxita, pero también oro, diamantes y hierro–, Guinea sigue siendo un país pobre, ubicado en el puesto 170 de la escala de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre un total de 182. Tras las esperanzas generadas por la muerte de Sékou Touré, el desarrollo económico sólo benefició a una cantidad muy limitada de sectores –los enclaves mineros en particular– y a una minoría que gravita en torno al poder y se enriquece metiendo mano en las cajas del Estado.
El capitán Camara se preparó meticulosamente para apoderarse de las riendas del país en 2008. No es, como lo describían los medios, el soldado modesto y anónimo que tomó por sorpresa a todos los actores políticos locales, cancillerías e instituciones internacionales. El 22 de enero de 2007, al defender el depósito de armas del cuartel Alpha Yaya Diallo, Camara impidió que elementos de la tropa se sumaran a la marea de manifestantes que invadían las grandes arterias de Conakry y amenazaban con derribar al régimen. Así conservó el control del calendario.
En los meses previos a la muerte del presidente Conté, ya circulaba el nombre de Camara, por entonces Director General de Hidrocarburos del Ejército –un cargo muy redituable–. Sus maniobras para unir las facciones del ejército con el fin de conservar los privilegios de la oligarquía militar tras la muerte inminente del general-presidente, constituían el centro de las conversaciones. El ejército, pilar del régimen desde hace décadas, es una institución mimada. El poder político siempre cerró los ojos ante sus numerosas extorsiones de fondos. En las sombras, el capitán Camara orquestó motines militares con motivaciones corporativas (como el aumento de salarios) que aterrorizaron a la población y provocaron decenas de víctimas civiles en 2007 y 2008. La última rebelión le permitió deshacerse de militares de alto grado que estorbaban sus planes.
Mientras tanto, los clanes familiares del viejo general agonizante –gravemente enfermo desde 2002 (3)–, temiendo el fin de sus privilegios, se enfrentaban entre sí públicamente en una atmósfera irreal. Los medios estatales anunciaban, prácticamente todos los días, decretos y contradecretos con nominaciones a altos cargos; junto a la cama del Presidente moribundo se firmaban precipitadamente contratos que comprometían el futuro del país.
El 23 de diciembre de 2008, después de su golpe de Estado, el capitán Camara, envuelto en la bandera nacional, y ovacionado por la multitud, recorrió Conakry al frente de su ejército como un emperador romano al regreso de una campaña… Esa imagen de entusiasmo difundida por todos los medios puede resultar sorprendente. ¿Acaso habían sido perdonadas las exacciones cometidas por el ejército en 2007? ¿Había sido olvidado el motín de febrero de 1996, que acabó en enfrentamientos mortíferos, con artillería pesada, en plena capital? De ninguna manera.
La población sólo se sentía aliviada porque el cambio de régimen se había producido sin un solo disparo. Angustiada desde hacía años, y viviendo al ritmo de los rumores de muerte del presidente Conté, ésta temía un enfrentamiento entre facciones militares rivales que sobrepasara los límites de los dos cuarteles (Samory Touré y Alpha Yaya Diallo) situados en plena ciudad. La población también temía que la casta prevaricadora lograse perpetuarse en el poder, que ocupaba desde hacía décadas, por medio de una transición clásica.
La juventud del jefe de la junta (44 años), un simple capitán con aires de pop star y un discurso altisonante, sedujo a la población; más aun cuando el nuevo hombre fuerte desatornilló de sus cargos a los caciques del régimen. Sus declaraciones incendiarias, muy mediatizadas, afirmaban su voluntad inquebrantable de erradicar la injusticia y combatir a los ricos responsables de la sangría que sufría el país a causa de la corrupción y el tráfico de drogas. ¿Se asistía a la aparición de un nuevo Jerry Rawlings (4)? Algunos se permitían soñar y veían en él la reencarnación de Thomas Sankara (5). El despertar fue tan rápido como brutal.
“Proceso de cambio”
El primer acto de la junta consistió en suspender la vigencia de la Constitución y de las instituciones republicanas. El presidente de la Asamblea Nacional, Aboubacar Somparé, esperó en vano durante toda la jornada del 24 de diciembre de 2008 que fueran a buscarlo para cubrir el interinato del jefe de Estado fallecido, tal como lo indica la Constitución. Mouctar Diallo, fundador de las Nuevas Fuerzas Democráticas, el más joven y el más radical de los dirigentes opositores, fue el único en denunciar el atropello a la legalidad: “Más vale una institución débil que la fuerza en el poder”.
Como consecuencia inmediata de esa situación de excepción, la transición democrática preparada desde 2007 se interrumpió de hecho. Las elecciones legislativas, financiadas por la Unión Europea con 8 millones de euros, ya habían sido postergadas tres veces. A pesar de lo que estaba en juego en ese escrutinio –liberarse del agonizante presidente Conté haciendo que una nueva Asamblea Nacional declare su ineptitud médica para gobernar– la oposición y la “sociedad civil”, debilitadas por sus divergencias, no se movilizaron para exigir que la administración, sospechada de sabotaje, organice las elecciones previstas.
Luego de denunciar, para mantener las formas, la ilegalidad del golpe militar, todo el gobierno se puso a la “entera disposición” del “Señor Presidente”, agradeciéndole “su prudencia”. Más sorprendente aun, los líderes históricos de la movilización social, que a comienzos de 2007 habían logrado hacer tambalear el régimen de Conté, también participaron de la amnesia colectiva respecto de los excesos del ejército guineano, y le dieron al Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo (CNDD) –dirigido por el capitán Camara– “el crédito de la sinceridad, de la determinación y el beneficio de la duda” (6). Los sindicatos, posiblemente seducidos por la voluntad declarada del nuevo jefe de Estado de “limpiar el país”, “se alegran y felicitan al ejército guineano (…) por su adhesión al proceso de cambio” (7). Por su parte, la oposición política se declaró aliviada por el reconocimiento que le dispensó el jefe de la junta (“Me quito la boina ante ustedes”) y por su promesa de cargos en el gobierno.
Estados Unidos condenó el golpe de entrada, mientras que la Unión Europea y Francia “tomaron nota” –comprobando el cuasi-consenso nacional que recibió a la junta– y manifestaron una sola exigencia: el retorno, lo antes posible, al orden constitucional. El 4 de enero de 2009 Alain Joyandet, secretario de Estado para la Cooperación de Francia, fue el primer diplomático occidental en viajar a Conakry. Se manifestó, en nombre del presidente Nicolas Sarkozy, muy preocupado por la situación; sobre todo porque el empresario francés Vincent Bolloré no había obtenido el negocio de la modernización del puerto autónomo de Conakry (8), un proyecto que el jefe del CNDD declaró enseguida como prioritario.
La junta y las “fuerzas vivas” (partidos, sindicatos y asociaciones), se pusieron rápidamente de acuerdo sobre una transición, que debería culminar con elecciones legislativas y presidenciales “libres, creíbles y transparentes” a fines de 2009. El CNDD se comprometió a no presentar candidato. “La suerte de los golpistas –recordó el semanario Jeune Afrique– consistió en que su golpe fue anticipado. Ya en 2003, Ahmedou Ould Abdallah, el representante especial de las Naciones Unidas en África Occidental, recomendó un golpe de Estado militar seguido de una transición civil para poder ir a elecciones libres. Entre los diplomáticos de las Naciones Unidas, eso se llama ‘el libreto de la ruptura para empezar de cero’” (9).
Pero el estado de gracia no duró. Los shows del capitán Camara, retransmitidos casi todas las noches por la televisión estatal, divirtieron un tiempo a los espectadores pero luego les fueron revelando su temperamento impulsivo, colérico y violento. Y también sus mentiras: el nuevo hombre fuerte había prometido combatir el etnocentrismo pero no paró de designar altos responsables provenientes de las etnias de la selva, de la que él mismo proviene; los nombró al frente de ministerios, de empresas privadas y, por supuesto, del ejército. Todos los cargos de gobernadores y de prefectos quedaron en manos de militares, ¡que fueron designados incluso en la dirección de sociedades auríferas!
Eje del comercio de drogas
Camara había prometido seguridad, pero en los hechos bandas armadas, a menudo vestidas de militares, atacan a cualquiera, tanto de día como de noche, sin ser molestadas. Las auditorías que debían desenmascarar a los corruptores y a los corruptos se usan para extorsionar y para saldar cuentas políticas. Y el dinero recuperado va directamente a las cajas del CNDD, y al campo militar Alpha Yaya Diallo. Por su parte, los sectores más rentables pasaron a depender directamente de la Presidencia: el Ministerio de Minas, la Aduana, los impuestos, el puerto autónomo, la caja de seguridad social… Los contratos se negocian sistemáticamente de manera personal, y sin ninguna transparencia; coimas mediante, se concreta la firma de los contratos comprometidos bajo la presidencia de Conté, al tiempo que se denuncian los acuerdos antiguos con el fin de renegociarlos a cambio de importantes comisiones por debajo de la mesa.
Incluso la guerra declarada a los narcotraficantes se convirtió en una operación de comunicación dirigida a la “comunidad internacional” con resultados decepcionantes. Tras nueve meses, el comandante Moussa Tiegboro, que dirige una brigada de seiscientos gendarmes “especialmente formados”, reivindicó orgullosamente la incautación de 22 kilos de cocaína cortada, y una tonelada y media de cáñamo indio… cuando Guinea es considerada un importante centro de distribución de drogas en África Occidental, donde la cocaína circula por toneladas. La lucha contra los “narcos” sirvió sobre todo de pretexto para purgar al ejército y la policía de decenas de cuadros molestos a los ojos de Camara. Estos últimos se encuentran incomunicados, y sufren torturas y condiciones de detención inhumanas.
Durante los diez meses en que dirigió Guinea, el CNDD asentó y luego consolidó el poder de sus miembros. El sistema Conté se perpetuó. Los actores más jóvenes interpretaron los primeros papeles, pero el libreto siguió siendo el mismo; hasta la masacre del 28 de septiembre pasado. De este modo, el proceso de democratización avanza hacia atrás: en enero de 2009 debía nacer un Comité nacional para la transición formado por el CNDD y “las fuerzas vivas”. Fue creado por decreto presidencial a fines de julio de este año, pero aún no está funcionando. Las sumas necesarias para la organización de las elecciones recién se hicieron efectivas en agosto y, por supuesto, ya era demasiado tarde para organizar los comicios previstos para fin de año. Serán entonces a fines de enero de 2010. Pero el jefe de la junta sacó a relucir su comodín: había prometido, jurado sobre “la Biblia y el Corán” ante el mundo que no se presentaría en las elecciones de fines de 2009. Nada le impide presentarse a las de 2010 con el apoyo del ejército y de los medios del Estado … “¡si el pueblo [se] lo pide!”.
1 Las esperanzas suscitadas por Sekou Touré al producirse la independencia, fueron barridas por el establecimiento de una dictadura simbolizada por el campo Boiro, donde miles de guineanos hallaron la muerte.
2 Julien Brygo, “Les Russes et le petit bijou de la Guinée”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 2009.
3 Odile Goerg, “Fin de règne sans fin en Guinée”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2006.
4 Jerry Rawlings, que encabezó un golpe de Estado en 1981, instauró el multipartidismo en Ghana.
5 Presidente de Burkina Faso de 1983 a 1987, Thomas Sankara fue un dirigente panafricanista popular. Fue asesinado el 15 de octubre de 1987 durante un golpe de Estado perpetrado por Blaise Compaoré, actual jefe de Estado.
6 www.africaguinee.com, 6-1-09.
7 www.infosud.org, 13-1-09.
8 Véase Thomas Deltombe, “Les guerres africaines de Vincent Bolloré”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2009.
9 Jeune Afrique, París, 11-1-09.
G.N.
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INFORME DIPLÓ II
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De las palabras que practican la lucha
KATEB YACINE, EL ETERNO PERTURBADOR
El escritor argelino Kateb Yacine, fallecido hace ya veinte años, sigue teniendo cierta popularidad en su país de origen, donde se le acaba de dedicar un coloquio internacional. Símbolo de la revuelta contra todas las formas de injusticia, este poeta permanece como el emblema de una conciencia insumisa, determinada a soñar, pensar y actuar de pie.
por Marina Da Silva
Periodista.
Traducción: Mariana Saúl
“El verdadero poeta, incluso en una corriente progresista, debe manifestar sus desacuerdos. Si no se expresa plenamente, se ahoga: ésa es su función. Él hace su revolución en el interior de la revolución política; es, en el seno mismo de la perturbación, ese eterno perturbador. Su drama reside en ser puesto al servicio de una lucha revolucionaria, a él, que no puede ni debe transar con las apariencias fugaces. El poeta es la revolución en estado puro, el movimiento mismo de la vida en una incesante explosión” (1).
Kateb Yacine, novelista y dramaturgo visionario, considerado el fundador de la literatura argelina moderna por su novela Nedjma (Estrella), era ante todo un poeta rebelde. Veinte años después de su desaparición, ocupa en Argelia “el lugar del mito; como en todas las sociedades, no necesariamente se conoce su obra, pero él está inscripto en las idiosincrasias y en el discurso social” (2), y permanece como una de las figuras a la vez más importantes y reveladoras de la historia franco-argelina.
Kateb –palabra que significa “escritor” en árabe– nació en una familia culta perteneciente a la tribu de los Keblut, de la tierra del Nador (en el Este argelino). El 8 de mayo de 1945, cuando aún no había cumplido los 16 años, participó en los levantamientos populares por la independencia de Constantina. Luego de una represión, que provocó cerca de 45.000 muertes, fue detenido en Sétif y encarcelado durante tres meses. Su madre, por quien él sentía un profundo apego –la que lo había iniciado en la tradición oral y en la poesía– se hundió en la locura. Esa fecha, el 8 de mayo, marcó para siempre la existencia, el compromiso y la escritura de Kateb.
En septiembre de ese mismo año, en Annaba, el joven se enamoró perdidamente de una de sus primas, Zoulheikha. Ella inspiraría Nedjma, una obra fundacional escrita en francés, que sacudiría por completo la escritura magrebí. Se trata de una historia metafórica en la que cuatro jóvenes –Rachid, Lakhdar, Mourad y Mustapha– gravitan en torno a Nedjma, en busca de un amor imposible y una reconciliación con su tierra natal y los ancestros. La muchacha, bella e inaccesible, simboliza también la Argelia que resiste sin cesar a sus invasores, desde los romanos hasta los franceses. En el centro de la obra –pluridimensional y polifónica– se halla la cuestión de la identidad, tanto de los personajes como la de una nación.
Nedjma se convertiría en una referencia permanente en la obra de Kateb, amplificada en particular en El polígono estrellado, pero también en su teatro (El círculo de las represalias) y su poesía. Para Moa Abaid, un actor que lo admiraba, Kateb era “un director genial, cercano a la realidad, que trabajó verdaderamente en la construcción del personaje para hablar en público sin camuflaje ni maquillaje. Su utilización de la metáfora y la alegoría no es un rodeo, dado que siempre dijo en voz alta lo que pensaba, sino que proviene del patrimonio cultural árabe-musulmán”.
La vida misma de Kateb fue tan libre y libertaria, tan indolente y provocadora, tan indescifrable y deslumbrante como su obra. Militó con toda su alma por la independencia, primero en el Partido Popular Argelino y luego en el Partido Comunista. Se comprometió ante todo con “los condenados de la tierra”, cuyos combates hacía oír afanosamente: “Para llegar al horizonte del mundo se debe hablar de Palestina y recordar Vietnam, pasando por el Magreb”.
Un “poder explosivo”
Exiliado en 1951, vivió en una extrema precariedad hasta el final de la guerra de la independencia (1954-1962), sobre todo en Francia, acosado por la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST, por sus siglas en francés) y sin dejar de viajar. Yacine volvió a Argelia tras el levantamiento terrible y eufórico de 1962, pero enseguida se desilusionó. Allí se sentía “un marciano”, y emprendió un segundo período de viajes –Moscú, Hanoi, Damasco, Nueva York, El Cairo–. “En realidad, nunca creí que la independencia fuera el fin de las dificultades; sabía bien que iba a ser muy difícil.”
Cuando decidió instalarse más permanentemente en Argelia en 1970, abandonó la escritura en francés y se lanzó a una experiencia teatral en lengua dialectal, cuyo tono está marcado por Mohamed toma tu maleta, una obra de culto. Fundador de la Acción Cultural de los Trabajadores (ACT), montó sus obras en los sitios más apartados e improbables: fábricas, cuarteles, hangares, estadios, plazas públicas… con medios muy simples y minimalistas –los actores se visten en escena e interpretan muchos personajes–, empleando el canto y la música como elementos de ritmo y respiración.
“Cuando escribía novelas o poesía me sentía frustrado porque no podía llegar a más de unas pocas decenas de miles de francófonos, mientras que en el teatro hemos llegado en cinco años a casi un millón de espectadores. (…) Estoy en contra de la idea de llegar a Argelia mediante el árabe clásico, porque ésa ya no es la lengua del pueblo; quiero poder dirigirme al pueblo entero, aun cuando se trate de iletrados; quiero tener acceso al gran público, no sólo a los jóvenes, y el gran público incluye a los analfabetos. Hay que hacer una verdadera revolución cultural” (3).
El compromiso político de Kateb determinó fundamentalmente sus elecciones estéticas: “Nuestro teatro es un teatro de combate; en la lucha de clases no se eligen las armas. El teatro es nuestra arma. No puede ser discurso; representamos ante el pueblo lo que el pueblo ha vivido, mezclamos mil experiencias en una sola, lo llevamos más lejos y eso es todo. Somos aprendices de la vida” (4). Para él, sólo la poesía puede dar cuenta de ello, porque es el centro de todas las cosas; la juzga “verdaderamente esencial en la expresión del hombre”. La poesía, con sus imágenes y sus símbolos, abre otra dimensión. “No es ya la abstracción desesperante de una poesía replegada sobre sí misma, reducida a la impotencia, sino todo lo contrario (…). En cualquier caso, confío en [su] poder explosivo, tanto como en los medios conscientes del teatro, del lenguaje controlado, bien manejado” (5).
Un “poder explosivo” que él utilizó en El cadáver cercado, obra cuyo relato gira en torno a la jornada mortal del 8 de mayo de 1945, con el saqueo de tres ciudades del Este argelino –Guelma, Jerrata y Sétif– por parte de las fuerzas coloniales, y que constituye el vínculo entre la historia individual y la historia colectiva.
Yacine atravesó el proceso de la colonización y el neocolonialismo, pero también el de la dictadura post-independencia que no dejó de expoliar al pueblo. Luchaba en todos los frentes, denunciando con violencia el fanatismo árabe-islamista, y decía que había que “revolucionar la revolución”.
Aunque consideraba el francés como un “botín de guerra”, también se levantó contra la política de arabización y reivindicó el árabe dialectal y el tamazight (berebere) como lenguas nacionales. Kateb apodaba a los islámicos conservadores “Hermanos monumentos”, y llamaba a la emancipación de las mujeres, que según él eran actrices y portadoras de la historia: “Siempre me impactó la cuestión de las mujeres argelinas en la historia. Desde mi más tierna infancia me ha parecido primordial. Todo lo que he vivido, todo lo que he hecho hasta el presente tuvo a mi madre por fuente primera (…). Cuando se trata sobre todo de la lengua, cuando se trata del despertar de una conciencia, es la madre la que hace pronunciar las primeras palabras al niño, es ella quien construye su mundo” (6).
La amplitud y la radicalidad de su crítica le valieron tantas pasiones como enemistades. Kateb Yacine, que hoy en día es objeto de todas las apropiaciones –para bien y para mal–, sigue siendo el “eterno perturbador” y, como Nedjma, la Estrella inaccesible, o al menos irreducible.
1 Entrevista con Jean-Marie Serreau, en Le Poète comme un boxeur, Seuil, París, 1994.
2 Benamar Mediene, profesor de la Universidad y autor de Kateb Yacine, le cœur entre les dents, prólogo de Gilles Perrault y Robert Laffont, París, 2006.
3 Entrevista con Abdelkader Djeghloul, Actualité de l’inmigration, Nº 72, París, enero de 1987.
4 Colette Godard, “Le théâtre algérien de Kateb Yacine”, Le Monde, París, 11-9-1975.
5 Kateb Yacine, “Pourquoi j’ai écrit Le Cadavre encerclé”, France-Observateur, París, 1958.
6 Entrevista con El Hassar Benali, en Parce que c’est une femme, Editions des Femmes -Antoinette Fouque, París, 2004.
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