Palabras
Un día Lucas encontró un globo y como estaba aburrido empezó a soplar. El globo se fue inflando y Lucas siguió soplando sin darse cuenta de que sus pies se despegaban del piso y comenzaba a volar. Su mamá, que estaba haciendo las camas, lo vio por la ventana y salió corriendo con una almohada bajo el brazo. Quiso bajarlo, pero sólo pudo aferrar la zapatilla de Lucas que seguía volando y se la llevó por el aire.
Una vecina que revolvía la sopa los vio por la ventana y salió con el cucharón en la mano. Quiso bajarlos, pero sólo alcanzó a abrazar la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo que seguía soplando y se las llevó a las dos por el aire.
El cartero que traía una carta quiso bajarlos, pero sólo alcanzó a colgarse del cucharón de la vecina abrazada a la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo que seguía soplando y se los llevó a los tres por el aire.
La maestra quiso bajarlos, pero sólo pudo sostenerse de la manija del bolso del cartero colgado del cucharón de la vecina abrazada a la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo que seguía soplando y se los llevó a los cuatro por el aire.
El panadero quiso bajarlos, pero sólo se enganchó del bolsillo de la maestra sostenida del bolso del cartero colgado del cucharón de la vecina abrazada a la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo que seguía soplando y se los llevó a los cinco por el aire.
El barrendero quiso bajarlos, pero sólo mordió un pan del panadero enganchado del bolsillo de la maestra sostenida del bolso del cartero colgado del cucharón de la vecina abrazada a la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo que seguía soplando y se los llevó a los seis por el aire.
Un bombero quiso bajarlos, pero sólo anudó la manguera al escobillón del barrendero que mordía el pan del panadero enganchado en el bolsillo de la maestra sostenida del bolso del cartero colgado del cucharón de la vecina abrazada a la almohada de la mamá de Lucas que aferraba la zapatilla de su hijo. Lucas seguía soplando y se los llevó a los siete por el aire.
El pueblo se había reunido en la plaza a ver lo que pasaba. El globo parecía un enorme cometa con una extraña cola. De pronto Lucas se cansó de soplar, miró hacia abajo y muerto de risa empezó a soltar el aire del globo. Todos comenzaron a dar volteretas por el cielo fffffiiiiuuuuu. Mientras el globo se desinflaba y se desinflaba hasta que por fin el bombero llegó al suelo y desanudó la manguera del escobillón del barrendero, que dejó de morder el pan del panadero, que se desenganchó del bolsillo de la maestra, que soltó la manija del bolso del cartero, que se descolgó del cucharón de la vecina, que dejó de abrazar la almohada de la mamá de Lucas, que no aferró la zapatilla de su hijo, que aterrizó con el globo flaquito en la mano. Todos volvieron a su trabajo contentos por haber regresado y Lucas guardó el globo en el bolsillo por si algún otro día estaba aburrido y tenía ganas de jugar.
Elía Domínguez y Sandro Angel Eduardo Martínez, alumnos de 7º grado de la Escuela Nº 1-494, Gendarme Argentino, de Malargüe, Mendoza, son los autores de Lucas y el globo. Uno de los cuentos incluidos en Dar la palabra II, tres países soñados por sus niños, libro que recoge los resultados del proyecto de la productora Rosstoc, para niños de 8 a 12 años de escuelas públicas de la Argentina, Chile y Uruguay, y que será vendido a beneficio de Unicef.

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