Interlink Headline News Nº 5312 del Domingo 16 de Agosto de 2009
EDITORIAL ALEJANDRO PISCITELLI EL LONELY PLANET DE LAS CIBERCULTURAS. Editorialista invitado Hugo Pardo. Post original Primera Parte de Dos
Llego unos meses tarde, pero no muy tarde (se presentó el 8 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires) como para abandonar mi original idea de reseñar el último trabajo de Alejandro Piscitelli, Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación (2009. Santillana). Intentaré complementarla con el análisis que hizo Carlos Scolari en mayo pasado en digitalismo y en su Hipermediaciones. Pueden seguir las repercusiones del libro en el blog que Alejandro construyó a tal efecto.
La Lonely Planet es mi guía turística favorita. Hace foco en lugares diferentes, se sale del circuito tradicional e investiga en base a lo que hacen y reinventan los nativos de cada ciudad. Este mismo trabajo hace Alejandro y por eso el título de este post. Tanto para Carlos como para mi, Alejandro es nuestro digitalista honorario y siempre estamos atentos a lo que escribe y hace. Piscitelli te obliga a pensar en forma hipertextual en cada uno de sus trabajos. Te lleva casi compulsivamente a Amazon y a Google para revisar sus lecturas. Te invita a bajar artículos y pdfs en la red. Esta lectura proactiva que propone es lo más valioso de su trabajo, porque contribuye a elaborar pistas precisas hacia donde tenemos que caminar quienes trabajamos con las ciberculturas. En su último trabajo, Piscitelli trabaja en bloques temáticos y en todos hace un zoom profundo acompañado de lecturas referenciales. Sus notas a pie de página son tan valiosas como su guión principal y como bien él señala: “Vivir en un mundo de transformaciones significa que quien no avanza, retrocede”. Y eso es lo que hace todo el tiempo Piscitelli, caminar un paso adelante para analizar nuestro ecosistema digital, y con él, avanzamos los lectores. Alejandro cultiva la filosofía del aprendizaje toda la vida, reivindica la inseguridad signo de los tiempos, “una etapa“post-casual que conduce a la indeterminación y a la contingencia radical y a la inseguridad crónica” y alienta la sociedad del riesgo “no son formas tecnológicas que podrían – y deberían- curarse, sino una consecuencia inevitable de la aceleración de la modernidad.”
El libro analiza a los nativos digitales como una nueva clase cognitiva y redefine las categorías del ecosistema, aportando profundidad en la integración de los colonos digitales, los excluidos, y quienes por su situación socioeconómica ni siquiera pueden ser categorizados. Destacaré sólo algunos ejes que son de mi mayor interés:
Los intereses adultocéntricos en la educación formal.
Piscitelli se pregunta ¿Por qué se da ese choque de expectativas entre lo que los profesores esperamos y lo que realmente sucede con el rendimiento de los alumnos? Y responde: “El error es que los alumnos se ven a ellos mismos como receptores de nuestro conocimiento. Pero quien trabaja más intensamente, tiene mayor actividad cognitiva y se forma mejor cuando el profesor expone es el propio profesor. “
Hipercrítico con las viejas metodologías educativas, Piscitelli concentra mucha de su atención en los nuevos formatos basados en Internet y hasta se anima a cuestionar al libro como vehículo central del aprendizaje. “Los docentes dejarán de ser grandes contadores de historias para ser mediadores, posibilitadores. Docentes polialfabetizados (…) la escuela del futuro es impensable sin un desarrollo sistémico de las competencias digitales. (…) La educación necesita prosumers. Docentes expertos en inteligencia emocional y en persuasión.” Para clarificar su argumento, Piscitelli menciona las competencias transmediáticas (Jenkins) que un docente debería poseer: juego, performance, simulación, apropiación, mutitasking, cognición distribuida, inteligencia colectiva, juicio, navegación transmedial, networking, negociación.
El autor no sólo hace foco en cuestionar los formatos, sino también los contenidos. “Estamos enseñando teorías y conceptos que no son significativos para una época que ya fue, y con modalidades anacrónicas, que cada vez interesan menos a los jóvenes. (…) nos escandalizamos cuando nos hacemos eco de sus practicas mediáticas, de su exhibicionismo impúdico, de su mentalidad gregaria y de su escala de valores tan poco compatible con la tradicional.” No conforme con esa profunda crítica, hace un planteo provocativo que no comparto. “La publicidad entiende mucho mejor al receptor que la educación, lo logra seducir, provocarle deseo de comprar algo, aunque sea totalmente irrelevante. Sin embargo la educación –un producto relevante para toda la sociedad- no logra provocar el deseo de los consumidores.”
Haré matices al respecto de su lectura del presente de la educación formal.
1. No creo que sea la publicidad (otra “institución en crisis”) la que seduzca a los consumidores, sino algo más complejo vinculado a la propia dinámica de consumo de los usuarios, o lo que Tuomi llama “la innovación usuario-céntrica”. El tema es complejo, pero descreo cada vez más del rol de la publicidad en la construcción del imaginario de consumo de los usuarios. Por otra parte, es imprescindible señalar desde donde se habla y a cuales universidades y entornos educativos nos referimos. Seguramente Piscitelli escribe pensando en Argentina y Latinoamérica y no le falta razón. Pero mi experiencia europea en España y la americana en Stanford University me dice que existen instituciones educativas y/o profesores que logran un sentido de pertenencia de sus usuarios tan relevante que se convierten en marcas reconocidas. Y ese sentido de pertenencia es de por vida transmitido en el valor de “pertenecer” a dicha institución (algunas universidades latinoamericanas de élite podrían entrar en esa categoría como el TEC de Monterrey, por ejemplo). El problema lo tienen las “marcas blancas” de la educación, las instituciones que no han sabido o podido construir prestigio a su alrededor y que se convirtieron irremediablemente en un costoso parking de jóvenes antes de ingresar al mercado laboral y en un aún más costoso espacio de profesores sin voluntad de crecer profesionalmente, sin redes internacionales y muy cómodos en su rol funcionarial, sin exigencias meritocráticas ni competencia real, cómodos en la cultura endogámica que les ofrece el sistema (pienso en España donde la tasa de endogamia es altísima).
Piscitelli afirma que “la educación debe convertirse en industria del deseo si quiere ser industria del conocimiento”. Considera que las TICs no servirán para recuperar el interés del alumnado y hace énfasis en las limitaciones docentes para adaptarse a los nuevos tiempos cognitivos. Me pregunto: ¿Cuál es la responsabilidad de los alumnos en todo este proceso? Cuál es su voluntad de pasar de sujeto pasivo a activo de su propia educación? Ojo! Yo no endiosaría tanto a la generación Einstein, ni a los jóvenes universitarios. Hablo desde mi propia experiencia docente. Dispersión, falta de compromiso y de ética del esfuerzo, escasa serendipia y curiosidad, etc, también son variables que equilibran la balanza negativa y ubican al problema educativo como una crisis general en la que toda la sociedad tiene responsabilidad. Si bien es correcto a nivel etario, a nivel de la praxis no es cierto que todos los adultos sean migrantes digitales y todos los jóvenes nativos digitales. Muchos “nativos digitales” no están siquiera tan digitalizados como deberían. Para muchos de ellos, Facebook es su única killer app.
Me parece muy clarificadora y adecuada la diferenciación que hace entre la dimensión cognitiva ( la única que se evalúa) y la emocional. “Explicar contenidos debería ser sólo una de las reglas del juego educativo. Pero actualmente canibalizó al resto.” Una de las razones que explican porque algunas universidades de élite son tan eficientes y productivas en su formato educativo es la experiencia emocional de “pertenecer” y “sentirse integrado”, más allá de lo que ofrecen sus cursos (de hecho muchos de esos cursos son ofrecidos gratuitamente en ItunesU). Otra variable que, en su rol de guardería, las universidades marcas blancas no pueden desarrollar eficientemente.
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Ya ya terminó el congreso. Ultima cena del grupo y depsues visita a la ciudad amurallada, mañana a esta hora embacando para Buenos Aires. Bye AP.

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